Monday 19 January 2026
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abc - 1 month ago

Progres huérfanos de la tormenta

El romance entre Julia y Charles nació en plena tormenta, mientras el resto de los pasajeros, incluida la esposa de este último, se retorcían mareados. Para los amantes, la tempestad era un refugio. Pero el fin del romance peligraba con el regreso de la calma. «¿Dónde podremos escondernos durante el buen tiempo, nosotros, los huérfanos de la tormenta?», preguntaba Julia. El fragmento es de Retorno a Brideshead , novela de Evelyn Waugh que también fue adaptada en una exitosa serie. Hoy podría aplicarse a buena parte de la izquierda valenciana. Hay quien vive mejor en el caos que en la gestión; quien se siente más cómodo bajo la tormenta que en el trabajo sosegado. Y, ante la falta de propuestas, siempre queda el recurso fácil: ruido, bronca y tormenta. Durante semanas, la izquierda valenciana, y parte de la española, exprimió hasta la última gota el embrollo de Carlos Mazón en el día de la DANA. Manifestaciones, asociaciones de víctimas, columnas de prensa… todos golpeando como si hubieran encontrado el martillo de Thor. La instrucción judicial centrada en las posibles implicaciones de Mazón en el retraso del Es-Alert les sirvió de munición. Incluso la reciente y sorprendente llamada a Alberto Núñez Feijóo a declarar dentro de la causa parece buscar darle más gasolina al caso. Visto el rumbo de la instrucción, ya solo falta que llamen al tutor de Mazón cuando cursaba Bachillerato para tratar de descubrir si ya entonces se vislumbraba su incapacidad para gestionar crisis. Pero, ya que se ha citado a Feijóo, digo yo que también se podría llamar al presidente Sánchez , con quien también habló Mazón, y de paso descubrir al culpable del retraso en la llegada del Ejército y de la Policía a la zona del siniestro. No obstante, parece que, a pesar del ruido judicial, esa izquierda no se ha dado cuenta de que la caída de credibilidad del Partido Popular por este asunto no implicaba automáticamente una subida para ellos en intención de voto ni en afecto por parte de los valencianos. Y es normal: los valencianos seguimos recordando cómo nos dejaron tirados tras la tragedia. Eso no fue un error. Fue abandono. Y el abandono tiene memoria larga. Y es que la izquierda celebraba la tormenta ajena sin advertir que, en la Comunidad Valenciana, tarde o temprano asoma el sol. Y cuando salió, Mazón pasó de presidir la Generalitat a calentar un escaño al fondo de la clase. Disparar contra un president da ré disparar contra un diputado arrinconado, ignorado por su propio partido, no sirve de nada. Es pegarle a un fantasma cuyo recuerdo se difumina día a día . Aun así, algunas asociaciones de víctimas insisten en mantener, de forma cuanto menos sospechosa, vivas acusaciones y peticiones sin sentido contra Mazón, justo cuando el nuevo president, Juanfran Pérez Llorca, les tiende la mano. Ellos sabrán a qué intereses responden, pero desde fuera el plumero se ve a kilómetros. Y si al PP ya le llueve por dentro, con Paco Camps reapareciendo como quien vuelve al salón familiar y anuncia que también quiere mandar, lo del PSOE valenciano es directamente una galerna. Diana Morant no despega ni con catapulta. Y las otras referentes del socialismo valenciano, Rebeca Torró y Pilar Bernabé , han quedado enterradas bajo su propia inacción ante las denuncias de acoso en el corazón del partido. Y eso que ahora afirman de que «el machismo está en todos los partidos, pero el feminismo solo en la izquierda» ya no se lo cree ni Perry. Luego se molestan de que la gente se ría cuando algún dirigente suelta el mantra de «soy feminista porque soy socialista». Todo ello sin contar que la plaga de corrupción que asola al socialismo patrio puede acabar alcanzando también al de nuestra Comunidad. ¿Y Compromís/Sumar? Flotan como corchos : sin rumbo, sin saber si van o vienen. Y en política, quien no se define, se diluye. Así que a la izquierda solo le quedan dos caminos: ponerse a trabajar de una vez, dejar de girar en torno a Mazón y ofrecer algo serio… o ponerse a bailar una danza de la lluvia esperando que vuelva el temporal y, con suerte, aparezca algún titular milagroso que señale al nuevo presidente. Conociéndolos, elegirán lo segundo. Pero la realidad es tozuda. O, como escribió Waugh, «el alud había caído dejando la ladera desnuda». Así está la izquierda valenciana: con la ladera pelada, sin proyecto y con la maquinaria que podría reconstruirla esperando instrucciones del único al que sirven y que decide algo: Pedro Sánchez. Lo más evidente es que, con el paso de los días, el recuerdo de Mazón se di su sucesor marca cada vez más distancias con él, mientras Morant, Bernabé y Torró son incapaces de mover un dedo si una mirada de Sánchez no les da el visto bueno.


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