Tuesday 13 January 2026
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eldiario - 27 days ago

De estos jueces, estos lodos

Algunos jueces se han erigido en actores indeseables de la vida política, poniendo su independencia e imparcialidad al servicio de intereses políticos partidistas con resoluciones que no superan los cánones exigibles de racionalidad, motivación y respeto a la legalidad Los tiempos electorales, en una sociedad democr tica normalizada, los marcan las leyes o los acontecimientos pol ticos. En estos momentos estamos viviendo una an mala intromisi n por parte de la judicatura en el calendario electoral, impulsando de forma descarada las apetencias de los partidos pol ticos que, tras descartar las posibilidades constitucionales que les proporciona la moci n de censura, esperan confiados en que determinadas resoluciones judiciales les hagan el trabajo sucio. El punto culminante se ha alcanzado con la condena inaudita del fiscal general del Estado por desmentir una informaci n que le acusaba de haber cometido un delito de prevaricaci n. Desde hace tiempo la vida pol tica espa ola ha estado jalonada de resoluciones judiciales carentes de fundamentos f cticos y jur dicos que han erosionado las actividades pol ticas de partidos situados en el espectro de la izquierda, alimentando, con la ayuda de un torrente de medios de comunicaci n, la posibilidad de la confrontaci n dial ctica entre opciones ideol gicas pluralistas y diferenciadas. Una parte, pero no toda, de la alineaci n pol tica de un grupo importante de sectores de la judicatura tiene su origen en el sistema de selecci n de las personas que deciden pasar por la tortura memor stica que supone aprenderse contra reloj una serie de temas que se tienen que exponer oralmente en el tiempo tasado de quince minutos. Ocupando su asiento ante el tribunal que va a decidir su futuro, con una jarra de agua a su disposici n para que pasen el mal trago o se hidraten entre tema y tema, disponen de quince minutos para examinar los temas que le han tocado en suerte y tomar notas para su exposici n, si no deciden retirarse ante la imposibilidad, por su mala suerte, de afrontar con xito el cante oral de los temas que le han salido al azar. Si consiguen superar los escollos, normalmente despu s de varios intentos, la tendencia natural del opositor que lo ha conseguido le lleva a disfrutar de un merecido descanso hasta ser destinado a su primera plaza. Es inevitable y muy humano que su horizonte sea llegar al m s alto grado dentro de la pir mide judicial. El sistema de selecci n y promoci n, encomendado, en gran parte, al Consejo General del Poder Judicial, fomenta una indeseable politizaci n que le lleva a integrarse en aquellas asociaciones judiciales que est n m s cercanas a los aleda os del poder. La cuesti n no tendr a m s relevancia si, adem s de sus leg timas aspiraciones, el joven adquiere la conciencia de que estas no pueden anteponerse a la necesaria independencia e imparcialidad que debe revestir la funci n de administrar justicia. Algunos jueces se han erigido en actores indeseables de la vida pol tica, poniendo su independencia e imparcialidad al servicio de intereses pol ticos partidistas con resoluciones que no superan los c nones exigibles de racionalidad, motivaci n y respeto a la legalidad. Los casos de Bego a G mez, esposa del presidente del Gobierno y de su hermano solo se explican por un activismo pol tico del juez y la jueza que los han tramitado. El del fiscal general del Estado ha estallado con toda su potencia demoledora del Estado de derecho. Esos y otros casos que les han antecedido los he descrito como una especie de golpe judicial permanente que erosiona los pilares de la democracia, que no son otros que la divisi n de poderes. Algunos me han reprochado airadamente que estoy incurriendo en un exceso valorativo que me descalifica. A todos les recomiendo la lectura de la obra de Curzio Malaparte, La t cnica del golpe de Estado . Por si les parece una obra tendenciosa, les remito a las alegaciones de la Fiscal a que acus a los independentistas catalanes sosteniendo que las rebeliones del siglo XXI no necesitan del uso de las armas. Saben que act an con total impunidad porque los favorecidos por sus injustificadas actuaciones disponen de una maquinaria medi tica que les pone a cubierto de cualquier sanci n disciplinaria. A los que presumen indebidamente de independencia e imparcialidad les recuerdo los comentarios que se contienen en los Tratados sobre la organizaci n judicial y la codificaci n de Jeremy Bentham, 1843: La palabra independencia es muy hermosa cuando se aplica al esfuerzo moral de un juez que se resiste a la autoridad y a los empe os de pod pero es necesario no dejarse enga ar con esta p porque si se abusa de ella para sacar por consecuencia que un juez debe ser independiente hasta el punto de no tener que dar cuenta de su conducta, de mirar con indiferencia la opini n p blica, de considerar su empleo como una propiedad que no puede perder sino por causa de prevaricaciones justificadas, en breve veremos los resultados deplorables en la negligencia de sus obligaciones o en su altaner a y el despotismo de sus modales . Mantener la independencia, sobre todo en los asuntos de fuerte impacto pol tico o econ mico, es una cuesti n que depende de las cualidades personales del juzgador. El valor para mantener el equilibrio ante las cr ticas e incluso las presiones pol ticas es fundamental para que se refuerce la confianza de la sociedad en la justicia. Ahora bien, la independencia no significa que puedan actuar al margen de la legalidad. El sometimiento al imperio de la ley es el dique de contenci n, frente a la arbitrariedad judicial. Los vicios de origen, la indisimulada adscripci n pol tica de algunas asociaciones judiciales que proclaman, sin pudor, la ilegitimidad de un Gobierno que cuenta con el apoyo de los grupos parlamentarios elegidos por la soberan a popular y la ostentaci n por parte de pol ticos del Partido Popular de su poder para marcar la senda que deben seguir los jueces hasta conseguir derribar al Gobierno e incluso llevar a prisi n a su presidente, son los causantes del lodo en el que se ha convertido nuestro panorama pol tico. Se puede todav a revertir el desastre, si las togas recobran sus valores y retornan a los Palacios de Justicia y los pol ticos se dedican a la noble tarea de proponer proyectos y alternativas para mejorar la vida de los ciudadanos.


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