Tuesday 13 January 2026
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eldiario - 30 days ago

Avi Loeb y los científicos que se pasan al ‘lado oscuro’: cuando el enemigo de la razón duerme en casa

Figuras como el físico de Harvard, que defiende que los cometas interestelares podrían ser naves alienígenas, erosionan la credibilidad de la ciencia desde dentro. Sus perfiles prosperan en un ecosistema mediático que favorece el espectáculo por encima del rigor Hemeroteca - Las ideas conspiranoicas ganan terreno: la mitad de los españoles cree que nos ocultan los ‘peligros’ de las vacunas En los ltimos cinco meses el f sico estadounidense Avi Loeb ha publicado tantos disparates sobre el cometa interestelar 3I/ATLAS, que la primera comparecencia de la NASA sobre el tema comenz cortando de ra z las especulaciones de que se trate de un peligro para la Tierra o de una nave alien gena. Loeb ha conseguido la atenci n global hablando de una supuesta aceleraci n no gravitacional de 3I/ATLAS que podr a ser la firma tecnol gica de un motor interno o deslizando que se trata de un objeto tecnol gico, y posiblemente hostil . A pesar de los esfuerzos de los verdaderos expertos en asteroides y cometas por explicar la aut ntica naturaleza de este objeto estelar, este f sico lleva a os marcando la agenda y atrayendo el foco medi tico hacia las teor as sensacionalistas que empez a elaborar tras la intrusi n del objeto Oumuamua en el sistema solar en 2017. Una de las claves de su xito es que Loeb explota su condici n de f sico de Harvard con una brillante carrera cient fica anterior, que le otorga un extra de legitimidad a ojos de sus miles de seguidores. Son este tipo de perfiles los que, seg n los especialistas, m s da o hacen a la credibilidad de la ciencia, porque la atacan desde dentro. Un cient fico goza de una confianza p blica reforzada, de modo que cuando manifiesta p blicamente ideas absurdas hace un gran da o y compromete el papel social de la ciencia , asegura Joaqu n Sevilla, catedr tico de la Universidad P blica de Navarra (UPNA) y coautor del libro Los males de la ciencia. Hace mucho da o a los investigadores y a quienes creen en ellos , a ade Maite Soto-Sanfiel, especialista en comunicaci n cient fica de la Universidad Aut noma de Barcelona (UAB). Porque la etiqueta de cient fico vende y la gente le cree . Pero esta apelaci n a la autoridad de Loeb tiene trampa: su especialidad es la cosmolog a te rica y en materia de cometas y asteroides es solo un principiante, lo que explica sus frecuentes meteduras de pata. Como denuncia el astrof sico Ethan Siegel, se trata del t pico f sico arrogante que se adentra sin pudor en un campo que le es nuevo y se cree capaz de aportar contribuciones significativas que los cient ficos mediocres de ese campo inferior no tendr an ninguna posibilidad de hacer . Adem s, se ala el astrof sico canario H ctor Socas, Loeb protagoniza una interesante paradoja: solo ahora que se dedica a hacer afirmaciones altamente especulativas ha alcanzado la fama. Esto ilustra un problema m s profundo , reflexiona en un meticuloso art culo sobre el tema. Nuestra sociedad es incapaz de reconocer el verdadero talento cient fico a menos que venga envuelto en sensacionalismo . Licencia para decir tonter as Loeb no es el nico cient fico con una carrera brillante que decide dejar el rigor cient fico en un caj n y pasarse a opinar sobre cualquier campo en favor del show business. En EEUU hay una larga lista de personajes como el f sico Michio Kaku, que ha terminado defendiendo todo tipo de ideas peregrinas en televisi n, el m dico Robert Lanza, creador de una teor a que defiende que nuestra conciencia crea el universo, o el matem tico Eric Weinstein, denostado por los f sicos por lanzar una supuesta teor a de todo sin pies ni cabeza. Un científico goza de una confianza pública reforzada, de modo que cuando manifiesta públicamente ideas absurdas hace una gran daño y compromete el papel social de la ciencia Joaquín Sevilla — Catedrático de la Universidad Pública de Navarra (UPNA) A menor escala, en Espa a tambi n tenemos investigadores que aprovechan un t tulo cient fico para dar una p tina de credibilidad a sus posiciones heterodoxas. Durante la pandemia de COVID-19, por ejemplo, se hicieron famosos personajes como el tod logo televisivo C sar Carballo o el bi logo Fernando L pez-Mirones, protagonista en redes por sus mensajes descabellados sobre el efecto de las vacunas de ARN y autor del libro Yo, negacionista. Un caso reciente es el del neurocient fico A lex G mez Mar n, con una brillante carrera en el Instituto de Neurociencias de Alicante, que acaba de publicar La ciencia del ltimo umbral, un libro sobre las experiencias cercanas a la muerte. En 2021, una grave hemorragia interna casi acaba con su vida y le condujo a una experiencia hiperreal en la que vio a tres figuras que le esperaban en la luz, como gu as espirituales . Soy un hombre que ha pisado el m s all y ahora lo investiga desde el m s ac , escribe. Soy un cient fico que ha puesto su credibilidad al servicio de lo desconocido . G mez Mar n es muy consciente de que ha conseguido mucha m s atenci n medi tica con este relato que con sus trabajos anteriores, pero tambi n de que se ha jugado su reputaci n y su carrera como investigador. No lo hago para vender libros porque obviamente de esto no me gano la vida , explica a elDiario.es. S reconoce que el hecho de ser cient fico refuerza su mensaje y lo hace llegar m s lejos. Claro que juego mis cartas. Todos lo hacemos , defiende. Entiendo que se pueda criticar que use la legitimidad que me otorga la ciencia, pero esto no es criticar a la ciencia, es hacerla mejor . Enfermos de autoridad En su libro La teor a de todo lo dem s (Capit n Swing, 2025), Dan Schereiber defiende que la mayor a de nosotros tenemos un granito de chifladura o alguna creencia estrafalaria, y esto tambi n afecta a los cient ficos. En el mundillo se conoce como el s ndrome del premio Nobel, o Nobelitis , al fen meno por el cual algunos galardonados comienzan a defender ideas extra as o se consideran expertos en campos que desconocen. As , Kary Mullis, inventor de la prueba PCR, negaba que el VIH causara el sida y rechazaba el cambio clim tico o Luc Montagnier, descubridor del VIH, se convirti en un ferviente activista antivacunas. Cometemos el error de creer que, solo porque alguien sea increíblemente inteligente en un área, debe tener un amplio espectro de conocimientos sobre todo Dan Schereiber — Autor de La teoría de todo lo demás (Capitán Swing, 2025) Cometemos el error de creer que, solo porque alguien sea incre blemente inteligente en un rea, debe tener un amplio espectro de conocimientos sobre todo , comenta Schereiber a elDiario.es. Aunque no quiere especular sobre lo que pasa por la mente de Avi Loeb, al que conoce personalmente, el escritor brit nico cree que el gran xito de sus libros y las lucrativas conferencias que da sobre extraterrestres tendr n bastante peso. Es un gran comunicador y ni siquiera hac a falta a adir la teor a de una nave alien gena para tener xito. La realidad del objeto interestelar que estamos rastreando ya es bastante espectacular , asegura. En su opini n, este tipo de cient ficos, como Avi Loeb o el controvertido bioqu mico brit nico Rupert Sheldrake, creador de su propia pseudociencia, tienen demasiada prisa por mostrarnos lo que los investigadores sol an hacer en privado. Darwin se sent durante 20 a os antes de publicar sus ideas , recalca Schereiber. Si has descubierto extraterrestres, investiga durante 20 a os para asegurarte de tener raz n antes de publicarlo y antes de que todos estos detectives aficionados se suban al carro y digan: Ahora tenemos un profesor de Harvard. Eso significa que siempre hemos tenido raz n. Es una nave extraterrestre . Un batiburrillo de sesgos Helena Matute, catedr tica de Psicolog a Experimental de la Universidad de Deusto, cree que en los casos en los que los cient ficos difunden teor as absurdas tiene un papel importante el denominado sesgo de autoridad, pero tambi n un sesgo de confirmaci n. Me gusta esta teor a, busco c mo confirmarla, y f jate, encuentro que este experto est diciendo lo que yo pensaba , explica. Al hilo de esto, recuerda un estudio reciente realizado por investigadores espa oles que mostr con 116 estudiantes c mo las creencias sobre pseudociencias se refuerzan cuando provienen de personas con la etiqueta de expertos . Un científico debería ser capaz de plantearse la posibilidad de estar equivocado y darse cuenta de que si transmite ideas no probadas puede llegar a hacer mucho daño Helena Matute — Catedrática de Psicología Experimental de la Universidad de Deusto Por eso, como dicen los autores, la autoridad conlleva responsabilidad , subraya Matute. En su opini n, es fundamental formar bien a todos los profesionales sanitarios, a los cient ficos y a todos los posibles expertos con autoridad. Un cient fico puede llegar a un punto en el que cree que no necesita seguir poniendo a prueba sus teor as, pero deber a ser capaz de plantearse la posibilidad de estar equivocado y darse cuenta de que, si se equivoca, y lo que transmite son ideas no probadas, puede llegar a hacer mucho da o, mucho m s que un no experto . A Joaqu n Sevilla le llama la atenci n el proceso de conversi n y c mo una persona que se ha dedicado exitosamente a la ciencia puede cambiar hacia este tipo de pensamiento alternativo . Los sistemas de valores personales asociados a la autoimagen y a la pertenencia a un grupo quiz podr an explicarlo , relata. Diversos trabajos sobre el tema hablan de factores psicol gicos, como la b squeda de la fama o la vocaci n de iconoclastia, que predisponen a interpretar anomal as como pruebas de teor as extraordinarias. Y tambi n indican que la presi n de producci n cient fica puede empujar al investigador a identificarse como outsider y buscar legitimidad p blica. En un sistema que premia el impacto y la visibilidad cabe la perversión de que ciertas personas se desvíen más allá de lo éticamente respetable Maite Soto-Sanfiel — Especialista en comunicación científica de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) Maite Soto-Sanfiel ha estudiado el fen meno del hype (exageraci n de los resultados) en el mbito de la f sica cu ntica y destaca la creciente presi n para captar la atenci n a la que se enfrentan los cient ficos como uno de los factores determinantes. Aunque estos casos son excepciones, se producen en un sistema que est premiando la visibilidad, una competici n en la que son valorados porque su nombre es mucho m s sonado, porque recibe m s citas Y en ese sistema cabe la perversi n de que ciertas personas se desv en m s all de lo ticamente respetable , se ala. La responsabilidad de los medios En todo este ecosistema, los medios tienen una gran importancia, porque dirigen el foco hacia temas que despiertan mucha curiosidad, pero que se basan en falsedades o en hechos no probados. Un ejemplo reciente fue el anuncio a trav s de un documental emitido en RTVE de un estudio que revelaba supuestamente que Crist bal Col n ten a rasgos compatibles con origen jud o . M s de un a o despu s, el prometido trabajo cient fico de Jos Antonio Lorente, de la Universidad de Granada (UGR), sigue sin publicarse. La publicaci n reciente de un perfil sobre el neurocient fico A lex G mez Mar n en el diario El Pa s llev a la Sociedad Espa ola de Neurociencia (SENC) a manifestar su indignaci n en una carta de protesta. Otorgar visibilidad a discursos pseudocient ficos desacredita el trabajo de miles de investigadores e investigadoras y contribuye al retroceso en el progreso y el bienestar colectivo , escrib an. Dar altavoz a estos cient ficos que se han pasado al lado oscuro, coincide Joaqu n Sevilla, contribuye a que el papel de la ciencia como fuente de conocimiento fiable para la sociedad se vea deslegitimado . Para Dan Schereiber, el xito de los mensajes de Avi Loeb o G mez Mar n se explica porque dicen lo que mucha gente quiere o r: uno anuncia que los extraterrestres est n llegando y el otro habla a la gente de lo que ocurre despu s de la muerte, un asunto que casi siempre tratan personas que no son acad micas. De modo que cuando un acad mico finalmente se implica y dice que ha experimentado algo, muchos lo interpretan como el abrazo reconfortante de un cient fico que les dice: no te preocupes, vas a ir al cielo . Cualquier cient fico que se inclina hacia estas reas opina el autor brit nico , ya sean fantasmas o telepat a, captar inmediatamente una gran atenci n y las informaciones rigurosas no pueden competir en audiencia. Porque a Loeb lo llevar Joe Rogan a su programa, y eso es la otra cara preocupante de este fen meno, que la ciencia se est vinculando cada vez m s en muchos medios con la teor a de la conspiraci n . Como dijo el neurocient fico Steven Rose en referencia a las teor as de Rupert Sheldrake, este tipo de hip tesis fantasiosas ofrecen un grado de fama instant nea que es m s dif cil de alcanzar mediante la b squeda rutinaria de la ciencia m s convencional . Y eso es muy dif cil de combatir, o pr cticamente imposible. Porque no es lo mismo decir en un titular que el cometa interestelar 3I/ATLAS tiene un exceso de CO2 que anunciar que se dirige a la Tierra con intenci n de destruirla. Controlar nuestros propios impulsos, como comunicadores y como lectores, tambi n es parte de la soluci n al problema.


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