Saturday 13 December 2025
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eldiario - 25 days ago

El disparo mortal del franquismo a la intelectualidad española: la represión del progreso como estandarte de la dictadura

Desde el principio de la sublevación, los golpistas intentaron laminar a la intelectualidad que durante tres décadas había llevado a España a cotas jamás alcanzadas en el campo científico y del pensamientoEl bibliocausto español, la quema de libros por el franquismo durante la guerra y la posguerra Aquel grito del general golpista Jos Mill n-Astray frente a Miguel de Unamuno de Muera la inteligencia! Viva la muerte! no solo fue una declaraci n de intenciones, sino la constataci n de c mo la dictadura pronto apagar a con fusilamientos, encarcelamiento y depuraciones el gran advenimiento de la ciencia, las artes y la cultura desarrollados en Espa a durante el primer tercio del siglo XX. El episodio sucedi en 1936, en la Universidad de Salamanca. No es casualidad. El r gimen se ceb contra aquellos que, adem s de ser los personajes m s reconocidos en su campo de conocimiento, decidieron poner su saber a trabajar por la honrosa empresa de mejorar la sociedad, entre los que se encontraban incluso cat licos practicantes y de ideas conservadoras. El profesor de Historia Contempor nea de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) Jos Mar a L pez ubica en la Junta de Ampliaci n de Estudios (JAE) el germen del intelectualismo que m s tarde perseguir a la dictadura. La Guerra Civil dinamit todo eso, con un bando sublevado cuyas bases estaban en un proyecto intelectual ultraconservador que emparenta con las ideas m s extremistas del siglo XIX y que, entre otras cosas, mantiene el catolicismo y una lectura muy tradicionalista como la base ideol gica del nuevo r gimen , se explaya. De esta manera, primero sublevados y m s tarde vencedores intentaron laminar todo rastro de la JAE, el proyecto liberal e institucionalista en el que consideraban que estaba el inicio de la antiespa a , al igual que suced a con la Instituci n Libre de Ense anza (ILE), creada en 1876. Para L pez, la represi n en forma de depuraciones de profesores en todos los niveles educativos y la censura en libros y la prensa es la versi n cultural de la represi n f sica que otros tantos, y a veces tambi n los mismos, sufrieron por su posicionamiento pol tico. La Iglesia como martillo represivo Javier Mu oz, tambi n docente de Historia Contempor nea en la UCM, asegura que la corriente antiintelectual en la derecha espa ola era algo esencial en ella. Es este profesor quien recuerda que para Enrique S er, presidente del Tribunal de Responsabilidades Pol ticas, los intelectuales eran los culpables de la tragedia espa ola, los malos maestros que hab a tra do la Rep blica, quienes hab an desespa olizado Espa a importando ideas nocivas del extranjero y rompiendo con la tradici n cat lica nacional . Estas ideas, por otra parte, no afectaban a los intelectuales de derechas como Marcelino Men ndez Pelayo, Donoso Cort s, Pedro La n Entralgo, Rafael S nchez Mazas, Dionisio Ridruejo y Ramiro de Maeztu. Mu oz recalca que la persecuci n a la intelectualidad concit una sa a especial por parte de los sublevados debido a la ligaz n entre el nuevo r gimen en construcci n y la Iglesia: Lo ve an como una oportunidad de reconquista. La ILE era para la derecha la metonimia de todos los males y cre a que la Residencia de Estudiantes y la de Se oritas funcionaba como un n cleo asociado al cosmopolitismo judaico y la francmasoner a . Mu oz recupera las im genes de las quema de libros en la Universidad Central, actual UCM, como el s mbolo de la anticultura auspiciada por los alzados. Cuando Mill n-Astray dice que muera la inteligencia, dice que mueran los intelectuales, incluido Unamuno, que hab a criticado a los sublevados con su vencer is pero no convencer is , sostiene este historiador. De la ciencia a la sensibilidad social Ni siquiera hac a falta que una persona hubiera tomado partido por una opci n de izquierdas y/o republicana para que la dictadura quisiera castigarla. Tan solo deb a ser sospechosa de ello, aunque las delaciones por parte de otras gentes, a veces arrastradas por la envidia, fueran infundadas. Jaume Claret, historiador y profesor de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), recalca que cuando estall la Guerra Civil la mayor a de los claustros de las universidades eran de derechas . La purga afect a la generaci n m s joven, fruto de la JAE. A menudo, la apertura cient fica iba acompa ada de cierta sensibilidad social, y de ah el compromiso pol tico , introduce. Lo sucedido con los rectores de las universidades de Granada, Valencia y Oviedo demuestra hasta qu punto el franquismo atac a la alta intelectualidad. Claret, cuya tesis doctoral aborda este fen meno, enfatiza que el fusilamiento en julio de 1936 del salmantino Salvador Vila, formado en la ILE, rector en Granada y uno de los mayores especialistas en estudios rabes, se llev a cabo en parte como castigo a su cercan a con Unamuno. Cuando lo matan, su mujer todav a est en la c rcel junto a su hijo peque o. Manuel de Falla intervino y consigui su liberaci n. El r gimen les oblig a bautizarse porque ella era jud a no practicante, y se fueron de Espa a en cuanto pudieron , agrega. El profesor de la UOC esgrime que la represi n no la hac a Franco, sino los propios colegas de profesi n que delataban y persegu an a sus compa eros . De ah el dicho qui n es mas n? El que va delante en el escalaf n . A fin de cuentas, detr s de cada sanci n y depuraci n, o del exilio, quedaba un bot n a repartir demasiado jugoso para las alima as que promocionar a el nuevo r gimen. No solo perdimos grandes investigadores e intelectuales, tambi n todos sus disc pulos. La dictadura cre una nueva genealog a que entr en la universidad por m rito pol tico, aunque despu s evolucionara su pensamiento , precisa Claret. El caso Peset: dos condenas, un fusilamiento Juan Peset Aleixandre, rector de la Universidad de Valencia, muri fusilado el 24 de mayo de 1941 en el cementerio de Paterna, conocido como el Pared n de Espa a por la cantidad de asesinatos que en l se realizaron. Mart Dom nguez, profesor de Periodismo en la misma universidad, ha recuperado su historia en la novela Ingrata patria m a (Destino, 2025): Peset era un hombre de ideas liberales y progresistas, practicante cat lico y casado con la mujer que presid a Acci n Cat lica. Fueron sus mismos compa eros de universidad quienes le se alaron , comienza a explicar el escritor. Con un expediente de cuatro carreras universitarias y un historial acad mico que le hab a llevado a lo m s alto, este gran te rico de la medicina legal y toxicolog a decidi militar en Izquierda Republicana, incluso a pesar de la buena posici n econ mica que disfrutaba su familia gracias al enriquecimiento obtenido por su laboratorio de an lisis cl nicos. Lleg a ser diputado en la poca del Frente Popular. Dom nguez recuerda que, en una primera causa, Peset fue condenado a 30 a os de prisi n y un d a por auxilio a la rebeli n . Salv la vida, pero no por mucho tiempo. Tres compa eros de facultad insistieron al juez, por lo que una nueva condena se tradujo en la pena de muerte por el agravante de haber incitado a los estudiantes universitarios a defender la Rep blica , relata el profesor valenciano. Seg n este escritor, la necesidad de eliminar el intelectualismo por parte del franquismo fue sin nimo de la necesidad de acabar con el librepensamiento. Peset no necesitaba meterse en pol tica, pero como m dico conoc a la miseria del pueblo y la insalubridad de los hogares de los trabajadores y por eso decidi combatir por el progreso , a ade. En este sentido, Ingrata patria m a indaga en la biograf a de Peset y aporta algunos nuevos indicios que explican qu sucedi con su cuerpo tras su muerte. Una vez fusilado en Paterna junto a otros tres hombres, su cad ver no fue enterrado en una fosa com n como sucedi con los dem s. El m dico que ten a que confirmar su muerte hab a sido su alumno, y adulter su segundo apellido. Yo creo que avis a la familia para que recogieran el cuerpo, que enterraron en un nicho junto a un hermano que hab a fallecido , destaca el mismo Dom nguez. En la seputltura no figur el nombre de Peset hasta bien entrada la democracia. El soldado fusilado por no fusilar a su rector Claret tambi n menciona el caso del rector de Oviedo Leopoldo Garc a-Alas, hijo de Leopoldo Alas Clar n , uno de los principales motivos por los que fue fusilado el 20 de febrero de 1937. Antes de matarle le pusieron orejas de burro al busto de su padre y lo volaron con dinamita , rememora el profesor de la UOC. Seg n abunda, Garc a-Alas tan solo ten a la pretensi n de modernizar la universidad, as que lo ten a todo para que una sociedad al rgica al cambio lo viera como un peligro . Tambi n l coincidi con uno de sus alumnos, en este caso frente al pelot n de fusilamiento. El soldado se neg a participar y acab pagando con su vida el respeto que le profesaba al rector. Los por entonces sublevados consideraron que Garc a-Alas merec a la muerte por ser miembro del Partido Republicano Radical Socialista y diputado en junio de 1931 por Oviedo dentro de la coalici n republicano-socialista. En su causa judicial figuraban como indicios de su ideolog a el haber asistido a un mitin de Aza a, pertenecer al gobierno provisional de la Rep blica y convertirse en rector de la universidad ovetense tras la proclamaci n de abril de 1931. Un retroceso sin igual en la ciencia y el pensamiento No solo estos tres nombres pasaron a la historia como represaliados por el franquismo. L pez, el historiador de la UCM, recuerda tambi n a Ignacio Bol var, catedr tico de entomolog a en la Universidad Central, aunque continu como director del Museo Nacional de Ciencias Naturales y fue un miembro prominente de la JAE. Al estallar la guerra, se fue al sur de Francia y luego a M xico. Siempre dijo que l morir a con dignidad , a ade el profesor universitario. Escribi m s de 300 libros y descubri m s de un millar de especies, as como unos 200 g neros nuevos. Junto a su hijo C ndido, Bol var cre la mayor escuela de entomolog a de Espa a y moderniz por completo el citado Museo. Ahora apenas se le recuerda. La dictadura tambi n apart de su c tedra de fisiolog a al pol tico Juan Negr n, as como al qu mico Enrique Moles, cuya encarcelaci n acab con su carrera acad mica. El gran disc pulo de Santiago Ram n y Cajal, Jorge Francisco Tello, tuvo que dejar atr s sus investigaciones y trabajar para un laboratorio privado en la posguerra. Similar sucedi con Tom s Navarro Tom s, considerado el mejor fonetista que ha tenido Espa a, autor de un manual escrito en 1914 que todav a hoy es referencia y disc pulo de la escuela filol gica liderada por Ram n Men ndez Pidal, un peligros simo revolucionario , ironiza L pez. El que fuera director de la Biblioteca Nacional de Espa a entre 1936 y 1939, fue sancionado y nunca pudo regresar de Estados Unidos. El historiador medievalista Claudio S nchez Albornoz huy del pa s y solo volvi a pisar suelo espa ol tras 43 a os de exilio en Buenos Aires. Era un hombre de misa diaria, con una concepci n muy conservadora de la historia de Espa a, pero que siempre apoy a la Rep blica , comenta este L pez. Tal y como l mismo desarrolla, muchas de las escuelas y disciplinas que hab an conseguido poner al pa s casi al mismo nivel que sus hom logos europeos a principios del siglo XX quedaron totalmente desmanteladas con la Guerra. Muchos de los perseguidos ni siquiera eran peligrosos revolucionarios. La JAE hab a acogido a cient ficos e investigadores, no a pol ticos , a ade. Medio siglo despu s de la muerte de Franco, la sociedad espa ola todav a desconoce las biograf as de cientos de personas que pagaron con su vida la ilusi n y su trabajo por el advenimiento de un nuevo mundo en un momento en el que parec a que todo era posible. Tampoco ser posible saber a ciencia cierta qu hubiera sido de Espa a si la edad de plata de la cultura y la investigaci n no se hubiera visto lastrada por un r gimen que retrotrajo al pa s a las ideas m s tradicionalistas y opuestas al progreso. Claret, el profesor de la UOC, cierra con una elocuente imagen: Cuando hunden la JAE y se crea el Centro Superior de Investigaciones Cient ficas (CSIC), lo primero que hacen es impulsar un instituto de Marialog a. Severo Ochoa estaba exiliado en el extranjero, pero, en cambio, ten amos un instituto centrado en la virgen Mar a. Algo de retroceso s que hubo ah .


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