Tuesday 13 January 2026
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abc - 30 days ago

Qui som? , la esperanza hacia un futuro incierto de Baro d evel

Cuando se va a ver una obra de la compañía Baro d evel una se pregunta cómo describir la energía, el entusiasmo, la reflexión, la compañía o incluso la ternura, porque de todo ello hay en las piezas de esta compañía que desde hace tiempo, prácticamente desde que Camille Decourtye y Blaï Mateu Trias la fundaran en 2006. Qui som? en el catalán nativo de Blaï Mateu, significa quienes somos , en qué queremos convertirnos, se preguntan, y qué puede hacer la Humanidad cuando todo está tan mal y estamos, dicen varias veces, en esta situación de incertidumbre. Pero no crean, no nos dejan con esa mala energía. Ellos plantean la situación real, pero luego van realizando una ceremonia de iniciación colectiva hasta que al final la energía, la ternura, la superación y sobre todo, el colectivo, supera cualquier pesimismo. Por eso cuando Camille Decourtye y Blaï Mateu Trias en uno de los más interesantes diálogos de esta obra, ella insiste en la frase Ne baisse pas les bras (no bajes los brazos), y físicamente así están en escena, sabemos que los mecanismos para seguir los van a compartir con el público. Empecemos desde el principio para decir que da gusto ver en elencos como éste a dos bailarines andaluces, nuestro último y reciente Premio Nacional de Danza, Guillermo Weickert y la bailarina sevillana, Lucía Bocanegra . Dos estupendos intérpretes de dos generaciones muy diferentes, perfectamente integrados y brillantes en esta obra. Mención especial al diálogo de Weickert donde el bailarín demuestra una vez más sus dotes actorales y el trío de monstruosas bailarinas en el que participa Bocanegra. Con la inestimable participación del ceramista Sébastien de Groot, la pieza comienza con una metáfora en la que se usa la arcilla para modelar algo (Blaï Mateu lleva años trabajando el barro), que al final se convierte en un fiasco en el que destaca el gran universo clown de Baró, sensacional en toda la obra, al igual que los grandiosos monólogos que realiza Camille Decourtye, una genialidad su interpretación. Sobre el escenario, una especie de montaña de grandes algas, montaña que luego sufrirá varias transformaciones, cuando expulsa de sus entrañas a bailarines o los e cuando se convierte en pared para hacer danza vertical, o cuando al final, vomita un mar de plásticos compuesto por cientos y cientos de botellas aplastadas. Los once intérpretes aparecen impolutos vestidos de negro a boca de escenario y bajo sus pies comienza a fluir un líquido blanco, que de repente les hace resbalar y caer de mil maneras distintas. Ya no están impolutos, ahora, manchados, cogen unos recipientes de arcilla moldeables y los colocan sobre sus cabezas, y les hacen agujeros para ojos y oídos, pero no se quedan ahí, sino que van sacando más texturas mientras bailan y desarrollan una ceremonia de gestos, danza y música, e incluso Baró se convierte en un aterrador Mikey Mouse con unas orejas naranjas y redondas. La metáfora de un mundo pulcro que no es tal, se ha cumplido. Me recordó este momento a aquella mítica obra titulada Paso doble de Miquel Barceló y Josef Nadj, donde también jugaba un papel importate la arcilla y el barro. Las imágenes se producen de forma rapidísima y de manera constante, incluso no da tiempo a veces a seguir los grupos que se conforman en el escenario, con música electrónica o con piezas de Vivaldi, o con la voz de los propios bailarines que son músicos, actores, cantantes y acróbatas, en una especie de asombroso artista multiuso. Hay en el elenco un sinfín de especialidades, músicos como la argelina Alima Hamel, la acróbata camboyana Voleak Ung , bailarines como Weickert o Bocanegra, o la misma Camille Decourtye convertida en cantante barroca al interpretar la pieza religiosa de Vivaldi, Cum Dederit del Nisi Dominus. ..., pero todos están unidos en esta ceremonia de creación que se lleva a cabo en español, francés e inglés, indistintamente. El escenario se convierte en una ciénaga, la devastación ha llegado, la cultura asoma con impaciencia por entre la degradación de la sociedad, incluso un pequeño perro aparece en escena (siempre hay animales en las creacion de Baro), como para intentar ver la belleza del mundo animal que los humanos ennegrecemos. Una niña (la hija de los creadores Baro y Decourtye), intenta poner orden en todo este escenario y se retira. En la explosión final de la obra, la gran montaña expulsa un mar de plástico que curiosamente va desparramándose por el escenario, con inquietantes movimientos espontáneos que esconden en su interior a los bailarines que van emergiendo poco a poco, mientras Decourtye inicia una arenga hacia el público, reclamando un lugar para la unidad de todos, que no olvidemos la ternura y que hay que seguir aunque el mundo esté en medio de esta incertidumbre, y no lo dice, nos lo chilla con desesperación. Al final, la niña llega al escenario, los mira y poco a poco, de uno en uno, va recogiendo las botellas de plástico aplastadas, y ante eso, todos se ponen a retirarlas, a limpiar la basura, como si se tratara de una penitencia, hasta que la escena queda despejada y la compañía puede de una vez situarse de nuevo ante el público, eso si, lo hace como se lo habían pedido: no bajen los brazos, y ahí, hacia el cielo están sus brazos. Una obra que continuó al final en el hall del Central, cuando los artistas en desfile musical se dirigen a un improvisado escenario y siguen tocando y cantando, generando una enorme energía al respetable que les siguió a modo de Hamelín. Qui som? es como todas las anteriores creaciones de Baro d evel una estampa de creaciones sucesivas, energía, música e inspiradores interpretaciones y sobre todo, una manera de reflexionar a base de reales metáforas que no hieren y que pese a la tristeza, deja un margen para la esperanza colectiva.


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