Saturday 29 February 2020
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abc - 14 days ago

Perros que «acortan las horas» en las unidades de oncología infantil

En la tercera y cuarta planta del Hospital Gregorio Marañón de Madrid hay dos salas en la que las horas pasan volando. Los martes a las cinco de la tarde, seres peludos de cuatro patas, bautizados como «perros azules», hacen compañía a niños y adolescentes con cáncer ingresados en el centro y es entonces cuando «se olvidan de todo, desconectan... Es una hora que corre como si fuesen cinco minutos», explica a ABC Lorena Díez, directora de hospitales de la Fundación Aladina. Durante una hora a la semana, los pequeños disfrutan de una terapia con perros siempre que su estado de salud se lo permita. La iniciativa se puso en marcha en 2017 en el hospital madrileño y nació de la cooperación de la Asociación Perros Azules, y la Fundación Aladina para ayudar a los pacientes ingresados, que este sábado celebran el Día Internacional del Cáncer Infantil. «Los perros tienen la capacidad de crear ese vínculo de unión con el paciente sin decir nada, sin palabras, y terapéuticamente es maravilloso», señala Díez. Marina García, pediatra en la sección Hematología y Oncología infantil en el hospital, asegura que «la actitud positiva ayuda a que el niño encare bien el ingreso» y «facilita el trabajo de los facultativos». Además, la terapia es una manera de conectar a los niños con el mundo exterior. «La mayoría tiene periodos de hospitalización muy largos, estamos trabajando con niños que llevan dos o tres meses sin salir a la calle y que de repente puedan tener contacto con un perro, es una manera de volver a retomar ese vínculo con el exterior», señala Luz Jaramillo, coordinadora de programas de Perros Azules. Durante las sesiones, los más pequeños aprenden a cuidar y respetar a los animales, los peinan, les dan de comer y, a los adolescentes, se les permite incluso pasearlos en los pasillos del hospital y enseñarles trucos. Antonella, una niña de nueve años con leucemia, lleva ya cinco meses sin poder salir del hospital madrileño y todavía le quedan al menos dos, además de un trasplante de médula, para poder volver a casa. Cuando ve a Maya, una de las perras de la terapia, su sonrisa se intuye al segundo debajo de su mascarilla. El vínculo entre ambas es tal que hasta se identifica con ella: «Es como yo, le gusta comer mucho». «Esta es una enfermedad muy emotiva, hay quimios que la ponen de mal humor y cuando tiene contacto con los perros, llega más relajada al cuarto, se ríe más y está todo el rato en el cuarto hablando de lo que ha hecho con Maya», explica Kisi Ladino, su madre. La terapia marca un antes y un después en su estancia en el hospital. «Estar aquí día y noche no es fácil ni para ella ni para nosotros, su familia, pero los martes la noto más expresiva, está más activa... contrarresta el efecto de la quimio que hace que pierda la fuerza y esté un poco deprimida», relata. Vencer el bloqueo Los pacientes no son los únicos a quienes les favorece la terapia. «Consideramos a las familias los beneficiarios secundarios porque aunque no trabajemos directamente con ellos, son los que recogen un poco el estado anímico que el niño va mostrando en la sesión», afirma Jaramillo. En este sentido, la oncóloga añade que «los padres, al ver a sus hijos más tranquilos, tienen una actitud positiva con el hospital y con el tratamiento». Se trata de una iniciativa «muy importante» para los menores, pero especialmente para los adolescentes porque «les ayuda a superar el bloqueo y el enfado en el que a veces se sumergen cuando se inician los tratamientos», a juicio de la responsable de Perros Azules. La coordinadora no puede evitar recordar el testimonio de la familia de un adolescente que le dijo en una de las primeras terapias que en 20 días que llevaban en el hospital, era la primera vez que le veían sonreír de verdad. Ahora, gracias a los grandes resultados de la iniciativa, en apenas dos semanas, la Fundación Aladina y la Asociación Perros Azules implantarán la medida en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla. Y ambas organizaciones están intentando extender esta iniciativa a otros hospitales, a pesar de que es difícil conseguir introducir perros en un hospital. «Siendo unidad oncológica los inicios cuestan porque se trata de niños que están muy bajos de defensas y ni siquiera pueden estar con sus mascotas», indica Díez. La directora de hospitales de la Fundación Aladina detalla que la tarea más difícil es explicar a los niños por qué no pueden estar con sus animales, pero sí con los «perros azules». Según la experta, «los de la fundación tienen todo tipo de vacunas con las que ninguno de nuestros perros domésticos cuenta y además están especializados para estar en una unidad oncológica».


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