Wednesday 11 December 2019
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abc - 26 days ago

La familia política tras el divorcio: «Se puede continuar vinculados de una nueva forma»

Poner fin a un matrimonio, en la mayoría de los casos, no es tarea fácil, sobre todo si hay hijos de por medio y apego con la familia política. Con el fin de la pareja terminan (o se ven modificadas) también el resto de relaciones que tenían en común, y a los familiares más cercanos afecta especialmente las separaciones. El divorcio es un proceso muy complejo que se puede prolongar en el tiempo y deja, casi siempre, damnificados a su paso. Las consecuencias del mismo pueden ser psicológicas y emocionales, derivando en estrés, angustia, dolor o sentimientos de rabia. «El divorcio es un proceso que, directamente, se encuentra vinculado a dos personas: la pareja que decide iniciar el mismo. Pero, sin duda, sus consecuencias tanto desagradables como positivas, que también existen, afectan indirectamente a una serie de personas allegadas y que en su momento también establecieron un fuerte vínculo» cuenta a ABC la psicóloga Andrea Vega, de El Prado Psicólogos. Un divorcio altera los esquemas de toda la familia, y es que las celebracioenes, los viajes, los cumpleaños o las escapadas con toda la familia, ya no vuelven a ser las mismas. Eso es lo que ha querido reflejar este año Loterías y Apuestas del Estado con uno de sus cuatro anuncios, que incide en la relación de un hombre con la exmujer de su hijo: pese al divorcio, como es una más de la familia, acude hasta su cada para compartir con ella el tradicional número familiar. «Como todo suceso que conlleva una pérdida, el divorcio da lugar a un proceso de duelo en todos los miembros de la familia. De hecho, y por supuesto respetando y comprendiendo que los principales damnificados son la pareja, en sus familiares cercanos se despiertan un sinfín de emociones y recuerdos que, además, se ven obligados a vivir de forma pasiva pues su función en todo esto únicamente parece recaer en el apoyo y acompañamiento, como es lógico, sin tomar parte de forma activa de esta decisión. Esta aceptación o asunción, muchas veces inesperada y frente a la que no pueden participar de forma activa, les deja en una situación inmediata más complicada de lo que a priori suele percibirse», cuenta Vega en relación al estado de la familia más próxima tras una separación de este tipo. Lo cierto es que no se deja de ser familia de un día para otro, y esto es lo que altera la percepción y vivencia del divorcio. «Estamos acostumbrados a relacionarnos con el mundo etiquetando todo lo ocurre a nuestro alrededor (personas, cosas, situaciones y acontecimientos). De esta forma y a partir de la noticia de divorcio, los miembros se ven envueltos en un discurso y en un trámite que decide y marca un antes y un después al que tienen que ceñirse invalidando y yendo completamente en contra de lo que su tendencia natural e interna les marca, es decir, yendo en contra de sus emociones y de un fuerte vínculo gestado tras años y años de relación. Lo que se ha reforzado en años de acompañamientos y experiencias, se rompe de forma abrupta de un día para otro y, lamentablemente, lo segundo parece imponerse con más fuerza», resume esta psicóloga. Respecto a la necesidad de que uno de los dos miembros de la expareja imponga su criterio a sus familiares más próximos, Vega opina que aunque «el miembro directo necesita y debe sentir el apoyo incondicional de los suyos en un momento tan complicado como es este cambio de vida, dicho apoyo no está ligado a la asunción y fusión con las propias emociones del damnificado. Una madre, un padre, un hermano... puede respetar, validar y acompañar a su familiar incondicionalmente sin tener que repetir exactamente el mismo patrón, y sin tener que sentir ni intensificar las mismas emociones de rabia, culpa, tristeza o miedo». En este sentido «tal y como hemos visto en el anuncio de lotería de navidad de este año, este suegro parece ser consciente del proceso así como estar al lado de su hijo, pues indica que sabe que sus nietos están con él esa semana. Y aun así, respeta sus necesidades y tiempos, respeta el hecho de que su hijo ya no desea permanecer unido a su nuera, pero también respeta sus tradiciones y elabora este momento de la forma más sana posible. Lo que, a su vez, le permite estar disponible para ella, para la que elige que continuará siendo miembro de su familia de una forma completamente diferente a la previa, continuarán vinculados desde una nueva forma adaptada a las circunstancias». Por suerte y a pesar de lo anterior, «es cierto que los abuelos no se ven obligados a mantener un contacto constante con el exmiembro, además de no acostumbrar a contar con todos los detalles del proceso personal y legal en el que la expareja se encuentra inmersa. Esto facilita, a medio-largo plazo, la regulación de sus propias emociones desde esta distancia física y vincular, permitiéndoles elegir aquel momento en el que se encuentran preparados para un contacto, un encuentro o una conversación al respecto. Así como eligiendo el motivo por el que se produzca este encuentro», continúa la psicóloga. En relación a los menores, a menudo los más afectados por el divorcio de sus padres, en opinión de esta experta, «las figuras de los abuelos en ocasiones se convierten en recursos necesarios para la vivencia e integración del hecho de los más pequeños: no alimentando su confusión con mensajes desafortunados e inoportunos, acogiendo su rutina desde la máxima normalidad posible, así como atendiendo sus emociones y dudas con cierta distancia emocional que les permite continuar presentes desde una base segura capaz de regularles».


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