Monday 17 May 2021
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abc - 1 month ago

El club de la República Catalana

La teoría del caos sugiere que las perturbaciones creadas por el aleteo de un chorlito en Bruselas, pueden impedir que un pardillo levante el vuelo en Barcelona. Este fenómeno, que produciría gran asombro en otros lares, causa bastante apatía en Cataluña, meca de la política como caos organizado. La abulia del respetable resulta comprensible, porque el país es demasiado pequeño para tanto frenesí de día histórico, y tanta sobreactuación colectiva. El problema con este desánimo, es que crea problemas de caja a quienes viven de la independencia, un negocio consistente en construir la república catalana al estilo de la obra de la Sagrada Familia: sin planos, con parsimonia, y cobrando entrada. Frente a la falta de liquidez que pone en riesgo el modus vivendi de cientos de liberados, la ANC, esa especie de sindicato vertical postmoderno, no ha tenido mejor idea que postular una versión catalana de la democracia orgánica, denominada Consell per la República, un club privado al que se le quieren dar atribuciones tutelares sobre el Govern. Como tal ocurrencia no hay por donde cogerla, los padres del invento simulan su legitimidad con un registro ciudadano, en el que se puede obtener una acreditación digital, pagando una módica contribución económica. Haciendo gala una vez más del sofisticado hecho diferencial autóctono, contrariamente a lo que pasaba en las revoluciones clásicas, la revolución catalana no devora a sus sólo los tima. Desafortunadamente, no todos los escogidos se prestan a ser timados, y alguno, como Cuevillas, rechaza de plano acabar en la cárcel por hacer de actor de reparto en una pantomima escrita en Waterloo. Empero, no han tardado en encontrar una suplemente, cuya ventaja estriba en que no ha hecho el turno de oficio en los juzgados de lo penal Barcelona como Cuevillas, gracias a lo cual podrá romantizar sobre las consecuencias de sus actos, hasta que la obstinada realidad rechace plegarse a sus fantasías. Aprender de los errores es una cualidad que el independentismo ha demostrado tener en cantidades discretas, así que todo apunta a que tenemos por delante muchos días de caos y chorlitos, hasta llegar al día en el que los soberanistas dejen de ser esclavos de sus quimeras, y sean por fin libres, al darse cuenta de que ya eran libres. Santiago Mondéjar es consultor de empresa en SMC.


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