Friday 23 January 2026
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eldiario - 13 days ago

Conocer a Gaudí en el centenario de su muerte: la etapa orientalista de Gaudí

Una serie para recorrer, paso a paso, las distintas etapas de la trayectoria del arquitecto catalánEste es el motivo histórico real por el que a Barcelona se la conoce como la ciudad condal Con motivo del centenario de la muerte de Antoni Gaud , llega esta serie para recorrer, paso a paso, las distintas etapas de su trayectoria como arquitecto. M s all del mito y del souvenir, estas piezas buscan entender c mo evolucion su manera de pensar, de construir y de mirar el mundo, y c mo cada periodo de su vida dej una huella reconocible en su arquitectura y en la ciudad de Barcelona. La primera de esas etapas suele pasar desapercibida entre chimeneas imposibles y fachadas ondulantes, pero resulta clave para entender todo lo que vendr despu s. Es el Gaud joven, el que a n no ha roto con nada porque todav a est aprendiendo a hacerlo. El arquitecto que mira hacia Oriente real y simb lico para encontrar un lenguaje propio cuando el suyo a n no existe del todo. El orientalismo como campo de pruebas A comienzos de la d cada de 1880, Antoni Gaud empieza a desarrollar una arquitectura marcada por la fascinaci n por el Pr ximo y el Lejano Oriente, pero tambi n por el legado isl mico peninsular, especialmente el mud jar y el nazar . No se trata de un orientalismo acad mico ni purista, sino intuitivo, casi voraz. Gaud absorbe formas, t cnicas y decoraciones que le permiten alejarse del historicismo dominante y experimentar sin demasiadas ataduras. En estas obras aparecen ya elementos que se volver n recurrentes: el uso intensivo de la cer mica, los arcos de inspiraci n oriental, el ladrillo visto tratado como material expresivo y los remates en forma de templetes, c pulas o chimeneas que funcionan como coronaci n simb lica del edificio. Todo est a n por ordenar, pero nada es casual. Casa Vicens: el estallido del color window.marfeel.cmd.push([ multimedia , function(multimedia) { multimedia.initializeItem( yt-ziH1dAMooKI-2594 , youtube , ziH1dAMooKI , document.getElementById( yt-ziH1dAMooKI-2594 )); }]); La obra que mejor sintetiza esta etapa es la Casa Vicens, construida entre 1883 y 1885 como encargo del corredor de bolsa Manuel Vicens i Montaner. M s que una vivienda, es una declaraci n de intenciones. Gaud levanta una casa que no se parece a ninguna otra del entorno, con muros de mamposter a combinados con franjas de azulejo cer mico que reproducen flores propias de la zona y una composici n volum trica que rompe con la sobriedad burguesa del momento. El interior no se queda atr s. Techos de vigas de madera policromada, esgrafiados vegetales en las paredes, pinturas decorativas y suelos de mosaico romano construyen un universo casi total. Especial menci n merece el fumadero, una estancia de inspiraci n claramente isl mica, con un techo que evoca las mucarnas del Generalife de la Alhambra. Aqu Gaud no copia: interpreta, transforma y prueba hasta d nde puede llegar. El Capricho y los primeros encargos fuera de Barcelona Casi al mismo tiempo, Gaud recibe un encargo lejos de Catalu a: El Capricho, en Comillas (Cantabria). Concebido como residencia de veraneo, el edificio vuelve a apostar por un orientalismo expl cito, con una torre cil ndrica que recuerda a un alminar persa y una fachada revestida de cer mica que gira en torno a un motivo floral repetido hasta la obsesi n. La planta alargada, la importancia del sol en la distribuci n de los espacios y la presencia de fumaderos cubiertos con falsas b vedas de estuco de aire rabe confirman que Gaud est explorando una arquitectura sensorial, pensada para ser habitada de una manera distinta. No es a n el Gaud estructuralmente revolucionario, pero s el que empieza a pensar la casa como una experiencia. Los Pabellones G ell: mito, t cnica y simbolismo Entre 1884 y 1887, Gaud trabaja por primera vez para Eusebi G ell en los Pabellones G ell, un conjunto situado en la antigua finca del industrial en Pedralbes. Aqu el orientalismo se mezcla ya con una carga simb lica mucho m s clara. La famosa reja en forma de drag n que custodia la entrada al recinto remite directamente al mito de H rcules y al Jard n de las Hesp rides. Desde el punto de vista arquitect nico, los pabellones funcionan como un laboratorio. Aparecen b vedas catenarias, c pulas de perfil hiperboloidal y una experimentaci n con el ladrillo visto y la cer mica que anticipa soluciones futuras. Gaud no est construyendo grandes palacios, sino espacios funcionales caballerizas, porter a, picadero , pero los trata con una ambici n formal desproporcionada. Nada es secundario. Palacio G ell y el final de una etapa La culminaci n de este periodo llega con el Palau G ell, construido entre 1886 y 1888 en la calle Nou de la Rambla. Aunque el edificio ya apunta hacia una arquitectura m s personal y monumental, el interior conserva una clara herencia mud jar, visible en los artesonados de madera, el uso del hierro y la organizaci n simb lica del espacio central bajo una gran c pula. En el tejado, las chimeneas revestidas de cer mica y la aguja que remata el sal n principal funcionan como cierre visual y conceptual de esta etapa orientalista. Poco despu s, con motivo de la Exposici n Universal de 1888, Gaud construir el pabell n de la Compa a Trasatl ntica en estilo nazar , una obra ef mera que act a casi como despedida de este lenguaje. A partir de aqu , Gaud empezar a mirar menos hacia fuera y m s hacia dentro. El orientalismo habr cumplido su funci n: ofrecerle un terreno f rtil donde experimentar, equivocarse y aprender. El arquitecto que vendr despu s el de las formas org nicas, las estructuras imposibles y la devoci n absoluta ya est en gestaci n. Pero a n no ha dado el salto.


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