Tuesday 16 December 2025
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abc - 1 month ago

Una Carmen de cine mudo y una música de nuestros días

El avance en las técnicas cinematográficas está permitiendo recuperar cintas no en el esplendor pasado sino de forma muy superior. Los clips han sido «limpiados» para que estén libres de impurezas, o la misma calidad del celuloide o la imagen han adquirido normalidad en el movimiento, puesto que aquellos característicos desplazamientos de los fotogramas dando saltitos, tan característicos de las películas de cine cómico, ahora se han sustituido (imaginamos que por inteligencia artificial) por movimientos completamente naturales, al haber ampliado los fotogramas de los 15 iniciales a los 24 estándar. La IA proporcionarían los que faltan, convirtiendo el desarrollo de la película en fluido, y para los amantes del blanco y negro sería una doble obra de arte. Seguramente muchos de los que tienen una edad, recordarán aquel gran éxito que lo fue en España a partir de los años 80, y que después hemos podido ver también en televisión (hoy sigue en algunas plataformas), que fue Ser o no ser (1942), una divertida comedia de Lubitsch en su etapa americana. Esto quiso decir que consiguió atravesar las aguas pantanosas para muchos artistas que supuso el paso del cine mudo al hablado: sin ir más lejos, la protagonista de la cinta, Pola Negri. Aunque el guión parta de Merimée , la música sigue muy de cerca a Bizet , aportando momentos que podían alargarse, ya fuese por interposiciones de fragmentos nuevos completamente o por prolongaciones que partían de la música original, y que añadían compases extendiendo los temas reconocibles con otros que parecían salirse de los pentagramas y se convertían en bolas sonoras de sonidos irreconocibles, que a veces se coronaban por células definitorias que asumían el protagonismo, sobre un mar de sonidos defragmentados. Esto ya podemos observarlo en el principio, donde distintos y chocantes sonidos rompen en una explosión hasta el Preludio, que a su vez se vuelve a cuartear en diversas cadencias rotas, siendo finalmente deglutidas por el motivo de Carmen, esa maleable célula de cinco notas que se identifica con Carmen o el fatum. También es como si hubiese querido establecer un orden cronológico . La película empieza en un pueblo y con don José besando apasionadamente a una mientras, otra mujer mayor guisa en un enorme perol sobre las pero la primera no es Carmen, sino Micaela -que aquí se llama Dolores- y la segunda no es una bruja a mitad de un conjuro, sino la madre de Micaela en el pueblo, que dará lugar al bellísimo dúo en el que se evoca ese pueblo y esa vida. Como no hay voces, las melodías del coro de niños van a las trompetas y trombones. La habanera se deja a la madera, pero hay presente una guitarra, no sólo en la melodía, sino también en un rasgueo que aporta ese color andaluz. La detención de Carmen y la posterior huida estuvo bastante coherente, que es una escena fallida casi siempre en las óperas. Con el preludio del acto II en Bizet se prepara la fiesta, se meten fragmentos del aria de la canción gitana, seguida de nuevos ecos del dúo de amor... una atmósfera muy distinta a las anteriores, con las notas de la melodía muy alargadas y en la zona aguda, como por encima del amor terrenal y lujurioso. El baile también más creíble que muchas Cármenes no andaluzas, igual que la escena de la seducción con el fin de levantar la vocación de don José para hacerlo contrabandista, al igual que el momento de la retreta, que no se entiende bien en Bizet (acaba de llegar del cuartel y ya se tiene que ir; aquí la urgencia es porque ha de hacer guardia en un agujero por donde pasan los contrabandistas). Aquí pierde puntos, porque aparecen un montón de contrabandistas y don José tiene que hacerle frente a todos. El aria de la flor es una de las más hermosas del repertorio de tenor, y aquí se la reparten clarinete y oboe principalmente (el oboe tiene un papel salvífico en Bizet), destacando añadidos variados a la ya de por sí bellísima melodía, aunque el final lo terminan trompetas y trombones. Escamillo aparece hacia el final, y Carmen se enamora perdidamente de él. Es como si Lubitsch se diese cuenta de pronto de que tenía que terminar y todavía no había desarrollado el personaje. Espléndido el decorado final, el coche de caballos, los rótulos escritos en español la mayoría de las y la muerte de Carmen queda verdaderamente apretada, tan sólo un plano corto y de aquella manera. De cualquier forma, la película se grabó a 45 años tan sólo de la de Bizet y nos sirve para acercarnos a los decorados de la época, vestuario, y sobre todo la expresión de las caras, con esos ojos tan abiertos, la gesticulación tan limitada y exagerada… Toda una forma de celebrar el 150 aniversario del estreno de Carmen .


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