Saturday 15 May 2021
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abc - 23 days ago

Las otras confesiones y ataques de Miguel Bosé a ABC en 1993: «Siento pasión por las corridas de toros»

«Soy negacionista y lo llevo con la cabeza bien alta», aseguró Miguel Bosé nada más comenzar la segunda parte de la entrevista con Jordi Évole. La misma en la que reconoció que había llegado a consumir «casi dos gramos (de cocaína) diarios, más el fumar, maría , éxtasis…». Y es que ya sabemos que, cuando quiere, el cantante no tiene pelos en la lengua, como demostró en esta otra charla en profundidad realizada con la revista ‘Banco y Negro’, en marzo de 1993, en la que cargaba con furia contra la prensa «terrorista» tras darle por muerto de sida, contra la televisión y contra los que ponen en riesgo la democracia, y se sinceraba sobre su familia, sobre sus relaciones y sobre su afición por los toros. «Si me muerden, muerdo», fue la advertencia de Bosé que la periodista Rosa María Echevarría recogía como titular de la entrevista, la cual fue portada del suplemento con un retrato en grande del cantante una semana después de cumplir 37 años. Una de esas ocasiones en la que no tuvo problemas en hablar de sobre algunas de sus intimidades, ya que, hasta hace poco, sus relaciones sentimentales han sido un tema prácticamente tabú y en otras temporadas ha decidido alejarse de la exposición pública. De hecho, en septiembre, el artista español informó a través de su agencia de representación de las razones de su desaparición de las redes sociales, después de las especulaciones sobre una supuesta expulsión por parte de esas plataformas. «El artista ha decidido voluntariamente darse de baja, pues no considera que en la actualidad que dichas redes sean plurales y objetivas. No permiten la libre expresión y sujetan a los usuarios a sus criterios e intereses empresariales y políticos. Ejercen la censura y el control de la información y los contenidos». «La mentira de los gobiernos» Añadía después que Bosé no considera que «merezca la pena mantenerse presente, al menos en el momento actual», en dichas redes sociales, ya que hay usuarios ficticios y otros que actúan bajo intereses de terceros, «quebrando el sano debate sobre cualquier cuestión». El cantante se refería veladamente a sus polémicas declaraciones sobre el Covid-19 que había estado vertiendo a través de YouTube. En junio, por ejemplo, asegurando que la pandemia es «la gran mentira de los Gobiernos, incluido el de España». No era la primera vez que Bosé dejaba ver su escepticismo entorno al coronavirus, ya que desde el 29 de abril del año pasado emprendió a través de las redes sociales la misión de informar a sus seguidores sobre los supuestos peligros de la red 5G, asegurando que guarda relación con la epidemia y compartiendo vídeo conferencias sobre el tema. «Vamos a empezar a poner los puntos sobre las íes. Empiezo con esto. Me gustaría tener vuestros comentarios», escribió junto a un vídeo de una charla negacionista que había sido desmentida por múltiples científicos y organismos. En agosto volvía a la carga, esta vez contra las vacunas, a través de su cuenta de Twitter, al publicar un gráfico que, supuestamente, relacionaba el número de vacunados de la gripe y los fallecidos por coronavirus en diferentes países. Según el gráfico, cuantas más personas fueron vacunadas, más muertes hubo por el virus. Y añadía: «¡Nos quieren matar!». Entrevista completa a Miguel Bosé, el 14 de abril de 1993: «Si me muerden, muerdo» Se ríe. Miguel Bosé se ríe del mundo, pero conserva todavía muchas heridas abiertas, heridas que necesitarán largo tiempo para que puedan cicatrizar. Esa entrevista es un grito, el grito de un hombre que no está dispuesto a que se atropellen sus derechos y que tiene moral de vencedor, no de vencido. Así es el mensaje de su nuevo disco, ‘Bajo el signo de Caín’, donde el dolor y el amor de su vida se funden hasta transformarse en unas canciones que, según dice, son las más hermosas que ha compuesto nunca. En el mes de abril se cumplen veinte años de intensa actividad profesional absorbido por esa pasión desesperada y llena de vida que es la música. Pero su polifacética actividad se extiende también al cine, donde ha rodado ‘La noche sagrada’, de Nicolas KIotz, y ‘Mazeppa’, del joven director francés Bartabas. En el mes de mayo, además, comienza una nueva película llamada ‘La reina Margot’, en la que interpretará el papel de duque de Guisa al lado de Isabelle Adjani, que vuelve al cine después de cuatro años de larga ausencia. Mirada color de miel, una normalidad pasmosa, la consabida barba que no acaba de arrancar, Un nuevo álbum con dos canciones titulado ‘Bajo el signo de Caín’ a las puertas del mercado, un pentagrama vial con un chispeante sentido del humor, una forma física envidiable como si acabara de llegar de un gimnasio en lugar de salir de un estudio de grabación y una buena dosis de indignación y de cólera todavía dando vueltas y revueltas y recorriéndole cada uno de los recónditos senderos del alma. Y en este momento importante de su vida, cuando tiene 37 años y está a punto de celebrar el próximo mes de abril los veinte años da vida profesional, Miguel Bosé vuelve la mirada hacia atrás con cierto asombro, contempla esa larga y apasionante aventura vivida y compartida con la música, y con inteligencia y profundidad descubre cada uno de los «siete velos que envuelven su herido corazón». «Lo que tengo claro es que a mí, si me muerden, muerdo. Recuerdo que, cuando era niño, cerca de nuestra casa tenían un perro dálmata que estaba muy loco y un día me mordió. Llegué a casa llorando y mi padre me riño mucho y me dijo: ‘¡Nada de llorar! ¡Si te muerde un perro, muérdele tú también! . Entonces, una especie de luz se encendió en mi vida y descubrí lo importantes que resulta aprender a defenderse. Así que, la siguiente vez que me encontré con el perro, ante la sorpresa de todos, me abalance sobre él y le mordí una oreja. Se marchó aullando y, desde entonces, ya nunca se volvió a acercar a mi». —Su infancia son también evocaciones de campos abiertos, inmensos horizontes enmarcando recuerdos y toros y más toros hiriendo de muerte a las primeras sombras. ¿No ha Miguel Bosé nunca la tentación de escaparse de este mundo trepidante que le rodea y de convertirse en un respetable ganadero? —De escaparme, sí, porque se trata de un tipo de vida que marca mucho y yo pertenezco a este mundo. De modo que, cuando me harte de todo esto, probablemente acabaré en el campo. Lo de la ganadería lo tengo más fácil, porque ya me basta y me sobra con el ganado musical que me rodea. Pero yo he vivido siempre en las fincas, entre Cuenca y Andújar, donde reside ahora mi padre. Recuerdo muchísimo mi primer caballo, que se había convertido para mí en una especie de compañero e, incluso, llegaba a dormir con él dentro del box. El campo te enseña a formarte como persona y te sirve de punto de referencia para entender más tarde por qué unos valores tienen más importancia que otros. —Miguel Bosé creció entre las luces de oro del éxito de su padre, Luis Miguel Dominguín, una de las grandes figuras de la historia del toreo. ¿No pensó nunca que alguna vez podría seguir ese camino? —Me gustaba mucho la ganadería, pero hasta los 18 años no me interesaron los toros y el caso es que ahora tengo pasión por la fiesta nacional. He toreado en algunas tientas, pero con pésimos resultados. Parecía un astronauta, estaba más tiempo en el aire que en el suelo, en unos vuelos espectaculares. A mi padre le hacía mucha gracia esa especie de interrupción genética que había en mí. En teoría, yo tenía que ser la persona más cargada de genética taurina, ya que, además de mi padre, estaban el abuelo y los tíos. Y ese hecho, para él inexplicable, le resultaba muy gracioso. Por otra parte, no entendía esa pasión que yo sentía por la ganadería. Decía que era una pasión de intelectuales, cosa que nunca he podido comprender. ¿Qué tendría que ver la ganadería con la intelectualidad? Debe de ser porque hay que utilizar los libros y apuntar que la ‘Payasa’ y el Romero’ han tenido tras becerros. Manías y complejos —Lucía Bosé, una actriz de excepcional talento y gran personalidad, y Luis Miguel Dominguín, un auténtico héroe de la fiesta nacional, dos grandes universos con órbitas distintas. ¿Con cuál de ellos se encontraba más identificado? —Yo he vivido más tiempo con mi madre, porque mi padre, por su trabajo, pasaba lógicamente largas temporadas en América o tenía que viajar mucho. Y en cuanto a su personalidad, me parece que he heredado lo peor de los dos. Menos mal que mis amigos me quieren por mis defectos, o por lo menos eso dicen. En cualquier caso, a mí me gusta la gente espontánea, la gente con carácter, y este tipo de personas suelen estar cargadas de imperfecciones, de manías, de complejos. Sin embargo, también está claro que a mí lo que me atrae son las cosas auténticas. —En esa gran balanza que es la propia vida, ¿qué han supuesto estos veinte años de absoluta dedicación a la música? ¿Han pesado más los gozos o las sombras? —Es un balance que ha podido ser duro, pero yo soy una persona a la que, sobre lodo, le atrae la palabra ‘imposible’. Todo lo que supone resistencia me apasiona. En esta vida, ningún campo es de rosas, ni en la pintura, ni en la banca ni en la música. Y no crítico, no rechazo y no me avergüenzo absolutamente de nada de lo que he hecho. Y si estoy aquí es por lodo lo que he realizado antes. Cuando hice ‘Linda’, pensaba realmente que era la canción más bella del mundo y la verdad es que me dio un grandísimo éxito. Cuanto hice ‘Ana’, lo mismo. Igual con ‘Súper Superman’. Y lo mismo si pasamos a ‘Made in Spain’, ‘Bandido’ o ‘Sevilla’. Pero uno cambia porque está vivo y la música también. No puedo pretender calzar siempre los mismos zapatos y usar los mismos pantalones, porque tu propio cuerpo cambia. Es normal que haya una transformación, porque todo se va transformando en ti. —¿Qué supone en la trayectoria musical de Miguel Bosé este nuevo disco, que tiene un inquietante título, ‘Bajo el signo de Caín’? —Llevo casi tres años de retraso en su publicación, porque cada vez me hago mas lento, cada vez tengo más dudas, cada vez pongo más alto el listón y me vuelvo más meticuloso. Sé que voy a tener que defenderlo durante mucho tiempo y que va a quedar en mi vida como una huella indeleble. Es verdad que el tiempo lo encauza todo y lo perdona todo, pero yo ya no quiero contar con su condescendencia, por eso uno se vuelve cada vez más exigente, más pesado y mis maniático. Sinceramente, creo que es el elepé más fuerte de mi carrera y, sin duda, el más maduro. Es el álbum de un hombre de 37 que está entrando en un periodo de identidad muy rotunda. Incluso en las baladas, donde surge un sentimiento cercano al amor, también hay mucha ironía, porque cuando te acercas a los 40 ves las cosas de un modo muy diferente. Nuevas canciones —¿Cuáles son las vibraciones, las pulsaciones, el ritmo que alienta cada una de estas composiciones? —Hay canciones que hablan de asuntos que me preocupan, como ‘Nada particular’, dedicada a todos los exiliados y refugiados del mundo. Está también ‘Sara’, que la escribí pensando en esa adolescente que se siente en seguida liberada y comete errores dramáticos. Es una canción con un ritmo tremendamente alegre, casi de merengue, pero es una canción muy triste. También hay otra que habla de la madre Tierra y la he escrito como una leyenda, porque lo que me gustaba es poder leérsela a mi hijo. ‘Bajo el signo de Caín’ es el diálogo de un hombre con Dios, de un hombre que no entiende por qué en esta tierra pasa lo que está pasando. Es una canción que solo puede cantar un hombre con una fe y puede permitirse ese tipo de rebeldía, porque se trata de una rebeldía planteada con un enorme respeto y amor. Luego hay otra, llamada ‘Gota a gota’, dedicada a mi ‘amigos’, entre comillas, de la prensa. —Sus amigos de la prensa han estado a punto de mandarte una corona de hermosas flores como víctima del sida. ¿Es este el tributo de la popularidad? —¿Por qué? ¿Por qué tiene que serlo? El periodismo es un mundo respetabilísimo y todos luchamos por la libertad de expresión, pero hay cosas que no son manifestaciones de la libertad de expresión, sino que son atentados reales contra los derechos humanos. Es puro terrorismo psicológico o, incluso, terrorismo corporal. Es una falta absoluta de ética. No se puede generalizar, pero hay una parte de la prensa a la que desprecio profundamente y a la que he perdido el respeto, porque antes me los han perdido a mí. Y a partir de ahí, ¡no quiero saber que existen, no los considero para nada, no les puedo considerar periodistas y haré siempre que pueda una campaña abierta denunciando la situación! Creo que esta parte de la prensa es la única que en este país todavía conserva la herencia más despreciable de una herencia que todos queremos rechazar y que constituye la esencia de la mediocridad. —En ese gran retablo de la antigua farsa se improvisó rápidamente un escenario con el blanco telón de fondo de un hospital. La nota corrió como un caballo desbocado sin frenos ni riendas, pero ¿qué sucedió realmente? —Lo que me sucedió a mí fue pura demencia, donde no se quiso utilizar nunca la lógica, porque no nos vamos a engañar, eso es un negocio. Y por el negocio se hace cualquier cosa, pasan incluso por el cadáver de su madre. Yo no tengo ese estilo. ¡Además no perdono que se utilice ese estilo conmigo! ¡Ya está bien! Por eso me pongo enfermo cuando dicen que la gente es morbosa! ¡Pues yo no lo creo! El morbo lo tienen esos pocos que han encontrado un punto débil, una herida, y ahí están hurgando continuamente. Eso sí que es alienante y va a hacer que este país no se recupere en muchos años, porque es, puro terrorismo del corazón. Y es el peor terrorismo, porque es el más fácil. —Está claro que la calumnia, igual que la muerte, que cantaba Miguel Hernández, no sabe andar despacio, no puede estar callada y acuchilla cuando menos se espera su turbia cuchillada. ¿No estaremos todos adentrándonos en una inmensa trampa? —Es que el planteamiento es muy simple: coge una mentira, haz que parezca una verdad, desarróllala magníficamente y tendrás el favor del pueblo y todo el mundo se la creerá. ¿Cómo se llama a eso? Goebbels. ¡Propaganda del Tercer Reich! ¿Y cómo se llama a lo que han hecho conmigo? Creo que hay que establecer una ley de prensa que sea buena para todos. Por la dignidad de esta profesión y por nuestra propia dignidad, para que cuando se nos ataque como se nos ha atacado podamos responder. Y yo no soy partidario de la pena de muerte, como decía aquel juez imbécil de la televisión. En cambio, él sí está a favor de la tortura, porque va a dejar que haya instituciones y persoras que sean torturadas dia a día. Y eso acaba con una democracia poco a poco, gota a gota... Ese es el título de mi canción. Isabelle Adjani —Acaba de protagonizar dos películas. Una de ellas, ‘La noche sagrada’, de Nicolas Krotz, un poema dentro del mundo del Islam donde se transforma en el protagonista ciego de una luminosa historia de amor. ¿Por qué aceptó interpretar a un personaje tan lleno de riesgos? —Solo por eso, porque era un reto muy importante. Cuando rodaba, además, estaba realmente ciego, ya que me pusieron unas lentillas negras. Se trata de una bellísima historia con una música maravillosa. Después hice una película llamada ‘Mazeppa’, la primera obra de un joven director francés, Bartabas, que relata la hipótesis de un momento en la vida de un pintor, Géricault, un prerrománico, y el encuentro con un personaje que tenía un circo y le inicia en el arte ecuestre. Se trata de una película muy extraña, muy fascinante en cuanto a ambientes, y creo que va a representar a Francia en Cannes. Y en mayo comenzaré el rodaje de ‘La reina Margot’, basada en una novela de Alejandro Dumas. Será la vuelta de Isabelle Adjano al cine después de cuatro años de ausencia. Mi personaje es el del duque de Guisa, el poder dentro del poder... Política y amor al mismo tiempo. Y el brillante, polifacético, risueño y atormentado Miguel Bosé, bailando al son de ritmos trepidantes, cantando en un escenario ante millares de enfebrecidos admiradores, rodando una secuencia dentro de la piel de aquel poderoso duque de Guisa, sintiendo el mundo a través de los dedos da un hombre ciego o experimentando la fascinación del misterio que rodeaba a Géricault, quizá sueñe todavía con aquellos campos sin límites habitados de estrellas y toros. Todo era paz y equilibrio entonces, en la deslumbrante armonía adolescente de la tierra quizá perdida ya para siempre y, quizá, nuevamente recuperada en el estallido interior de la música que se vuelve de pronto una canción.


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