Tuesday 11 December 2018
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abc - 24 days ago

Tal día como hoy, Diana Larrea

Tal día como hoy, nos presentamos en Paracuellos del Jarama, una pequeña localidad a las afueras de Madrid, cerca de Barajas. De hecho, desde nuestro destino, el estudio-vivienda de Diana Larrea, vemos las pistas del aeródromo, a lo lejos, en una extraña línea de vegetación que acaba en un acantilado. Seis años hace que ella se trasladó hasta aquí, antes de abandonar su domicilio (que también era su taller) en la capital, en la zona de Tirso de Molina: «La primera etapa allí la disfruté mucho, hasta que nació mi hijo. Entonces todo se me hizo muy cuesta arriba. No podía disfrutar de las ventajas de vivir en el centro –pues, con un niño, la capacidad de improvisación no la tienes– y me comía todos los inconvenientes. Pero me gustaría volver, no sé cuando...». Las cosas con calma Larrea siempre ha tendido a introducir el estudio en la vivienda. Eso se debe a que le gusta hacer descansos, ir cambiando de actividad. «A no ser que esté centrada en algo concreto que me exija mucha dedicación, me gusta tomarme las cosas con calma», nos explica: «Vivir en una zona tan periférica tiene ventajas. El metro cuadrado es más barato, cuento con más espacio, el vecindario es muy tranquilo para trabajar. Pero cualquier cita, cualquier inauguración, exige un desplazamiento. Esto no está muy bien comunicado y soy madre de un niño de 9 años que depende todavía de mí, de forma que es un verdadero encaje de bolillos organizarlo todo para que cuadre». Algunas de las obras de diana Larrea en su estudio - G. Navarrete La madrileña nos invita ahora a reparar en la estancia en la que nos recibe, una zona diáfana y abuhardillada en el último piso de la vivienda, luminosa e impoluta, en el que una gran estantería que llega hasta el techo separa un área de juegos de lo que podríamos considerar como una «zona de oficina»: «Está dividido en dos, lo que en el fondo es simbólico. Comparto mi tiempo y mi espacio con la crianza». «A mí no me influye tanto este espacio como la situación actual: Soy artista, española, de más de cuarenta, mujer y sin galería. Todos estos condicionantes juegan en mi contra» Cuando Larrea vivía en el centro, su lugar de trabajo era incluso menor que este. Pero eso tampoco era un problema, sobre todo, porque esta artista desarrollaba su actividad sobre todo en el espacio público. En realidad, en casa solo proyectaba. «Montaba in situ, en la calle. Construía para el momento y no sentía la necesidad de tener un gran espacio en casa. Ahora voy a los estudios de otros compañeros y sí que me tira el tener un entorno más grande. Algo que me permita, no ya tanto producir como recibir, mostrar mi obra u organizar proyectos con otros», enuncia, mientras recuerda su última participación en «Gabinete de Resistencia», en el taller de Montse Gómez Osuna, antiguo estudio de Lucio Muñoz en Madrid. El sinsentido de acumular Confiesa esta creadora que ella necesita mucho orden, y basta mirar a nuestro alrededor para ver que así es. «Soy muy pulcra y es muy difícil que me lance “al brochazo” en lo que hago. Supongo que lo que hago es un reflejo de lo que soy». Larrea lleva veinte años dedicada al arte, «y en ese tiempo se acumula mucho material», confiesa. La gran biblioteca que divide en dos la estancia lo constata, donde, entre catálogos y libros, conserva en archivadores todos y cada uno de los documentos que se han derivado de sus series y proyectos. «Ahora produzco poco porque, tristemente, lo que hago porque me han llamado termina en un almacén. No tiene sentido acumular obra, y en la actualidad no tengo galerí a. Por eso me pienso mucho aquello a lo que le voy a dar forma. Aquí almaceno cosas [a nuestra vista saltan, por ejemplo, las placas que compuso junto a Andrés Senra para el proyecto «Plaza solución»], pero tengo otro trastero en Madrid para fotografía grande, la que hacía hace unos diez años. Ahora no tiene salida y ni me lo planteo». La crisis y sus estragos. Solemos preguntar a los autores que visitamos cómo influye en su obra el lugar desde el que la llevan a cabo. Larrea nos corrige: «A mí no me influye tanto este espacio como la situación actual: Soy artista, española, de más de cuarenta, mujer y sin galería. Todos estos condicionantes juegan en mi contra. Desde el inicio de la crisis, recurro mucho más al es fácil de producir, de transportar, de almacenar... Se me conoce por mis proyectos de arte público, prto estos ahora los desarrollo con cuentagotas». Sin embargo, empujada por las circunstancias, pero también por un descubrimiento fortuito y su carácter sistemático, allí nació, «tal día como hoy», uno de los proyectos virtuales más interesantes de los últimos años, precisamente con este nombre: «Yo defino “Tal día como hoy” como una acción artística on line llevada a cabo desde Facebook. La idea es la de publicar en la red –hasta hace unos meses de forma diaria, ahora cada dos o tres días– la biografía de una artista mujer poco o totalmente desconocida para el gran público, con una pequeña info y una selección de sus obras». «“Tal día como hoy” fue motivado por un arrebato. De la obra de otra artista», sentencia. ¿Se acuerdan del proyecto «Queridas viejas», de María Gimeno, que ya les hemos presentado en ABC Cultural con anterioridad? Esa es la performance a la que se refiere Larrea. Ella asistió a una de sus charlas-conferencias en la facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense en mayo de 2017 y salió impresionada: «Esa acción se basa en tomar el manual de Historia del Arte de Gombrich, aquél con el que nos hemos formado todos los artistas y que es un “best seller”, y reparar en que no se menciona ni a una sola mujer en sus páginas. ¿Cómo es posible que yo lo leyera en primero de carrera y no me diera cuenta de ello? Con un cuchillo, Gimeno iba abriendo las páginas de un ejemplar e introduciendo las biografías que faltan. Tras dos horas que dura su acción sales de allí tambaleándote». Su primera intención Uno de los libros que ahora descansa en la estantería de Larrea es su Gombrich, que Gimeno le intervino tal día como hoy. Mientras nos lo muestra, recuerda cómo su primera intención fue pedirle a su compañera una lista con todos los nombres que había citado, llevar a cabo algo para que toda esa información llegara a mucha más gente que la que puede llenar un auditorio: «Entonces pensé que podía hacerlo yo misma, aprovechar el calendario para publicar efemérides referidas a mujeres creadoras plásticas. Y me dije: “tiene que ser a diario, tiene que percibirse como una avalancha”. No sabía lo que me iba a encontrar y por eso empecé por los nacimientos y las defunciones. Creía que un año no me daría para mucho». Se equivocaba. «Ahora voy a los estudios de otros compañeros y sí que me tira el tener un entorno más grande. Algo que me permita, no ya tanto producir como recibir, mostrar mi obra u organizar proyectos conjuntos con otros» Larrea es consciente de que la idea no era nueva. Ella misma cita a la Jennifer Higgins de Frieze Magazine que utilizó su instagram para algo similar, o el blog de Concha Mayordomo, otra colega: «Pero, sin proponérmelo, reparo en que algo con lo que intentaba curar mi propia autoestima era una necesidad colectiva». Son muchos los que entonces empiezan a seguir en sus cuentas a Diana Larrea («sobre todo docentes mujeres», admite). E«so tomó forma y yo me quedé sorprendida». Tal día como hoy, lo primero que haría esta artista nada más levantarse (muy temprano: a las siete y media de la mañana ya está en pie), y tras llevar a su hijo al cole, sería atender este proyecto: «Hago un poco de redes, porque he crecido en seguidores gracias a él e intento atenderles, pero se me va de las manos, porque soy yo sola y no doy abasto. Pero no me quejo. Me ha abierto muchas puertas. He dado ya alguna charla al respecto, a las que acudo para dar mi más humilde opinión, porque no soy especialista ni en femismo ni en arte de género. Esto ha sido un máster que me he autoimpuesto y que me ha llevado a conclusiones, pero desde el punto de vista de una artista. No soy una teórica». El precio de la factura No tiene pinta Larrea de ser una persona que se altere rápidamente. Su voz es pausada, agradable, y en algún momento de la conversación nos ha confesado que le gusta interrumpir su actividad «bien para tomar un té, bien para practicar yoga». Sobre su escritorio, y entre las obras que le hemos pedido que saque para enseñarnos, localizamos algunos amuletos, rocas, minerales. Hay que creerla cuando explica cómo tanto trabajo le ha pasado factura: «Cuando cumplí el año, me quedé destrozada. Me ha producido una hernia discal, una tendinitis en el brazo... Aproveché el verano para recuperarme, y ahora, gracias a una ayuda de la Comunidad de Madrid, lo afronto de otra manera: Voy a sistematizar toda la información y a crear una web de consulta por movimientos y disciplinas. Ya no publico en redes diariamente y, cuando lo hago, voy también recuperando lo ya posteado por si alguien se lo perdió». «“Tal día como hoy” me ha cambiado y ha cambiado mi proyecto artístico. Con él me di cuenta de que mi propio criterio estaba anulado y moldeado por un canon masculino» Su autora está dispuesta a cederle el relevo a quien lo quiera. «Soy artista –apunta– y me apetece seguir haciendo cosas. Quizás con el material recabado. Desde luego, han surgido ideas para otros proyectos, cuestiones que me gustaría materializar». A Larrea no le duele en prendas admitir que lo que llegan últimamente son encargos de amigos-artistas. «Así está el tema: no hay dinero para nada, tú te lo montas todo». Fue lo que ocurrió en «Gabinete de resistencia», su última comparecencia pública (por allí nos observa el dibujo con el que participó), y así ocurre con la siguiente, «Papel vence a tijera», desde el 22 de noviembre en LA Projects, junto a Ruth Quirce, Juana González y Óscar Seco. «“Tal día como hoy” me ha cambiado y ha cambiado mi proyecto artístico. Con él me di cuenta de que mi propio criterio estaba anulado y moldeado por un canon masculino. Es cierto que no se puede definir una obra como de hombre o de de hecho, muchos de mis dibujos creen que han sido ejecutados por varones. Pero hay un campo de intereses de la mujer artista sobre los que yo estaba verde y de los que ahora me dejo empapar. Visito las ferias de arte con visión de comisaria, prestando atención a trabajos a los que antes no atendería». A Larrea no le duele en prendas admitir que lo que llegan últimamente son encargos de amigos-artistas. «Así está el tema: no hay dinero para nada, tú te lo montas todo» Nuestra anfitriona sabe que se encuentra en un momento coyuntural, que antes o después dará paso a otra cosa. «Cuando eso ocurra, me gustaría dar un paso más para el que aún no sé si estoy preparada y que me llevaría a compartir estudio con otros compañeros. Pero cada uno con un taller delimitado, independiente. Un espacio más grande, pero en el que pueda mostrar mi obra a modo de “showroom”. Eso será cuando disponga de todo mi tiempo». A tenor de lo sucedido hasta ahora, eso podría ser «tal día como hoy».

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