Wednesday 12 May 2021
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abc - 29 days ago

La familia de Laia desinfla la coartada del asesino de su hija

Que Juan Francisco L. el 4 de junio de 2018 mató a la pequeña Laia nadie lo cuestiona. Fiscal, acusación y defensa coinciden en que ese hombre, que estos días se sienta en el banquillo de la Audiencia de Barcelona, acabó con la vida de la niña, de 13 años, en una pequeña habitación de un primer piso del número 26 de la avenida Cubelles de Vilanova i la Geltrú. La discrepancia estriba en las circunstancias del crimen. Las acusaciones creen que la metió a la fuerza en el piso en el que él vivía con sus padres, que abusó de ella, que la estranguló y que luego la acuchilló para procurarse una coartada: convencer de que la niña entró por propia voluntad en el piso y que él, bebido y drogado, la confundió con un ladrón. Por eso la habría acuchillado. Las testificales de este martes, sin embargo, cuestionan esta tesis con la que la defensa quiere librar a su cliente de contar entre rejas el resto de sus días. Tras volver del colegio, Laia estaba en casa de sus abuelos, donde había merendado y estaba viendo la tele, esperando a que el padre la recogiese. Este telefoneó a los abuelos para que la niña se preparase mientras él llegaba. Ella se despidió de sus abuelos, contenta porque al día siguiente se iba de campamento, y bajó por las escaleras. Pero no llegaría a pisar la calle. Las acusaciones consideran que Juan Francisco L., que ahora tiene 45 años, la interceptó en las escaleras y la metió en el piso. Su defensa, en cambio, sugiere que ella entró por su propio pie, tal vez con ánimo de esconderse a modo de juego. Sin embargo, los familiares de Laia que declararon entre hoy y ayer –padres, abuelos y tíos de la menor– descartan que eso fuese propio de Laia. El padre ha añadido que allí no hay costumbre de que los vecinos entren en pisos de otros. Y que la niña, además, que siempre duerme con la luz encendida, nunca habría entrado en el cuarto a oscuras del acusado. Tambalea también la tesis de la defensa de que Juan Francisco L., que había regresado de China para visitar a su madre que agonizaba –murió al día siguiente del crimen de Laia–, confundió a la niña con un ladrón por estar bebido y drogado. Ni los tíos de la menor –que descubrieron el cadáver en la habitación del acusado, con una correa de perro en el cuello y varias cuchilladas– ni otros testigos creen que Juan Francisco L. estuviese bajo los efectos de alcohol y drogas. Los tíos de la pequeña en cambio, en cambio, han resaltado la extraña actitud del acusado cuando llamaron a su piso en su desesperada búsqueda: su indiferencia ante la desaparición de la pequeña y su resistencia, con peregrinas excusas, para evitar que los familiares entrasen en el piso para comprobar si allí estaba Laia. Han sido especialmente desgarradoras las testificales de los padres. Él ha reprochado a la abogada del acusado que le diese el pésame ahora, ante el jurado, y no en su anterior declaración, a puerta cerrada, durante la fase de instrucción. Y la madre, al acabar su declaración, no ha podido contener su ira: «Espero que el miedo no te deje vivir nunca más en la vida. Que vivas muchas años, pero con mucho miedo, el mismo miedo que pasó mi hija en tu casa a oscuras. Tu olor, tu peso... morirse es muy malo, pero morirse contigo encima, olíendote y con tu peso, a oscuras, es peor», ha espetado la madre de la víctima al acusado. El magistrado, con tacto, eso sí, se ha visto obligado a reprocharles estas salidas de tono.


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