Tuesday 16 December 2025
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eldiario - 1 month ago

Miquel Seguró, filósofo: Verlo siempre todo mal solo trae más angustia y desesperación”

La seducción del encanto (Herder) radiografía con un estilo ameno las causas del actuar malestar colectivo y a la vez propone soluciones para combatir el desánimo contemporáneo El anterior Rincón de pensar - Yásnaya Aguilar, lingüista indígena: “La identidad colectiva se debería formular a partir de la clase, no de la bandera” Miquel Segur Mendlewicz (Argel, 1979) es un fil sofo un poco at pico porque es un pensador que no responde a la imagen de muchos de sus sesudos colegas. Pero tampoco es de los que han encontrado en esta disciplina una manera de escribir libros e impartir charlas que les sit an m s cerca de los gur s de la autoayuda que del rigor acad mico. Acaba de publicar La seducci n del encanto , con la editorial Herder, en la que dirige tambi n la colecci n de Pensamiento. Se trata de un ensayo en el que de manera inteligible describe la poca de des nimo en la que estamos instalados a la vez que examina las maneras de recuperar lo que resume como el encanto perdido. El libro empieza con una cita de Camus en La ca da : Ya sabe lo que es el encanto: una forma de o r una respuesta afirmativa sin haber dirigido ninguna pregunta precisa . Esta es la conversaci n que mantuvimos con motivo de la presentaci n del ensayo y que ha sido editada para facilitar su comprensi n. En el libro nos recuerda que pasamos seis horas cada d a conectados a internet, de las cuales dos es enganchados a las redes. C mo interpreta estos datos? Las redes sociales no tienen xito porque s . Son redes que conectan con nuestras necesidades de relacionarnos, de obtener informaci n y de distraernos. As lo reflejan las encuestas que tratan de saber qu buscamos en ellas. Las redes tienen gancho porque tienen que ver con estas necesidades. Otra cosa es que les demos el uso que a veces les damos. Somos muchos los que, por ejemplo, entramos en las redes si no podemos dormir aunque sepamos que eso no nos ayuda a desconectar. Las redes nos atrapan y eso tambi n comporta problemas, pero no siempre debemos echarles la culpa de todo. Sin relativizar para nada esos problemas o los mecanismos del poder que se fijan en las redes para explotar su encanto, me parece que nunca est de m s plantearnos por qu tenemos tanta servitud voluntaria con ellas. Es decir, qu nos pasa interiormente para estar scrolleando horas y horas frente a la pantalla aunque no queramos hacerlo. Las redes reflejan nuestras contradicciones, puede que hasta las amplifiquen, pero las contradicciones son nuestras, no de las redes. Defiende que necesitamos resets ante tanto aislacionismo y negatividad. Es una buena receta pero igual no es f cil. Buscarle encanto a lo que hacemos es una necesidad vital, pero el encanto es dif cil de encontrar porque es complicado de predefinir. El encanto es una especie de melod a en la que todo ocupa su lugar. Cuando el encanto aparece, las cosas suenan bien. Todo hace clac . Nos encanta un paisaje, una situaci n, un encuentro, porque nos conmueve e implica profundamente. Estamos donde queremos estar. Pero el encanto puede r pidamente esfumarse. Es fr gil, no es programable ni est a golpe de clic y entonces podemos caer en la tentaci n de llenar exageradamente nuestro tiempo con lo que sea para reencantarnos, cuando en realidad esa huida hacia adelante es lo que m s lo aleja. Un d a me di cuenta de que siempre que sal a a la calle iba con los auriculares puestos. A todas partes. Entonces me forc a ir sin ellos un tiempo y constat lo obvio: que hay vida m s all del auricular. Y ya cuando decid no mirar el m vil caminando por la calle, el mundo entero volvi a revivir. Tenemos la cabeza saturada de ruidos y distracciones que nos enturbian y alteran, pero nos cuesta mucho dejarlas de lado porque el silencio nos asusta todav a m s. A veces pienso que si tuvi ramos m s tiempo para observar y escuchar, y menos prisa para hablar, nuestro d a a d a sonar a de otro modo. El encanto, dice en su libro, es una alternativa a la sociedad del des nimo, pero tambi n habla de que muy cerca del hechizo est n las hechicer as, a qu se refiere con esto? Vivir con encanto es una necesidad vital, y eso puede atraer la mirada de quien quiere aprovecharse de l para su beneficio. El encanto nos cautiva en el sentido literal, porque nos hace cautivos, nos arrebata y se lleva toda la atenci n, y eso tambi n lo sabe qui n quiere sacar un beneficio a costa de l. El encanto hechiza, por eso mismo es susceptible de todo tipo de hechicer as. Funciona un poco como con la seducci n er tica, que precisamente porque es arrebatadora tambi n puede ser fatal. En una sociedad tan desanimada como la nuestra y con tanta falta de chispa, el encanto va muy buscado. Y por eso mismo, porque nos urge, las hechicer as pueden aparecer por cualquier parte. Siempre hay quien puede querer dar gato por liebre y sacar tajada, tanto en el plano m s personal (en el amor, la salud o el dinero) como en el comunitario (en la pol tica o en cualquier otro mbito que permita influenciar sobre el colectivo). El encanto lleva asociadas todas las ambig edades que nos definen como humanos. Pero una vez m s los contradictorios somos nosotros, no la experiencia del encanto. Somos nosotros los que somos capaces de estropear incluso las cosas m s bonitas del mundo. Seguró plantea en su ensayo cómo combatir el desánimo de esta época. Tambi n analiza uno de los conceptos de moda, la posverdad. Subraya algo interesante y que a menudo olvidamos y es que no son mentiras sin m s sino que responden a intereses. La posverdad, es decir, la mentira, ha existido desde siempre, as que no es responsabilidad exclusiva de las redes sociales que exista. Incluso me parece que grandes posverdades de la historia quiz s no habr an prosperado tanto de haber existido en su tiempo las redes sociales. Las redes no solo propagan las me tambi n ayudan a desmantelarlas. Cuando se desenmascara una mentira a trav s de la redes, el descr dito de quien ha mentido tambi n se viraliza y eso hace que m s de uno se lo piense antes de decir seg n qu cosas. Aun as , el gran problema para m es que hoy parece que da igual si algo es verdad o mentira. Se ha impuesto un cierto pasotismo epistemol gico en relaci n a la verdad de las cosas, como si preguntar qu es la verdad fuera algo anticuado. Y no es as , porque en la mentira nunca se est bien. La mentira genera desconfianza, sospecha, nos a sla y acaba por comernos la cabeza. Adem s, la verdad tiene muelles y siempre tiende a emerger. Tarde o temprano las cosas se acaban sabiendo. Pero en la especie de negacionismo epistemol gico en el que estamos se ha hecho creer que tenemos la potestad de decidir qu nos conviene que sea verdadero y qu no. Somos nosotros los que somos capaces de estropear incluso las cosas más bonitas del mundo. Le traslado una pregunta que plantea en uno de los cap tulos: Qu le pasa a nuestra democracia que provoca tanto desencanto? Empiezo con una premisa: no estoy de acuerdo con que todo en la vida sea pol tico. Me parece que eso es reducir la complejidad de la realidad, comenzando por la pol tica misma: en la pol tica no todo es pol tico. Influyen en ella emociones, dinamismos inconscientes, preguntas existenciales y elementos muy personales de los que ni nos damos cuenta. En este sentido, quiz s le pedimos a la pol tica que resuelva ciertas cosas del mbito personal que obviamente no puede resolver. La democracia debe garantizar los m nimos para poder ser felices, pero la democracia no puede garantizar por s sola llegar a la felicidad, porque eso depende de muchos otros factores. A la democracia hay que exigirle que pare los excesos neoliberales y acabe con la precariedad en mbitos tan sensibles como el trabajo, la cesta de la compra o en la dificultad de construir un hogar, que es algo m s que disponer de un techo. Pero cuidado con ser autodestructivos porque quemarlo todo y decir que ya nada sirve no soluciona nada y solo empeora las cosas. En la vida personal el impulso de la autocr tica excesiva solo nos destruye m s, y en lo colectivo un exceso de todomalismo , verlo todo mal, solo trae m s angustia y desesperaci n. A la democracia tambi n hay que cuidarla y valorarla. A todo lo que tiene de bueno tambi n hay que prestarle atenci n, no vaya a ser que despu s lo echemos en falta. La verdad tiene muelles y siempre tiende a emerger Me ha llamado la atenci n que haga referencia a la dramasof a , una tendencia de la filosof a a encontrar peros a todo. Desde hace un tiempo existe en la filosof a occidental una tendencia a dimensionar exclusivamente los problemas y a focalizar la atenci n en lo negativo. Tengo la sensaci n de que desde los 70, y con la posmodernidad sobre todo, se ha puesto de moda un tipo de filosof a poco dada a valorar la parte bonita de la vida. Como si eso hiciera a la filosof a m s radical y rebelde. Pero el todo-malismo no hace a la filosof a m s aut ntica, ni menos a n la prepara para afrontar la realidad. De hecho, la dramasof a es parcial y casi falaz porque en el mundo tambi n hay belleza, bondad o amor. Con esto no estoy diciendo que lo suyo sea irse al otro extremo y tapar o relativizar lo negativo. Eso s ser a dram tico. Pero los problemas nos piden audacia, creatividad y frescura en el pensamiento, y tengo la impresi n de que nos hemos acostumbrado a una forma de hacer filosof a que gira en torno a una sobre-problematizaci n a veces forzada. Plantear una filosof a con un acento exclusivamente negativo me parece m s un prejuicio que un l cido juicio sobre el mundo. Desde hace un tiempo existe en la filosofía occidental una tendencia a dimensionar exclusivamente los problemas y a focalizar la atención en lo negativo. Dedica unas cuantas p ginas a la inmortalidad digital. Por qu es tan importante? La muerte es una de las experiencias que m s nos condicionan en la vida. Solo hace falta constatar el estr s que nos supone ir a recoger unas pruebas m dicas importantes. Pero desde hace unos siglos nos llevamos mal con nuestra realidad finita. La negamos, como si fuera otra fake news . Incluso ltimamente se habla de la posibilidad de lograr una inmortalidad digitalizada. En todo caso, este renovado inter s por la inmortalidad tiene que ver con lo que llamo al final del libro el retorno de la religi n, que ya constatamos en diferentes mbitos de la cultura y de la sociedad. Es decir, el retorno de la religaci n . Nos sentimos desvinculados, sin comunidad, faltos de sentido y hu rfanos de encanto, y las religiones y lo espiritual son un gran trampol n para replantearnos nuestro lugar en el mundo, a lo grande, y ampliar los horizontes de la vida. En definitiva, para redescubrir el Encanto, con may sculas. Habr que ver, eso s , c mo se va concretando este retorno.


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