Wednesday 21 January 2026
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eldiario - 1 month ago

Los fusilados que siguen bajo tierra: en España hay sin exhumar más de 2.000 fosas de la Guerra Civil y el franquismo

El Gobierno y RTVE han publicado un mapa audiovisual que contabiliza 5.848 enterramientos clandestinos de la Guerra Civil y la dictadura: la mayoría de los que quedan por abrir son de víctimas republicanas, aunque muchos de ellos son ya inaccesibles A pie de fosa en busca de un centenar de represaliados: “Vengo todos los días con la esperanza de que mi padre salga” D nde est mi padre? . La preguntaba quedaba siempre sobrevolando el aire buscando una respuesta que nunca llegaba a convencer del todo a Pino Sosa. Se lo llevaron los hombres , le dec a siempre su madre. Pino ten a entonces seis o siete a os y buscaba a su padre en todos los hombres con los que se cruzaba, pero en plena posguerra hab a muchas cosas que no se pod an decir en voz alta. Entre ellas, que el 19 de marzo de 1939 unos falangistas hab an ido a buscar a casa a su padre, Jos Sosa, hojalatero y tesorero de la agrupaci n socialista de Arucas (Gran Canaria), y su familia nunca volvi a verle. Pino no se dio por vencida y sigui buscando hasta que 81 a os m s tarde lo encontr junto a otros 14 asesinados en el pozo del barranco de Tenoya al que fueron arrojados. Pregunt por l desde que empec a tener uso de raz n, le dec a a mi madre que me hablara de l, me dec a que era muy bueno y cari oso, pero se echaba a llorar y no pod a seguir. Siempre lo busqu , no dej de hacerlo nunca , relata. La mujer tiene grabada su declaraci n ante el Tribunal Supremo durante el juicio de 2012 contra Baltasar Garz n por investigar los cr menes del franquismo. All cont que cuando su padre fue detenido por primera vez, a finales de 1936, ten a dos hijos de dos y cuatro a os y que su madre, Balbina, iba a visitarle embarazada. Cuando fue fusilado, Pino solo ten a dos meses. El pozo de Tenoya en el que estaba Jos Sosa es una de las 5.848 fosas de la Guerra Civil y el franquismo que han sido identificadas en Espa a, seg n consta en el mapa que han elaborado RTVE y el Gobierno en una iniciativa conjunta para poner a disposici n una radiograf a multimedia y actualizada de los enterramientos clandestinos. La primera conclusi n es que el pa s est salpicado por miles y miles de puntos que apenas dejan espacio vac o en algunas zonas. De hecho, aunque pueda no parecerlo, las fosas no son ajenas para nadie: seg n ha calculado RTVE, todo el mundo vive a menos de 50 kil metros de una. Las fosas son individuales y colectivas. Est n en cementerios, cunetas, bar son pozos, minas... E incluyen a v ctimas de la represi n pol tica de la retaguardia y muertos durante la Guerra Civil. De ellas, m s de la mitad, se refieren al primer supuesto: asesinados por la violencia golpista y republicana m s all del frente de batalla y a partir de 1939, v ctimas de las ejecuciones franquistas. De aquellas de las que se puede extraer el dato, la inmensa mayor a, el 83%, pertenecen a represaliados republicanos. Obreros en una exhumación de víctimas franquistas en Torrejón de Ardoz. Diciembre de 1939. El tratamiento de unas y otras fue asim trico tras la Guerra Civil: las v ctimas de los sublevados, los ca dos por Dios y por Espa a , fueron ensalzadas como m rtires y honradas durante cuatro d cadas. Sus cuerpos fueron buscados y dignificados desde el principio. Lo contrario ocurri con los republicanos. El plan de exterminio del enemigo rojo ideado por el franquismo no solo supon a su asesinato, tambi n la desaparici n de los cuerpos que conden a sus familias a no saber d nde estaban y no poder enterrarlos dignamente. Ese duelo inacabado todav a dura hoy en muchos casos porque, medio siglo despu s del fin de la dictadura, hay 2.340 fosas que est n sin exhumar. Entre ellas est n aquellas que nunca han sido intervenidas, pero tambi n las que no podr n serlo por ser inaccesibles y algunas que se han dignificado mediante homenajes, monolitos, placas o monumentos que recuerdan a los represaliados. A ellas hay que sumarles las 1.478 ya excavadas y 505 que fueron trasladadas por la dictadura al Valle de Cuelgamuros, donde hay m s de 33.000 v ctimas. El resto son fosas desaparecidas, prospectadas sin xito o de las que se desconoce cu l es su estado. Fosas a las que ya no se puede llegar Los datos recopilados apuntan a que Arag n, Catalunya, Castilla y Le n, Andaluc a, Comunidad Valenciana y Asturias son las comunidades con m s fosas sin intervenir (por encima de 200). Sin embargo, eso no significa que todas puedan exhumarse porque el pa s se ha llenado en las ltimas d cadas de infraestructuras que han convertido a varias en inaccesibles. Hay enterramientos que est n en el margen de carreteras que han sufrido grandes obras y fosas que han quedado bajo nuevas construcciones que hacen imposible que se pueda llegar a ellas, explica el forense Francisco Etxeberr a, asesor de la secretar a de Estado de Memoria Democr tica. Aun as , desde el a o 2000, cuando se hizo la primera exhumaci n con m todos cient ficos, se han rescatado 18.000 cuerpos, m s de 8.000 desde 2019, seg n datos de la secretar a dependiente del Ministerio de Pol tica Territorial y Memoria Democr tica. Seg n ha calculado Etxeberr a, referente en la materia, a d a de hoy quedan unas 11.000 v ctimas m s recuperables. La arque loga Almudena Garc a Rubio, de la Sociedad de Ciencias Ar nzadi, atiende a elDiario.es desde el cementerio viejo de Ses Figueretes (Ibiza), donde se calcula que 70 personas fueron enterradas tras ser fusiladas por las tropas franquistas entre septiembre de 1936 y junio del 37. Encontrar una fosa y que sea viable ya es un momentazo porque pasar de la fase previa de investigaci n a la de in situ no es tan f cil. A las que no son accesibles, se suman aquellas en las que no encontramos nada. Hemos ido a playas en las que los temporales se hab an llevado lo que quedaba o pozos en los que, tras sacar toneladas de basura, no est n. En los cementerios, en muchos casos han acabado en los osarios junto a miles de restos , esgrime. Haber llegado tan tarde en la mayor a de los casos han pasado m s de 80 a os se ha traducido en que buena parte de los desaparecidos nunca ser n recuperados. La estimaci n judicial del juez Garz n apuntaba en 2008 a 114.000 personas pendientes de encontrar, una cifra que supera las posibilidades reales de hacerlo. Aun as , muchas de las fosas que no son accesibles y que no est n exhumadas han sido o ser n se alizadas y que la exhumaci n sea inviable no debe limitar la investigaci n de lo sucedido porque las familias tienen derecho a conocer la verdad , apunta Etxeberr a. Reconstrucción de cuerpos durante los trabajos de exhumación en una fosa común del cementerio de la Salud de Córdoba. Con todo, las exhumaciones contin an en casi todo el pa s, algunas financiadas por el Estado y otras llevadas a cabo por asociaciones como la Asociaci n para la Recuperaci n de la Memoria Hist rica, cuyo presidente, Emilio Silva, impuls la primera con m todos cient ficos hace 25 a os, cuando buscaba a su abuelo asesinado por pistoleros falangistas en una fosa de Priaranza de El Bierzo (Le n). Aquello se convirti en un punto de inflexi n, pero no fue la primera vez que las familias desenterraron a sus seres queridos. De hecho, se ha documentado que durante la Transici n hubo familias que, sin apoyo de las instituciones y a veces clandestinamente, llegaron a cavar la tierra con palas, picos e incluso sus propias manos. Cuando tras la exhumaci n de Priaranza, miles de personas empezaron a reclamar a sus desaparecidos y comenzaron las exhumaciones cient ficas se produjo la s bita aparici n en la esfera p blica de los esqueletos de civiles ejecutados por los franquistas, en palabras del antrop logo Paco Ferr ndiz, autor de El pasado bajo tierra (Anthropos). Esto provoc un impacto enorme porque, incluso quienes estudiaban la represi n franquista, no se imaginaban la envergadura que hab a tenido. Visibiliz el sufrimiento de los derrotados y la represi n sobre civiles en la retaguardia, uno de los elementos m s corrosivos de la dictadura . El antrop logo ha analizado c mo las exhumaciones desvelaron la brutalidad de la represi n. Hicieron aflorar un subtierro, un destierro subterr neo por el que las v ctimas no fueron solo asesinadas, sino expulsadas de la comunidad de muerte leg tima del Estado. Eso es algo dur simo. Porque esta es la historia de un gran mal entierro: los cuerpos suelen estar boca abajo, como comiendo tierra, excluidos de la comunidad de muertos de un pueblo o una comunidad. Esto refleja una humillaci n postmortem que va m s all del asesinato y que las familias han sufrido , explica. La voluntad pol tica La represi n franquista se extendi por casi todos los rincones de Espa a. Seg n el mapa de RTVE con base en datos de la Secretar a de Estado de Memoria Democr tica, en 2.555 municipios espa oles (el 31% del total) hay o ha existido en alg n momento un enterramiento clandestino. Paterna, en Valencia, es la localidad en la que m s hay con 168 localizadas. Conocido como el pared n de Espa a , se calcula que en el municipio fueron fusiladas 2.237 personas desde 1936 hasta 1956, de las que se han recuperado m s de 1.600 cuerpos en diferentes fosas. Las dos m s grandes exhumadas en este ltimo cuarto de siglo son las del cementerio de San Rafael, en M laga, donde se pudieron sacar los restos de 2.840 v ctimas, y la fosa de Pico Reja, en Sevilla, unos trabajos que recuperaron los cuerpos de 1.786 personas. Todas ellas asesinadas por los sublevados franquistas. De lo que queda y es accesible, son puntos que predominan en el sur de Espa a , que es donde m s muertes se produjeron y suelen albergar grandes fosas , explica Etxeberr a. Es el caso del cementerio de La Soledad (Huelva), donde se calcula que hay 1.100 v ctimas, los de La Salud y San Rafael de C rdoba (4.500) o el de San Eufrasio (Ja n), con m s de 1.200. Para todas ellas la Secretar a de Estado de Memoria Democr tica aprob varias partidas a finales de septiembre, cuando hizo balance de las exhumaciones realizadas hasta la fecha y reconoci que de las 8.941 v ctimas recuperadas desde que Pedro S nchez es presidente, solo se han identificado 70. Este, el de la identificaci n gen tica, es otro de los grandes retos de los trabajos, explica Garc a Rubio: Por qu ? Porque llegamos muy tarde , resume la experta, que apunta a varios factores como la falta de familiares con los que cotejar, las dificultades t cnicas derivadas del mal estado de conservaci n del ADN o la cada vez mayor lejan a de los parentescos. Una mujer con la foto de un familiar desaparecido en el acto de cierre de la fosa de Pico Reja (Sevilla). Pero, adem s, la pol tica de exhumaciones no ha sido homog nea: su desarrollo ha dependido del apoyo o la resistencia de cada administraci n estatal, municipal o auton mica. El Gobierno de Mariano Rajoy lleg a dejar el presupuesto para Memoria Hist rica a cero y en lugares como la Comunidad de Madrid, la primera vez que se ha abierto una fosa de civiles republicanos fusilados ha sido en 2022 y sin el apoyo del Gobierno de Isabel D az-Ayuso. La voluntad pol tica condiciona much simo y son clave los modelos establecidos , se ala Garc a Rubio, que apunta a comunidades como Euskadi o Baleares, donde hay una pol tica continuista frente a aquellos lugares en los que dependen de subvenciones que sumen los proyectos en una gran incertidumbre . Ferr ndiz lamenta que la derecha no haya colaborado hist ricamente para poner fin a la anomal a democr tica que seguir teniendo desaparecidos en fosas y recuerda la crispaci n tan fuerte que a su juicio ha provocado el Partido Popular con declaraciones como las de expresidente Pablo Casado, que acus a los de izquierdas de estar todo el d a con la guerra del abuelo y la fosa de no s qui n .Aun as , el antrop logo reivindica la importancia de haber recuperado casi 18.000 cuerpos. Falta mucho y ha estado muy parado desde el punto de vista institucional, pero esa cifra es algo que no ha ocurrido en muchos pa ses . El experto remarca c mo la b squeda y exhumaci n de fosas contribuye a romper las varias capas de silencio que pesa sobre ellas. Sostiene Ferr ndiz que sobre los cuerpos de los desaparecidos se han ido acumulando durante a os un silencio funerario, pol tico, judicial, religioso y simb lico que, al aparecer los esqueletos de las v ctimas, se corta de ra z . Pino Sosa ya puede hablar. Ya puede contar lo que sabe de la vida y la muerte de su padre. Puede decir en voz alta su nombre y contar c mo recuerda a su madre y otras viudas del pueblo recoger flores y llevarlas a los pozos en las que se o a que hab an arrojado a sus maridos. Besaban las flores, rezaban y las tiraban , cuenta la mujer, que cumple 89 a os en enero y por fin puede llevarle las flores a su padre ella misma a una l pida con su nombre.


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