Friday 16 January 2026
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abc - 1 month ago

Antonio Cattoni pregona a la Esperanza bajo la atenta mirada de la Trinidad

El periodista jienense Antonio Cattoni disertó el Pregón de la Esperanza en su L edición en la basílica de María Auxiliadora ante numerosos presentes que siguieron de cerca su alocución de una de las voces míticas del programa El llamador de Canal Sur Radio, y a su vez colaborador de Pasión en Sevilla. La banda de la Oliva de Salteras fue la encargada de acompañarle durante esta cita. En su texto, Cattoni tejió un camino de ida y vuelta con un punto de partida como era la desesperanza hasta llegar al anhelo definitivo en el que nos encontraremos todos, sin olvidar todas las dolorosas que se hacen Esperanza en Sevilla. Abría con una décima Cattoni este pregón que cumple sus bodas de oro en un año particular para dicha advocación de la Esperanza tras la restauración de la Macarena y la misión de la Esperanza de Triana. Se aferraba sin duda el pregonero al cercano corazón de la Esperanza trinitaria, tan divina y tan humana. «Virgen de la calle Sol / que por calle Sol no cabe / que abres el pecho sin llave / y que alumbras, sin farol. / Ilumíname en el rol / de ser hoy punta de lanza. / A ver si el pregón alcanza / a ser digno de tu nombre. / Tener dudas es... ser hombre. / Voy de tu mano, Esperanza». Acudía entonces el pregonero de la Esperanza a Dante y a otras referencias literarias, bajando hasta los mismos infiernos y otros lugares inhóspitos donde la desesperanza está presente . «La muerte no tiene la última palabra. No buscamos entre los muertos a quien vive. Es cuando Esperanza, nos dejas de la mano, para entregarnos a la plenitud», avanzaba Cattoni antes de dedicarle un romance sobre la Esperanza más visual, que en palabras del autor, «es canto definitivo. / Totalidad consumada. / Victoria, feliz encuentro / abrazo en aquella plaza. / Empeño que se ha cumplido / y deuda que está saldada, / lo que sugieren al fin / los compases, las campanas / y Tú al cruzar esa puerta: / Esperanza trinitaria». Hizo alusión Cattoni a la mitad de un trozo de tela en el que depositaba toda su fe un pregonero. No era un trozo cualquiera, sino el que «una madre recién parida corta por la mitad». Explicó que hubo una que tuvo que acudir a una casa cuna para entregar a su hijo, y dejó una de las mitades de este trozo de tela, antes de hacer sonar la campana para accionar un torno y que el bebé pudiera ser recogido y quedarse ella el trozo que le faltaba. Ése trozo era la esperanza, decía el periodista. Porque aunque eso pasaba hace tiempo, «hoy también hay niños en apuros». Algo que en palabras del pregonero lo sabe bien la hermandad de la O . A ella le ha pedido que los ponga en su protección. «Rosa que Dios escogió/ en un jardín abrileño. /Cuida Tú del más pequeño./ Madre nuestra de la O.», terminaban los versos que le dedicaba. Prosiguió contando la historia de Stanley Francis Rothen, el padre Aplás. Un sacerdote franciscano que fue voluntario a orillas del lago Atitlán, durante la guerra de Guatemala. A pesar de las dificultades se quedó con el pueblo: «¿Quién iba a sostener su Esperanza?» , preguntaba Cattoni. Fue asesinado y los indígenas sacan a día de hoy una imagen suya en procesión. «Como el beato Aplás, tantos otros de forma callada no dejan de la mano a quienes pueden caer en el infierno», añadió comparando la labor del franciscano estadounidense con la que las Hermanas de la Cruz hacen en tantos rincones del mundo así como la de la de l a casa acogida Emaus-Esperanza de la Trinidad para reclusos . Manifiestos de justicia social que «aunque cambian con paciencia», acciones como las de la hermandad de la Esperanza de Triana en su misión al Polígono Sur y a la que el periodista le dedicó la Salve. «La madre de Jesús Obrero, obrera», renombró Cattoni a la Esperanza, una «flor» que nace de los «surcos torcidos del Señor. Esperanza que confunde »Las Vegas con Belén«. »Tu hijo, Dios caído, aquí ha caído. /Vuelve siempre, que en las Tres Mil te espera/ un cartel hecho a mano y desleído:/ «Bienvenida, Esperanza misionera», terminó el periodista. De Triana y las Tres Mil, hasta San Roque viajó el pregonero, hasta la Virgen de Gracia y Esperanza. Introdujo los versos que le dedicaba tomando prestados el canto a la Esperanza de Machín en su canción «Espérame en el cielo». Y la sonrisa le llega al cantante cubano al ver el mágico entrechocar de los varales de la Madre de San Roque dijo Cattoni. Continuó reglándole sus afectos a la Virgen de Gracia y Esperanza: «Todo a su paso se alegra/ y al paso también se aclara/ que al mecer de bambalinas/ la luz, que ya juega en casa,/ va salpicando su rostro:/ se esconde, vuelve y se escapa.» Continúo con que la emoción de la espera la Virgen Niña de San Roque, a quien la venida de su hijo, la llegada del parto, le «salpica la cara». Recordó en su texto al mexicano Juan Diego, quien justo un 12 de diciembre recibió la última de las apariciones de la Virgen de Guadalupe sobre el cerro de Tepeyac. Juan Diego temió y la Virgen apaciguó ese sentimiento. Un miedo que abogó a «pasarlo al plural», ya que hacía participes a los presentes que tuvieron miedo «de perder para siempre el rostro en el que nos reconocemos» , haciendo alusión a la Esperanza Macarena. Recordó las palabras de Charo Padilla en su pregón: «Estoy con la Esperanza, nada puede pasarme». Una confianza y tranquilidad, que como dijo el periodista, sintieron los sevillanos al comprobar el pasado 8 de diciembre el magnífico trabajo llevado a cabo por Pedro Manzano. «Y como dijo Javier Macías en su magnífico texto, allí estaban todos los suyos: los de ayer, los de hoy, los de mañana», acuñó Cattoni. «Tras la desazón y el cisma/ zozobra y desasosiego,/miradla a la cara y luego/ advertiréis que es la misma», se escuchó decir al pregonero quien volvió a elevar a la Macarena a estandarte contra el temor: «Contigo ¿Quien dijo miedo?/¡Que viva la Macarena!». Cerró su pregón, como no podía ser de otra forma, con la Esperanza Trinitaria, quien durante toda la velada le acompañó. «He intentado hilvanar, construir un relato que permita descubrir la Esperanza, desde las puertas de la desesperanza, para desembocar en la plenitud», reconoció el pregonero quien afirmó que «a pesar de todo hay razones para la esperanza». «Me quedo aquí, a los pies de María Auxiliadora y siempre bajo su protección; en la entrada de la Trinidad que tantas veces he contado para Canal Sur Radio «, continuó, protegido por el manto de la Esperanza antes de entonar su súplica definitiva. »Tu nombre no es sugestión/ Sino una fuerza concreta/ si la vida bien aprieta/ por un ciego callejón«, dijo de la Esperanza, »la Calma revolucionaria«. »Ancla, proa y luminaria/ de un bergantín español/ que surca la calle Sol: Esperanza trinitaria«.


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