Wednesday 20 October 2021
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abc - 24 days ago

Los comparsas de Puigdemont en su fin de semana de pasión y gloria sardo

Parece ser que a Pere Aragonès, presidente de la Generalitat de Cataluña, y al vicepresidente Jordi Puigneró no les quedaba otra que sufrir doce horas largas de travesía por el Mediterráneo, entre Barcelona y Porto Torres, a 34 kilómetros al norte de Alghero, la madrugada del 25 de septiembre. Con Alitalia en huelga y al borde de la quiebra, y los vuelos de Ryanair hasta la bandera, llegar a tiempo al País Català de Sardenya al decir de los ilusos, se imponía como una auténtica necesidad: había que sumarse a la foto de la tremenda mascarada propagandística que los últimos tres días han hinchado el ego de Carles Puigdemont hasta casi reventar las costuras de su blazer azul marino. Tras la detención a su llegada al aeropuerto de Alghero, su paso por la prisión de alta seguridad de Bancali y su posterior puesta en libertad (sin medidas cautelares, aunque con la obligación de prestar declaración el 4 de octubre) por decisión de la Corte de Apelación de Sassari, el actual president no podía permitirse su ausencia en el festín identitario a mayor gloria del expresident : la Adifolk de Alghero. Y más aún en una ciudad donde el Govern tiene una delegación. Miembros destacados de la tropa independentista les llevaban ventaja. Laura Borràs, presidenta del Parlament, ya había derramado lagrimillas en el hombro de Puigdemont a las puertas de la prisión de B Marta Vilalta se dejaba ver algo atribulada por el j Joan Piqué y Victoria Alsina, de Acción Exterior, hacían gestiones para liberar a su jefe, al tiempo que se explicaban ante la prensa en inglés, italiano y catalán... Hasta Jordi Sànchez y Elsa Artadi, más espabilados, tomaron la delantera a Aragonès y Puigneró por vía aérea. Les merecía la pena, pues, una larga noche en alta mar, incomunicados y, probablemente, ateridos: a los ferris de Grimaldi Lines les sobra relumbrón y les falta cobertura de mó y el aire acondicionado es tan potente, que lo mismo Aragonès y Puigneró acabaron viendo a parte del pasaje abrigándose con los manteles del comedor, tal y como sucede en otras travesías. Los comparsas en el último y cansino episodio policial y judicial de Puigdemont a lo largo y ancho de Europa son sobradamente conocidos por quienes aún pueden digerir noticias sobre el procés . Pero, ¿quiénes son los sardos que le han hecho la ola al fugado de Waterloo, o los que directamente le han sacado de un buen apuro? Más allá de pintorescos personajes con ansias de libertad y autodeterminación llegados de todos los rincones de la isla (señores al borde de la jubilación, chavales con aire de hobbits y envueltos en la bandera sarda y hasta una cría de no más de doce años a la que su padre paseó del juzgado a la puerta de la cárcel con la estelada a modo de capa y que acabó soltando la tensión pisoteando botellas de plástico entre chillidos), políticos y personal judicial se sumaron a la troupe . Por ejemplo, y sobre todo, el alcalde/síndico de Alghero y responsable del tinglado folk de los Països Catalans: Mario Conoci, un señor que se explica ante los medios en la variante algueresa del catalán. El abogado Agostinangelo Marras, veterano especialista en Derecho Penal y político que dio sus primeros pasos en el PCI (Partido Comunista de Italia) y hoy se acomoda en la esfera del ex primer ministro Matteo Renzi. Por cierto, Marras ha sido el defensor del cardenal Angelo Beccio, acusado, entre otras cosas, de corrupción y malversación. En la vanguardia, también, Christian Solinas, presidente de la región y la pica que la Liga de Salvini ha clavado en Cerdeña (tiene poco más del 11 por ciento del voto, pero ahí esta); y Michele País, presidente del Consejo Regional, y a quien en su día le cayó una recogida de firmas para forzar su dimisión al dar por veraz un burdo fotomontaje con la intención de enfangar el Orgullo sardo. Bustianu Compostu, mandamás de la liga Sardigna Natzione Independentzia, garante de una premisa para él incuestionable: «La nación sardá existe, es una nación histórica y no de voluntad». Y un sinfín de militantes de las cuarenta formaciones políticas activas en un territorio insular de poco más de millón y medio de habitantes. Parece que cada sardo es un partido en sí mismo. Pero, como explicaba a ABC una señora, fumadora empedernida y de ojos desorbitados, «hay sardos fascistas y sardos de la izquierda radical y hasta liberales... Pero todos independentistas. Pero, ¿qué más da si podemos unirnos a corsos, escoceses, quebecqueses o catalanes para conseguir liberarnos del Estado?»


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