Monday 29 November 2021
Home      All news      Contact us      RSS      English
eldiario - 1 month ago

La derecha judicial abre una brecha en el Gobierno y en Unidas Podemos

“Estamos todos bailando al son que marca el Tribunal Supremo”, dice un diputado de Unidas Podemos, muy crítico con todo lo que está pasando. Y no le falta razón. Les recuerdo lo ocurrido, por si se perdieron algún capítulo previo. En una sentencia más que polémica, la Sala de lo Penal condenó al diputado Alberto Rodríguez a una pena de 45 días de cárcel por un delito de atentado contra los agentes de la autoridad. Le acusan, y lo dan como un hecho probado, de propinar una patada en la rodilla a un policía durante una manifestación en 2014. ¿Las pruebas? Poco más que el propio testimonio del policía.El tribunal dictó sentencia sin unanimidad. Los cinco magistrados ascendidos al Supremo por los vocales nombrados por el PP en el CGPJ respaldaron la condena –entre estos cinco jueces, hay incluso un exsenador del PP, Vicente Magro–. Los dos magistrados de la minoría progresista se opusieron, recordando en su voto particular algo tan obvio como la presunción de inocencia. Nada extraño para cualquiera que ya conozca el monopolio que ha logrado el PP en el Tribunal Supremo –si quieren más detalles, les recomiendo este informe al respecto–. La sentencia contra Rodríguez fue mínima: 45 días de cárcel “con la accesoria de inhabilitación especial para el derecho de sufragio pasivo”. Una pena sustituible por una multa de 540 euros, que el condenado ya ha pagado. El Supremo podría haber condenado a Rodríguez a la pena de inhabilitación para cargo público, cosa que no hizo. Y a partir de ese punto llegó un debate jurídico que se ha resuelto, por el momento, con la pérdida del escaño para el sentenciado, después de que los letrados del Supremo respaldaran que no era necesario, después de que la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, pidiera aclaraciones de la Sala Segunda, Manuel Marchena, después de que el Supremo insistiera en la ejecución de la sentencia –pero sin aclarar en qué consistía tal cosa–, después de que Batet decidiera expulsar a Rodríguez del Congreso. A juicio de muchos juristas –lean hoy a Pérez Royo–, lo ocurrido es una gravísima injerencia del poder judicial sobre el legislativo. Un pulso intolerable, porque no está tan claro como quiere hacer ver el Supremo que esa sentencia conlleve la pérdida del escaño. Pero también es cierto que la posición en la que el Tribunal Supremo había colocado a la presidenta del Congreso era, hiciera lo que hiciera, más que complicada. Si Batet hubiera optado por resistir frente al atropello del Supremo, quien hubiera presentado una querella por prevaricación contra la presidenta del Congreso habría sido Vox. O el PP. O ambos partidos. Y el juzgado que hubiera decidido al respecto habría sido esa misma Sala Segunda del Tribunal Supremo que ha condenado a Rodríguez, donde la derecha mantiene una enorme mayoría. Les recuerdo el marcador. En la Sala de lo Penal del Supremo hay 12 magistrados conservadores –promovidos por los vocales del CGPJ nombrados por el PP–, frente a solo 3 progresistas. Es la consecuencia más obvia y directa de los sucesivos bloqueos a la renovación del Poder Judicial cada vez que la derecha pierde las elecciones, como ya he explicado en otros artículos.Será también esa Sala de lo Penal quien tendría que dirimir la querella que se anunció contra Batet, por prevaricación. Una querella que no tiene ninguna posibilidad de prosperar, y que ha generado un enorme agujero dentro del Gobierno de coalición, y también dentro de Unidas Podemos. Una querella que está en duda que llegue nunca a presentarse.La cronología de lo ocurrido es bastante clara. A las nueve de la noche de este viernes, Unidas Podemos anunció una querella contra Batet. El comunicado enviado por Unidas Podemos a los medios era claro: “Presentaremos una querella contra Meritxell Batet por prevaricación”. Primera persona del plural. Nosotros. Es decir, Unidas Podemos.Minutos después, elDiario.es y otros medios publicamos la noticia .Y fue entonces, y solo entonces, cuando buena parte de los dirigentes de Unidas Podemos se enteraron por la prensa de una decisión que una parte del partido –Ione Belarra, Enrique Santiago, Pablo Echenique...– había tomado a espaldas del resto. Una decisión no menor: no todos los días un partido miembro de una coalición anuncia una querella contra la tercera autoridad del Estado, en manos de su socio de Gobierno.No sabía de esa querella la vicepresidenta Yolanda Díaz. No lo sabía el líder de Izquierda Unida, Alberto Garzón. No lo sabían los Comunes, según aseguran tres fuentes distintas de Unidas Podemos.La bronca interna, como se imaginarán, fue tremenda. Y tras ella llegó, esa misma noche, una entrevista de Pablo Echenique en la Cadena SER, donde el portavoz de Podemos aseguró que quien presentaba la querella no era el partido, sino “Alberto Rodríguez, con todo nuestro apoyo”. Echenique también dijo que Yolanda Díaz había sido informada. Y ambas cosas eran falsas.Porque no solo la vicepresidenta segunda se había enterado por la prensa de esa supuesta querella contra la presidenta del Congreso. Tampoco el propio interesado, Alberto Rodríguez, sabía nada al respecto. Ni había sido consultado. Ni al parecer está convencido de presentarla, según fuentes cercanas al exdiputado. Hace apenas unas horas, Alberto Rodríguez anunció que deja la militancia de Podemos. Una decisión que no es ajena a todo lo que ha ocurrido en estos últimos  días. Que es extraordinariamente grave, también por lo que demuestra: la división interna en Unidas Podemos. La enorme diferencia de estrategia entre el núcleo duro del pablismo –que sigue apostando por la confrontación más dura posible con el PSOE– frente al rumbo más transversal que quiere marcar el mayor activo electoral que tiene ese espacio: Yolanda Díaz.Fuentes del grupo parlamentario de UP creen que ese núcleo duro de Podemos –con Ione Belarra al frente– defiende tensar la cuerda con el PSOE e incluso llegar a romperla si fuese necesario, e ir a un adelanto electoral en el año 2022. No agotar la legislatura y aprovechar la buena valoración de Yolanda Díaz que supera a Pedro Sánchez en el CIS. Una estrategia que otros, en la coalición, ven suicida: por el enorme riesgo de que un hipotético adelanto electoral solo beneficie a la derecha.Esa misma derecha que asiste, con alegría, a la probada capacidad de autodestrucción que siempre tiene la izquierda.


Latest News
Hashtags:   

derecha

 | 

judicial

 | 

brecha

 | 

Gobierno

 | 

Unidas

 | 

Podemos

 | 

Sources