Tuesday 18 May 2021
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abc - 1 month ago

Gabilondo: docta sosería

Gabilondo es un gentilhombre que no quiere cerrar la hostelería, que cuelga/no cuelga cartelones suyos en la Gran Vía como Largo Caballero y que vale lo mismo para un roto que para un descosido. Está bien, digo yo desde mis años, que haya gente como Ángel Gabilondo que sea reutilizada en la sapiencia que hay que pedirle a la política. Le dicen soso y quizá lo sea, pero ya se sabe que la sosería es la cortesía del filósofo (sic), y Gabilondo lleva una escolástica de obediencia cartuja que igual hasta le sale bien por ciencia infusa. En todo amar y servir, que diría su San Ignacio, y por eso lo tenemos a un hombre de ideas abstractas, líricas y divinas, hablando de hosteleros, pescaderos, de impuestos y hasta de taberneros con churretones. La Batalla de Madrid —ya en mayúsculas, que hasta el Pirulí retransmitirá el debate rebotado por Telemadrid— necesitaba la sosería, del mismo modo que esa sosería nos da la vida a los cronistas como las pulseras de Ayuso o los adoquines que nos tiran los fanfarrones a los chicos de la prensa. Porque en realidad, Ángel Gabilondo es una víctima —quizá la que salga más indemne— del sanchismo. Como dice Trapiello de Azaña en Las armas y las letras , a Gabilondo se le ve como alguien que si bien cree en «las palabras», le va a faltar «la fe en las suyas propias». Es lo más trágico de este hombre que hubiera sido «buen vasallo si oviesse buen señor». Pero es que el sanchismo hace sus hombres y los gasta, como dijo de Castilla Fernández Coronel a la hora del cadalso. Por eso, y salvo milagro poco creíble para un jesuita de juicio moderado, Gabilondo pueda aportar nada con la marca que lleva. Ni siquiera en tuiter, en ese estercolero, en ese mentidero de San Felipe, le sacan memes cachondos sus rivales. Porque comparar a Gabilondo con su compañera de Getafe es como equiparar a Dios con un merchero. Gabilondo no es hombre para este caliente Madrid. Es un ser de lejanías, de melancolías, con los ojos glaucos y cantábricos. Quien ha conocido las nieblas del Urumea, las nieblas y las tardes en el antiguo estadio de Atocha de San Sebastián, no debería meterse en el mismo fango de, pongamos, Martínez Simancas, que es el dinosaurio de Monterroso del descalzaperros del socialismo madrileño. Por eso, Gabilondo irá al debate con retórica de otro tiempo y quizá, como dicen del toreo, se paren los relojes en Telemadrid. Quizá por aburrimiento.


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