Sunday 17 October 2021
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abc - 19 days ago

La falta de perspectivas y el encierro continuado desbocan los botellones

El botellón ha dado un salto de gigante. Ha cambiado de paradigma. Es lo que fuentes policiales en las dos principales ciudades de España, Madrid y Barcelona, comentan a ABC. «Se nos ha ido del todo de las manos», aseveran. Y lo que parecía, en principio, un mal endémico que había azotado sobre todo a Barcelona desde la liberación de las ataduras del Covid, se ha acabado por imponer en las principales ciudades del país. Por supuesto, no es novedoso que los jóvenes se reúnan en grupos, con afán lúdico, y consuman alcohol en la vía pública. «Lo llevan haciendo años», añaden esas fuentes, pero el parón de la pandemia ha dado alas a una forma «asilvestrada» (dice uno de los agentes testados) de congregarse los fines de semana. El encierro prolongado ha sido el último ingrediente de un cóctel molotov que tiene más que preocupadas a las autoridades municipales. Ayer la vicealcaldesa de Madrid lo resolvió así: «No hay policías suficientes» para encarar a esa masa. Tras varios días de juerga y descontrol en zonas como la de Chamartín en la capital y la plaza de España, en la ciudad condal, agentes policiales dan una nueva explicación a los sucesos protagonizados por decenas de jóvenes: a las tres de la mañana se internan grupos organizados que se dedican a reventar los encuentros juveniles en apariencia pacíficos. Bandas latinas y de atracadores en Madrid, y de grupúsculos de delincuentes en Barcelona, han propiciado apuñalamientos y decenas de detenciones en ambos puntos del país este último fin de semana. Ayer, la ministra Carolina Darias, interpelada por los informadores tras varios días de titulares protagonizados por esos sucesos radicales, avisó a los jóvenes de que «las vacunas hacen su trabajo, pero por sí solas no». En todos los desalojos acontecidos durante los últimos días se daba la circunstancia de que no se cumplían las medidas de seguridad ni se usaban mascarillas. La ministra criticó que, aunque la incidencia acumulada por el Covid ha bajado, «algunos colectivos siguen sin tener ninguna percepción de riesgo» de la enfermedad que se ha llevado 86.298 vidas (según el cómputo de Sanidad). «La Policía está exhausta» En Madrid, los responsables municipales también expresaban ayer la sinrazón de las reuniones masivas, una vez superada la quinta ola del coronavirus. Begoña Villacís, vicealcaldesa, señaló que no hay policía suficiente en la ciudad que repela los cs del fin de semana. «Nuestros recursos están exhaustos», inquirió. El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, hizo un llamamiento a la responsabilidad individual para que no se produzcan más botellones en zonas verdes de la ciudad dado que la Policía Municipal está infradimensionada» y no es «la única solución». Durante el pasado fin de semana, se interpusieron 513 multas por consumo de alcohol en vía pú 237 el viernes, 194 el sábado y 82 el domingo. Y en la noche del sábado los agentes locales desalojaron grupos de jóvenes que estaban haciendo botellón en el parque de Berlín, durante la celebración de las fiestas del barrio, así como en el intercambiador de Moncloa para evitar una concentración excesiva de personas. Por otra parte, cerca de la capital, en la localidad de Villaviciosa de Odón, un joven fue apuñalado y otros once, cinco de ellos menores, fueron detenidos. Los incidentes fueron provocados por un grupo violento de jóvenes que acudió expresamente hasta la zona de botellón para robar carteras y teléfonos móviles. Y de vuelta al parque de Berlín, la Policía Nacional investiga la presunta relación de bandas latinas en el acuchillamiento de otro joven. Cuatro varones, de entre 18 y 23 años, fueron arrestados. Para Almeida, estas personas «dañan la imagen de la juventud». «Me niego a pensar que el conjunto sea tan irresponsable», incidió el regidor local. «Las escenas del día siguiente demuestran que no son solo irresponsables, sino también sucios», zanjó. Lo mismo aconteció en Valencia, donde los vecinos de plazas como de Honduras y el Cedro se levantan al día siguiente con la queja de que un niño no puede ni disfrutar de los parques infantiles, por los desperdicios acumulados. En todas las ciudades, son los ayuntamientos los que asumen con partidas municipales la limpieza de estos destrozos. «Hacen falta medidas concretas y respuestas efectivas para que el Ayuntamiento haga frente al problema», señala la Federación de Asociaciones de Vecinos de Valencia, que da la voz de alerta ante la proliferación de botellones en Valencia. El final del toque de queda y la reanudación de la actividad en las universidades ha provocado el regreso de una práctica, el del consumo de alcohol en la vía pública, localizada en puntos de la ciudad como las plazas de Honduras y del Cedro. La sucesión de botellones en estas zonas, marcadas por la presencia de locales de ocio que ofertan precios bajos dirigidos a estudiantes, sí ha permitido adelantarse a la Policía Nacional en la capital del Turia, logrando evitar el pasado fin de semana las concentraciones de jóvenes en sus puntos de encuentro habituales. La presencia policial, de hecho, ha propiciado que los jóvenes improvisen una suerte de botellón ‘itinerante’, que el pasado fin de semana se trasladó a la avenida Blasco Ibáñez, donde se congregaron dos mil personas, horas, informa Alberto Caparrós. Un horizonte laboral negro ¿Cuáles son las razones de este embotellamiento desaforado de gente? Los sociólogos y expertos consultados apuntan a tres claves: precariedad laboral, elevada tasa de paro juvenil y el encierro prolongado han sido los ingredientes de este cóctel molotov en las calles. Especialistas como el sociólogo Vicent Borràs de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) abundan en que el botellón no es algo nuevo, lo que sucede es que ha cambiado su dimensión: de pequeños grupos a quedadas multitudinarias. Este volumen se ve favorecido por la inmediatez de las redes sociales. Y, a su vez, estas celebraciones, casi siempre organizadas sobre la marcha, alojan a una minoría que aprovecha la ocasión para protagonizar alte igual que ocurre en cualquier concentración masiva. De hecho, el fin de semana, las escenas violentas de lanzamiento de botellas y otros objetos contra las policías han sido las protagonistas de los encuentros de ocio en Éibar, Bilbao, Pamplona, Madrid y Barcelona. «El contexto ha propiciado que esto suceda. Las nuevas generaciones han crecido en la cultura del placer y del hedonismo. Se les ha educado imponiendo pocos límites. Lo vemos con jóvenes de 13, 14 y 15 años, que salen hasta la madrugada, y eso implica que detrás hay unos padres más permisivos que antaño», indica Borràs, que señala que algunos adolescentes parecen haber sido educados «en ausencia de responsabilidad, y por ello no miden las consecuencias de lo que hacen». Ejemplo de ello es el saldo de 73 atendidos por el Servicio de Emergencias Médicas (SEM) solo durante dos noches, las del viernes y sábado en Barcelona. La mayoría por comas etílicos, pero también hubo heridos por contusiones en reyertas y, lo peor, más de una decena de acuchillados. «¿Quién acude a una fiesta con un arma blanca? Iban preparados para pelearse y destrozarlo todo. No ha sido una casualidad, son acciones premeditadas de un grupo de personas», explica a este diario Jordi Rodríguez, agente de la Guardia Urbana y portavoz de Sapol. Los protagonistas de las algaradas no pertenecen a un grupo concreto. «Son miles de jóvenes, no se pueden identificar de forma homogénea como cuando ha habido disturbios en manifestaciones politizadas. Son chicos de corta edad, en esa fase de transición hacia la etapa adulta, cuando experimentan grandes cambios físicos, psicológicos y emocionales. El concepto básico para entender lo que ocure es el de ‘deseabilidad social’. Desde hace unos años impera la imagen de chavales ‘duros’, que no agresivos, y en cierta manera, cuando se posicionan en un grupo de iguales, consumen alcohol y adoptan conductas arriesgadas», indica Caballero, analista del Centro de Estudios e Iniciativas sobre Discriminación y Violencia. «También hay cierto aprendizaje antisocial. En los últimos años se han producido decenas de enfrentamientos con los cuerpos de seguridad», apunta, tal y como advierten los policías, que indican que para muchos vándalos, atacar a un uniformado parece haberse convertido en una especie de videojuego. «Desde 2009 hasta ahora, cada vez hemos visto más violencia urbana: quema de contenedores, señales arrancadas, lanzamiento de botellas y, en un contexto donde no hay ocio reglado», se crea la tormenta perfecta, explica el experto. «Es una suma de muchas acciones. Los más temerarios, los de perfil más delincuente, habrán quemado un coche, pero luego hay conductas de imitación, más antisociales, como tirar motos o romper escaparates», prosigue Caballero, propiciado por el anonimato. «Si se suma el alcohol, y la situación de caos alrededor, y todo ello se asocia con pasarlo bien, tras echar a los policías a pedradas piensan que han ganado el terreno y llegan los destrozos. Esa es su lógica», apunta.


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