Thursday 2 December 2021
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abc - 1 month ago

Los humanos, a punto de no existir debido a una extinción perdida hace 34 millones de años

Un equipo de investigadores británicos y estadounidenses acaba de identificar un episodio de extinción masiva desconocido hasta ahora. Sucedió en África hace unos 34 millones de años, y afectó a la mayoría de los primates, el orden al que pertenecen los humanos, además de a varios otros grupos de mamíferos placentarios. En total, desaparecieron hasta el 63% de los mamíferos africanos de aquella época. La extinción, sin embargo, no se produjo de forma súbita, sino que tuvo lugar en cámara lenta a lo largo de varios millones de años, razón por la que hasta ahora había pasado inadvertida. Ahora, todos sus detalles acaban de publicarse en Nature Communications Biology . El evento marca la transición entre los períodos geológicos Eoceno (hace entre 55,8 y 33,9 millones de años) y Oligoceno (hace entre 33,9 y 23 millones de años), un lapso de tiempo marcado por un severo cambio climático durante el que la Tierra pasó de un calor tropical a un frío glacial. Los hielos se expandieron, el nivel del mar descendió, los bosques empezaron a transformarse en praderas y el dióxido de carbono (hoy uno de nuestros principales problemas) se volvió extremadamente escaso en la atmósfera. En ese momento, casi dos tercios de las especies conocidas en Europa y Asia dejaron de existir, pero se creía que en África, más cerca del Ecuador, la vida había logrado escapar de la extinción. Pero no fue así. Ahora, en efecto, y tras repasar concienzudamente la mayor parte de los fósiles de la época, los autores de este estudio han conseguido demostrar que a pesar de vivir en un entorno relativamente templado, los mamíferos africanos se vieron tan afectados como los asiáticos o los europeos. Cinco líneas evolutivas Usando cientos de fósiles que abarcan decenas de millones de años, desde mediados del Eoceno hasta el Oligoceno, los científicos lograron reconstruir líneas de tiempo evolutivas en árboles genealógicos de cinco grupos de mamíferos africanos, identificando cuándo se ramificaron los nuevos linajes y marcando el tiempo de la primera y última aparición conocida de cada especie. Los resultados muestran que los cinco grupos de mamíferos, entre ellos los primates, sufrieron enormes pérdidas alrededor del límite Eoceno-Oligoceno. Hace unos 34 millones de años, en efecto, una Tierra que se volvía cada vez más fría cortó ramas enteras de los árboles genealógicos de todas esas especies. Fue un auténtico botón de reinicio , afirma Dorien de Vries, de la Universidad de Salford y autor principal del artículo. La diversidad no disminuyó abruptamente, como suele ser el caso en los eventos de extinción masiva. Más bien, la extinción ocurrió lentamente, a lo largo de cuatro millones de años, hasta que el 63% de las especies de esos grupos de mamíferos desapareció definitivamente. La extinción tocó fondo hace unos 30 millones de años y la vida empezó a recuperarse unos dos millones de años después. Pero las especies que surgieron después de la crisis ya no son las mismas que había antes, según ha revelado el estudio de los dientes de esos animales. Los roedores y primates que reaparecieron tras el evento de extinción, en efecto, tenían dientes diferentes. Se trataba de especies nuevas, que comían cosas distintas y tenían hábitats diferentes. En este sentido -dice Matt Borths, de la Universidad de Duke y otro de los autores del estudio- la extinción es interesante. Mata cosas, pero también abre nuevas oportunidades ecológicas para los linajes que sobreviven en el nuevo mundo . La investigación, pues, confirma que el límite entre el Eoceno y el Oligoceno actuó como un cuello de botella evolutivo: la mayoría de los linajes se extinguieron, pero algunos sobrevivieron. Y durante los siguientes millones de años, estas líneas supervivientes se diversificaron. Los humanos, a punto de no existir Entre nuestros antepasados antropoides, la extinción no dejó prácticamente nada. Los investigadores, de hecho, sólo dispusieron de un único tipo de diente para su estudio. En palabras de Erik Seiffert, de la Universidad del Sur de California y otro de los firmantes del artículo, estuvimos muy cerca de no existir nunca, si nuestros ancestros parecidos a los monos se hubieran extinguido hace 30 millones de años. Afortunadamente, no lo hicieron . Los escasos primates y mamíferos supervivientes, además, tuvieron que vérselas al mismo tiempo con otro gran peligro. A medida que las temperaturas bajaban, África Oriental fue golpeada por una serie de eventos geológicos importantes, como súper erupciones volcánicas e inundaciones de basaltos, enormes coladas que cubrieron vastas extensiones con roca fundida y que afectaron profundamente a los ecosistemas. Fue ese el momento en que la Península Arábiga se separó de África Oriental, abriendo el Mar Rojo y el Golfo de Adén.


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