Tuesday 16 December 2025
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eldiario - 1 month ago

No sé cuánto gana mi pareja : cómo el tabú del dinero en casa empuja a la desigualdad

En muchas parejas, hablar de dinero se vuelve un tema sobre el que no es fácil conversar cuando llegan los hijos. La crianza impone nuevas renuncias, reorganiza prioridades y expone las grietas de una supuesta igualdad“La presión por recuperar tu cuerpo es inmensa”: las madres empujadas a usar inyecciones para adelgazar en el posparto Hay conversaciones que matan m s que el silencio: Cu nto pones t ? , Eso es tuyo o nuestro? , Yo gano m s, pero t tienes m s tiempo libre . El dinero, en la pareja, no es solo n meros: es la gram tica del poder y el lenguaje del valor. Lo que se reparte o se oculta marca las jerarqu as invisibles del hogar, que pueden sostenerse durante a os sin pronunciarse. Por miedo, por pudor o por costumbre, se evita nombrarlo. Pero el dinero atraviesa el amor igual que el amor atraviesa el dinero: ambos sostienen o tensan el contrato invisible de la convivencia. Depende mucho de la pareja, pero es verdad que sigue habiendo muchas a las que les cuesta hablar de dinero. Creo que es algo que viene dado por comportamientos adquiridos: si en tu casa no se hablaba de dinero o se viv a como algo secreto, eso deja huella , dice Natalia de Santiago, escritora, divulgadora y emprendedora espa ola empe ada en hacer la educaci n financiera m s accesible. Adem s, todav a hay muchos complejos: parejas en las que uno se siente por encima o por debajo del otro. Es un tema del que no gusta hablar, tambi n, por temor a equivocarse: nadie quiere parecer taca o ni ignorante. Por las mismas razones, opino que sigue siendo complicado hablar de salud mental o de sexualidad: vamos avanzando, pero todav a hay muchos estigmas que persisten . El silencio, explica, es herencia. Y, a menudo, una forma de protegerse de lo que el dinero revela: poder, culpa o dependencia. Cuando llega la crianza En muchas parejas, hablar de dinero se vuelve un tema sobre el que no es f cil conversar cuando llegan los hijos. La crianza impone nuevas renuncias, reorganiza prioridades y expone las grietas de una supuesta igualdad. Seg n el informe La cuenta de los cuidados de Oxfam Interm n (2025), el 37,1% de las mujeres en Espa a asume siempre o casi siempre el cuidado de hijos e hijas, frente al 5,6% de los hombres. Adem s, un 9,4 % de las mujeres declara dedicarse exclusivamente al trabajo dom stico y de cuidados no remu entre los hombres, apenas un 0,4%. La brecha salarial empieza el d a que te haces madre , afirma De Santiago. Y no se cierra ni cuando los hijos cumplen veinte a os. Ya no es porque nos paguen menos por hacer el mismo trabajo, sino porque, de alguna manera, las mujeres elegimos, por lo general, carreras menos ambiciosas u optamos por trabajos que nos dan mayor flexibilidad, pero que est n peor pagados o tienen menos proyecci n , contin a De Santiago. Es una consecuencia directa de la conciliaci n, una renuncia que permite que uno de la pareja normalmente el hombre trabaje sin frenos en una carrera mejor remunerada. Las mujeres solemos conformarnos con ese tipo de trabajos m s flexibles o reducimos nuestra jornada para cuidar y as nos hipotecamos: cuesta m s que te promocionen si tienes una jornada reducida. Esa brecha tiene impacto en los derechos que acumulamos para la jubilaci n, por ejemplo . Esa renuncia tiene efectos que no siempre se ven: menos ingresos, menos cotizaci n, menos pensi n. La maternidad, m s que en un par ntesis, se convierte en un peaje que se paga con el tiempo. Cuando hay poco, se habla con m s claridad El tab del dinero aparece con fuerza cuando hay desequilibrio: cuando uno gana mucho m s que el otro, cuando la dependencia econ mica deja de ser circunstancial y se vuelve estructural. En la mayor a de las parejas heterosexuales, el sueldo m s alto sigue siendo el del hombre. Hablar de dinero, en ese contexto, puede ser una forma de incomodidad o incluso de humillaci n. Pero hay un lugar donde el silencio se rompe: la escasez. En las parejas que viven con lo justo, el dinero no se convierte en un instrumento de poder, sino en un ejercicio de cooperación: un pacto de supervivencia E., artista pl stica y madre de dos hijas, me cuenta que, en su casa, el dinero nunca fue motivo de discusi n porque jam s sobr : Hablamos de dinero, pero no de las cuentas de la casa o las facturas: esas se pagan y ya. Si hablamos de dinero es para so ar con lo que har amos si lo tuvi ramos para comprar y arreglar una casa. Desde el principio de nuestra relaci n asumimos naturalmente que el dinero que ambos gan bamos era de los dos, y as ha sido siempre. Tenemos la suerte de que en este tema sentimos y opinamos igual: el dinero viene y va, es solo dinero, y siempre hemos tenido lo m nimo, pasando por pocas bastante complicadas , cuenta. Creo que las parejas que tienen m s dinero son las que discuten m s sobre l, lo he visto tantas veces Cuando hay una base com n de filosof a de vida, amor y una capacidad de vivir con poco y buscarte la vida, el tema del dinero no es motivo de discusi n , opina. Su testimonio revela algo esencial: el silencio tambi n es un privilegio. Cuando el dinero sobra, se puede es cuando falta, se convierte en una conversaci n inevitable. La precariedad obliga a hablar con franqueza, a negociar, a improvisar. E. reconoce, sin embargo, la carga invisible de la desigualdad: Nunca le he dicho a mi pareja que, a veces, me siento en deuda con l porque carga con la responsabilidad econ mica en mayor medida. Mi trabajo es muy inestable y la mayor a de los meses, si viviera sola, no podr a asumir ning n gasto. E l ha tenido siempre la iniciativa y ha hecho el esfuerzo de trabajar de cualquier cosa para ganar lo m nimo que nos hace falta y mantenerlos, y ha trabajado en verdaderas mierdas. Yo nunca me he bajado del carro de trabajar de algo que no sea lo m o, aunque no gane lo suficiente . Tampoco he querido sacrificar ning n momento de mi maternidad. Paso mucho tiempo sola con mis hijas, s profundamente lo que son los cu l tambi n, porque siempre hemos sido padres lejos de nuestras familias, pero hay cosas que se le escapan , explica. Es consciente cuando pasa solo con las ni as algunos d as, cuando ve todas las cosas de los cuidados y del mantenimiento de la casa que son invisibles para quien no las hace o nunca las ha hecho. Siempre meto mucha ca a con esto, para que todas las cosas invisibles que hacemos en la casa se hagan visibles: encontrar tu ropa doblada cuando te vas a vestir para ir al instituto, saber d nde est tal libro, que el ba o est limpio , argumenta E. En las parejas que viven con lo justo, el dinero no se convierte en un instrumento de poder, sino en un ejercicio de cooperaci n: un pacto de supervivencia. Cuando el silencio se confunde con armon a M. tiene estudios de postgrado, es emprendedora y tiene tres hijos. Me cuenta que nunca ha hablado abiertamente de dinero con su pareja: No s cu nto gana. S que gana m s que yo porque tiene varios trabajos. Gana un fijo que se me antoja abundante, aunque nunca he visto su n mina, y otros variables por diversas colaboraciones. Vivimos en una casa de su familia, sin cargas. El 85% de mi sueldo entra en la cuenta de gastos compartidos. No me atrevo a proponer demasiados planes o salidas porque ese exiguo 15% no da para mucho. Trabajo como aut noma, desde casa y me hago cargo de la mayor parte de los cuidados y de las tareas del hogar. Supongo que me siento en la obligaci n de ocuparme de ellos al aportar menos dinero a la econom a familiar . Su relato muestra el reverso de la escasez: no se habla de dinero para no desestabilizar lo que parece equilibrio. La sensación de dependencia, de que tu vida económica no la controlas tú, merma mucho la calidad de vida de las personas Natalia de Santiago — divulgadora de educación financiera Pero la desigualdad econ mica tiende a traducirse en desigualdad dom stica. Quien aporta menos dinero asume m s cuidados. El dinero no es solo dinero: es reconocimiento, capacidad de decisi n, espacio propio. Como advierte De Santiago, el dinero es una de las mayores fuentes de estr s y es una de las cosas que m s afecta al bienestar global de una persona. Ahora que hablamos m s sobre la salud mental, no debemos olvidar que el dinero es una de las causas mayores de estr s, de ansiedad y de malestar. La sensaci n de dependencia, de que tu vida econ mica no la controlas t , merma mucho la calidad de vida de las personas. Si crees que no puedes salir de una relaci n porque no podr as mantenerte, eso te coloca en una situaci n de vulnerabilidad . Los datos lo corroboran. Un tercio de las familias espa olas con hijos vive con menos de 2.000 euros al mes, seg n el IV Observatorio Cofidis de Econom a Sostenible. Los hogares monoparentales la mayor a encabezados por mujeres concentran el mayor riesgo de pobreza laboral, de acuerdo con Save the Children. La confianza como econom a compartida El testimonio de A. expatriada, madre de una hija ofrece una visi n radicalmente opuesta: Comparto cuenta con mi pareja desde que nos conocemos. En casi 13 a os juntos, ha habido etapas en las que trabajamos los dos y otras en las que solo lo hac a uno de nosotros, antes de que naciera nuestra hija y despu s. El dinero nunca ha sido un tab ni un motivo de discusi n; en tal caso, a veces ha sido una preocupaci n que nos ha hecho tomar decisiones conjuntas. El dinero nos ha unido en disfrute y el no tenerlo nos ha unido en la incertidumbre y la lucha mano a mano. Ahora mismo, l no trabaja y se ocupa mucho m s de nuestra vida diaria que yo; lleva a nuestra hija al colegio, hace el desayuno, la compra, saca a los perros Cuando ha sido lo contrario, soy yo la que me ocupo m s. Por supuesto, el balance no llega m gicamente: han sido aprendizajes continuos y replanteamientos. Damos mucho valor al trabajo que hacemos en casa, al de fuera de casa, al pagado, al no pagado Valoramos el esfuerzo, lo sabemos ver el uno en el otro. Siempre nos hemos mirado bien, con mucho cuidado, pero tras convertirnos en padres, todav a valoramos m s cuidarnos como n cleo: somos una familia . A lo mejor, soy rara contin a A. , pero nunca he entendido lo de ir a medias con tu compa ero o compa era de vida. De alguna manera, para m implica que vas a medias tambi n en todo lo dem s. Si el dinero es lo nico tangible que se puede tocar y controlar y vas a medias, todo lo que mide la generosidad, implicaci n, tareas, etc., es m s cuesti n de confianza que de otra cosa . Su reflexi n rompe con la idea de que la igualdad econ mica exige simetr a perfecta. A veces, la verdadera igualdad est en la reciprocidad: en reconocer que el valor no siempre se mide en euros, sino en cuidado, esfuerzo y presencia. Si el dinero es lo único tangible que se puede tocar y controlar y vas a medias, todo lo que mide la generosidad, implicación, tareas, etc., es más cuestión de confianza que de otra cosa A — expatriada, madre de una hija Cu nto valen los cuidados? El trabajo dom stico y de cuidados no cotiza, pero sostiene el sistema econ mico. Como escribi Silvia Federici en Revoluci n en punto cero. Trabajo dom stico, reproducci n y luchas feministas (Traficantes de Sue os, 2013): Fue gracias a mi implicaci n en el movimiento de las mujeres como fui consciente de la importancia que la reproducci n del ser humano supone como cimiento de todo sistema pol tico y econ mico y de que lo que mantiene el mundo en movimiento es la inmensa cantidad de trabajo no remunerado que las mujeres realizan en los hogares . De Santiago lo confirma desde la pr ctica: Yo creo que s se puede medir lo que cuestan los cuidados. Recuerdo que una vez pens : Cu ntas personas tendr a que contratar para sustituirme a m ? . Y era a varias, porque en ese momento ten a cinco hijas peque as, en colegios distintos, con lenguas diferentes Pensaba: Nadie se multiplicar a como yo, sin horarios, sin bajas . Calcul que, como m nimo, har an falta dos o tres personas. Pues bien, piensa en cu nto tendr as que pagarles, y de esa manera ya puedes cuantificar ese trabajo . El cuidado es trabajo, solo que no lo llamamos as . La conveniencia lo disfraza de amor o de instinto, y as perpet a su invisibilidad. Hablar de dinero es hablar de amor Romper el tab no es hacer cuentas, sino asumir que los cuidados tienen un valor. De Santiago lo explica con claridad: Pedir un sueldo a la pareja por cuidar a los hijos puede resultar inc modo, incluso agresivo. Pero s animo a las mujeres a proponer algo como abrir un plan de pensiones o un veh culo de ahorro a su nombre. Es una manera de ir construyendo un futuro que, por estad stica, siempre es m s incierto para nosotras. Y los temas de dinero hay que abordarlos desde ah , desde la construcci n, no desde la confrontaci n. Cuando hablamos de construir un futuro com n, eso tambi n implica proteger a la parte que hace m s sacrificios o que se ver m s penalizada por los ni os, por el trabajo, por lo que sea . No todos los papeles son iguales, ni todas las protecciones son las mismas. Si tu trabajo est peor pagado o te has reducido la jornada, eso tendr un impacto en tu pensi n y en tus derechos. Hablarlo desde esa perspectiva de equipo no deber a ofender a nadie. Al contrario: es la forma m s honesta de cuidarse mutuamente y de entender que no todos los papeles pesan igual. Porque lo que no se paga tambi n cuesta y lo que no se nombra, tarde o temprano, pasa factura.


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