La auténtica brecha no separa a jóvenes y mayores, sino a quienes dependen de su trabajo y a quienes viven del trabajo ajeno. No son los jubilados los que devoran a los jóvenes, sino un sistema que permite que la riqueza se concentre arriba mientras el resto se pelea por las migajasAnalía Plaza y el debate generacional: “¿Queremos un Estado del Bienestar que dependa tanto de la familia?”
El exdirigente de extrema derecha Juan Garc a-Gallardo, de 34 a os, ha declarado que la generaci n boomer est impidiendo la prosperidad de los j venes . Los boomers los que hoy tienen entre 61 y 79 a os son, en su mayor a, jubilados. El ultraderechista no est solo: la periodista de El Pa s Estefan a Molina, tambi n de 34, asegura que los pensionistas est n devorando a sus hijos . Y Anal a Plaza, de 36, acaba de publicar La vida ca n, un libro que apunta a los boomers como el grupo por edad con mayor riqueza del pa s y que describe su vida como m s c moda, m s f cil, m s segura que la de sus padres o la de sus hijos.
El mensaje cala: los mayores ser an los culpables de la pobreza y precariedad juvenil. Pero esa lectura es una trampa, como la ha definido el periodista Carlos S nchez, de 69 a os y mucho m s esc ptico respecto a este relato. En realidad, los datos avalan que la desigualdad creciente no es fundamentalmente un problema entre generaciones, sino entre distintas posiciones en la estructura de clases. No son los jubilados los que devoran a los j venes, sino un sistema que permite que la riqueza se concentre arriba mientras el resto se pelea por las migajas.
El debate tiene dos niveles: uno de diagn stico y otro propositivo. Respecto al segundo, la mayor a de los an lisis culmina con una cr tica devastadora al sistema de pensiones p blicas, considerado como excesivamente generoso. Molina, por ejemplo, justifica que los j venes piensen, seg n ella, que es un desprop sito la indexaci n de todas las pensiones a un IPC desbocado y sugiere que la necesidad de rentas de los nuevos jubilados quiz s no es tan elevada . El economista Gonzalo Bernardos, de 62 a os y habitual en los medios de comunicaci n, ha subrayado que lo de la generosidad de las actuales pensiones es imposible de mantener , mientras que Plaza concluye sobre las pensiones p blicas que ahora mismo el debate est en que no hay dinero suficiente para pagarlas .
Estas cr ticas parten de un diagn stico cada vez m s compartido: la existencia de una creciente brecha intergeneracional en Espa a. En los ltimos meses, dos trabajos s lidos y completos han apuntado en esa direcci n: el informe de J. Ignacio Conde-Ruiz y Francisco Garc a-Rodriguez para Fedea, centrado en la riqueza, y el informe de Javier Mart nez Santos y Jorge Galindo para EsadeEcPol, que aborda tanto renta como riqueza. A partir de este diagn stico emerge por parte de otros actores, como los citados m s arriba la culpabilidad de las pensiones y de los pensionistas. Pero y si ese diagn stico no justifica realmente la cr tica al sistema de pensiones? Y si la brecha intergeneracional est en otro lugar uno mucho m s inc modo de mirar y poco o nada tiene que ver con las pensiones? Y si m s que la edad lo que determina la desigualdad y nuestras posibilidades es la clase social?
La desigual evoluci n de la renta
El n cleo del diagn stico tradicional suele resumirse en un mismo gr fico: la evoluci n de las rentas netas medias desde 2008. Este indicador, utilizado con ligeras variaciones por la mayor a de los analistas, sirve de base para argumentar la existencia de una creciente brecha generacional que se sostiene principalmente por el enriquecimiento muy superior de las generaciones mayores de 65 a os.
Evolución de la renta media por persona por grupos de edad
Renta media por persona según el grupo de edad. Precios corrientes
Fuente: elaboración propia con datos de la Encuesta de Condiciones de Vida (INE)
Como se puede observar, el grupo de m s de 65 a os (l nea en amarillo oscuro) era el tercero con mayor renta media en el a o 2008, pero desde el a o 2013 es el primero. Es decir, desde que empezaron a jubilarse los boomers, el grupo de m s de 65 a os pas a ser el que disfrutaba de mayor renta en Espa a. El estudio de EsadeEcPol usa estos mismos datos para llegar a la conclusi n de que los mayores de 65 experimentan ingresos medios sustancialmente m s elevados en 2024 respecto a 2008, unos 2.500 m s, superando en promedio a todos los grupos de edad m s j venes . Tambi n emplea esos datos el siempre atento Kiko Llaneras, en su art culo J venes contra boomers? , aunque en este caso usando la mediana (m s adecuada que la media). El problema es que la elecci n respecto del indicador, al que recurren todos ellos, es incorrecta.
Ese famoso gr fico mide la renta media per c pita, lo que implica dividir el ingreso del hogar entre el n mero de miembros. Eso genera un sesgo por tama o de hogar y heterogeneidad de las rentas dentro de cada grupo, al considerar la aportaci n de todos los miembros por igual. Por esa raz n Eurostat considera por defecto otra forma de medirlo: la renta media por unidad de consumo, que asigna a cada miembro del hogar una ponderaci n establecida por la OCDE. Si recurrimos a este otro indicador, mucho m s adecuado, las tendencias se mantienen pero la fotograf a cambia:
Evolución de la renta media por unidad de consumo y edad
Renta media por unidad de consumo según el grupo de edad. Precios corrientes
Fuente: elaboración propia con datos de la Encuesta de Condiciones de Vida (INE)
Ahora en ning n momento los mayores de 65 a os son el grupo con m s renta media. Sigue existiendo un crecimiento de las rentas de este grupo durante los a os de crisis, mientras la del resto de los grupos descend a, pero el cambio es mucho m s modesto que en la medici n anterior. La recuperaci n tras 2015 se presenta similar y solamente en los ltimos a os el ritmo de crecimiento de la renta media de los mayores de 65 a os es superior. Con todo, en esta nueva fotograf a los boomers no parecen ni tan extraordinarios ni tan culpables.
De hecho, lo que observamos no es ninguna anomal a. Las rentas laborales de los trabajadores siempre se mueven al comp s del ciclo econ mico: caen cuando el PIB se contrae y suben cuando la econom a se recupera. Son, por naturaleza, end genas a la actividad. Por el contrario, las transferencias p blicas, como las pensiones, no siguen ese vaiv n: dependen de decisiones pol ticas y, por tanto, se comportan de forma m s estable. Esa diferencia permiti sostener la demanda agregada durante las recesiones, pero tambi n modific la distancia entre las rentas medias de unas generaciones y otras.
De este modo cabe arg ir que el problema no est en el nivel de las pensiones que han evolucionado de manera bastante regular y predecible , sino en el golpe asim trico que las crisis econ micas propinaron a los j venes. La precariedad y la inestabilidad laboral hicieron que fueran los primeros expulsados del mercado de trabajo y los ltimos en recuperar sus condiciones previas. Los trabajadores de m s edad tambi n sufrieron, pero menos, y esa desigualdad en la exposici n a la crisis ampli las brechas de renta entre generaciones.
A la diferencia entre la renta de los j venes y la de otros grupos la llamamos brecha intergeneracional , y puede medirse mediante una ratio: cuando esta aumenta, tambi n lo hace la distancia entre generaciones. Para hacerlo he utilizado distintas fuentes estad sticas, con metodolog as algo diferentes, pero todas expresando la misma tendencia:
La brecha intergeneracional
Comparación de la brecha intergeneracional de renta (%) según distintas fuentes. Precios corrientes
Fuente: elaboración propia con datos de INE, Eurostat y The Luxembourg Income Study. Cada una usa distintas metodologías de cálculo
La l nea amarilla expresa la ratio entre la renta del grupo de personas de m s de 65 a os (al que he llamado jubilados ) y la renta del grupo de los j venes, y como hemos visto ya antes, tanto en INE (renta media por unidad de consumo) como Eurostat (renta mediana) es positiva desde 2012. Ese es el momento en el que el grupo de jubilados supera en renta media a los j venes. Por otro lado, en INE (renta media per c pita) y LIS (renta media por unidad de consumo) las rentas medias del grupo de jubilados siempre han estado por encima de las de los j venes, pero desde 2010 lo han estado mucho m s.
La novedad de este gr fico es la incorporaci n de una nueva ratio (l nea azul), que compara las rentas del grupo de 50 a 64 a os o trabajadores en su etapa laboral final a los que denomino seniors con las de los j venes. Los resultados son reveladores. Salvo en los datos del INE (renta per c pita), en todas las dem s fuentes esta ratio es superior a la anterior. Dicho de otro modo: la verdadera brecha generacional no se da entre j venes y pensionistas, sino entre j venes y quienes est n en la fase final de su carrera laboral. Si tienes 30 a os, tu diferencial con un trabajador de 60 es mayor que con un jubilado de 70.
Los datos de The Luxemburg Income Study (cuadro inferior derecho) refuerzan esta idea. Su metodolog a est armonizada para permitir comparaciones a nivel internacional, y de ah las ligeras diferencias con EU-SILC e INE. Usando los datos de LIS, Gabriele Guaitoli y Roberto Pancrazi analizaron la brecha intergeneracional en medio centenar de pa ses y hallaron un patr n claro: la brecha crece en todas las econom as ricas, y lo hace especialmente entre los j venes que se incorporan al mercado laboral y los trabajadores seniors. En otras palabras, la desigualdad creciente en las rentas medias no nace del sistema de pensiones, sino del propio funcionamiento del mercado laboral. Si es un fen meno que se repite en todas las econom as avanzadas, la acusaci n al sistema de pensiones espa ol pierde fundamento.
En este sentido, gran parte del diagn stico sobre la brecha generacional en rentas sigue siendo v lido, pero el foco debe desplazarse: no se trata de un problema nacional ni de las pensiones, sino de un fen meno internacional ligado a las din micas del mercado laboral. Por eso, muchos de los discursos anti-pensiones que escuchamos a diario parten de un diagn stico equivocado. El problema no est en lo que se ha mantenido estable la revalorizaci n de las pensiones medias para que los pensionistas no pierdan poder adquisitivo , sino en lo que ha dejado de funcionar: un mercado laboral capaz de garantizar condiciones de vida dignas y equitativas para todos los trabajadores.
Si queremos evaluar las causas profundas de la desigualdad, es mucho m s apropiado mirar la posici n de clase. El an lisis de clase perdi fuerza en los a os noventa, pero est recuperando protagonismo en las ltimas d cadas. Un reciente estudio para la Comisi n Europea realizado por un equipo estupendo de investigadores espa oles ha puesto de relieve la importancia de mirar a la clase como factor diferencial. Para destacar su importancia en este debate, he construido una clasificaci n de clases sociales utilizado los datos de la ltima Encuesta de Condiciones de Vida y he comparado la desigualdad de clase con la de edad. Este es el resultado:
Renta bruta media por edad y clase social
Comparación de la renta bruta por edad (R²: 3%) y por clase social (R²: 19,7%). Precios corrientes
Fuente: elaboración propia con datos de la Encuesta de Condiciones de Vida (INE). Ponderación para el conjunto de la población de más de 16 años y clasificación de clases sociales inspirada en Oesch
Como puede ver a simple vista, la desigualdad es mucho mayor cuando miramos por clase social que cuando lo hacemos por edad. Y, en realidad, es puro sentido com n: un joven directivo o profesional cualificado gana bastante m s que un trabajador manual no cualificado de sesenta a os o ya jubilado (a estos ltimos, jubilados o desempleados, les he asignado la clase correspondiente a su ltimo empleo). Lo sorprendente es, por tanto, el peso medi tico que recibe el conflicto entre generaciones que existe, s , pero refleja promedios de grupos muy heterog neos y el silencio mucho m s doloroso sobre las diferencias entre clases sociales.
Ahora bien, como subrayan con acierto los informes de EsadeEcPol y, con particular brillantez, el de Fedea, hay otra brecha igual o m s preocupante y a n m s estructural: la de la riqueza.
Desigualdad de riqueza
En condiciones normales, la riqueza se hereda o es el producto de la acumulaci n de rentas, por lo que una gran desigualdad de estas ltimas apunta a una creciente desigualdad de riqueza en ausencia de pol ticas redistributivas eficaces. En Espa a, adem s, se da la circunstancia de que el patrimonio principal de la mayor a de los hogares es la vivienda, cuyo acceso no s lo depende de las rentas y la riqueza sino tambi n de la suerte : aquellas familias que pudieron acceder a una vivienda cuando el mercado inmobiliario era asequible disfrutan hoy de una riqueza que se presenta inalcanzable para las generaciones actuales.
Como explican Conde-Ru z y Garc a-Rodr guez, entre 2002 y 2008 todas las familias con propiedades inmobiliarias vieron c mo su riqueza se multiplicaba como efecto del boom inmobiliario. Por ejemplo, las personas entre 55 y 64 a os llegaron a ver aumentada su riqueza un 67,4%. Ese es el componente de suerte , que favoreci particularmente a las personas que adquirieron viviendas en los noventa. Aunque la crisis de 2008-2014 desvaloriz esas viviendas y por lo tanto su riqueza , la recuperaci n econ mica posterior est siendo una carrera desigual entre grupos de edad: algunos comenzaron teniendo ya vivienda, adquirida cuando era asequible y en general ya sin deudas hipotecarias, y otros grupos como los j venes o bien no pueden adquirirlas o bien lo hacen a costa de un endeudamiento enorme. Actualmente tienen una propiedad inmobiliaria el 60% de los mayores de 65 a os frente a poco m s del 20% de los menores de 35 a os.
Este fen meno explica que los mayores de 75 a os han incrementado de forma sostenida su participaci n en la riqueza total, pasando de aproximadamente un 8,3% en 2002 a un 18,3% en 2022 , como recuerda el citado informe de Fedea. Al mismo tiempo, los menores de 35 a os han reducido de forma continua su peso en la riqueza neta total, pasando de 8,2% en 2002 a apenas 2,1% en 2022, lo que indica crecientes dificultades para acceder a la propiedad o construir patrimonio desde edades tempranas . Adem s, con mayor patrimonio y rentas es m s f cil acumular nuevos activos (otras propiedades, productos financieros, etc.), lo que ayuda a explicar por qu los mayores de 65 a os tienen de promedio m s de 2 propiedades frente a menos de un 0,5 para el caso de los menores de 35 a os.
Todas estas desigualdades entre generaciones son grandes y evidentes. Pero, como ocurr a con el caso de la renta, ocultan otros fen menos a n m s importantes. Al fin y al cabo, las variables de edad no pueden explicar lo que el informe de Fedea pone negro sobre blanco: el 1% m s rico ha concentrado de forma sostenida una fracci n significativa del patrimonio total en torno al 21,1% en 2022 seguido de los percentiles 91-99, cuya participaci n tambi n ha aumentado en los ltimos a os hasta el 32,6% . Esto es lo mismo que decir que el 10% de los hogares m s ricos concentran m s del 50% de la riqueza en Espa a. La contracara es que la mitad m s pobre de la poblaci n espa ola solo tiene un 7,1% de la riqueza patrimonial total en Espa a.
Qu est pasando aqu ? Sencillamente que la desigualdad de riqueza est aumentando por mecanismos end genos que, de nuevo, nada tienen que ver con las pensiones ni con las transferencias p blicas. Al margen de la din mica del mercado laboral (donde ya vimos que las clases altas reciben significativamente mejores rentas), los hogares m s ricos y las personas que viven en ellos tienen muchas m s oportunidades para enriquecerse a n m s. Lo hacen a trav s de la adquisici n de otras propiedades inmobiliarias (para obtener rentas por alquileres, especulaci n, etc.) y de productos financieros que ofrecen rendimientos f ciles.
Hace unas semanas, el nuevo dirigente brit nico del partido verde, Zack Polanski, atrajo gran atenci n medi tica al denunciar en un v deo magn fico, por cierto que hab a gente que se enriquec a mientras dorm a, en oposici n a quienes viven de las rentas laborales y apenas lograban conciliar el sue o. Lo que Polanski estaba se alando es lo que hace diez a os Thomas Piketty denomin capitalismo patrimonial y que en otros lugares se ha llamado capitalismo rentista . Es decir, un sistema institucional en el que la desigualdad de renta y de riqueza se refuerzan mutuamente cuando el Estado no interviene para corregirlas. En la actualidad esta din mica est alimentada por una econom a profundamente financiarizada y en la que vivienda funciona como un activo especulativo m s.
En Espa a los datos m s fidedignos a los que podemos recurrir para medir este fen meno son tambi n los de la Encuesta de Condiciones de Vida. Seg n su ltima publicaci n, un 16% de los hogares (unos tres millones) reciben ingresos por el alquiler de propiedades y un 32% (unos seis millones) reciben rentas del capital en forma de intereses, dividendos, etc. Estos componentes de la renta son los que he definido como cuota rentista , ya que se trata de ingresos que caen del cielo solo por el sencillo hecho de tener propiedades. Pero, claro, ah se incluye al que alquila una vivienda en un pueblo rural para obtener unos pocos ingresos complementarios, y el multipropietario que se permite vivir a cuerpo de rey gracias nicamente a esa actividad. As que la pregunta es: c mo se distribuye en la sociedad esta cuota rentista?
Por no alargarme m s, ir al grano: es captada en su mayor a por los m s ricos. Pr cticamente la mitad de los ingresos por alquiler del a o 2024 fueron captados por el 20% de los hogares m s ricos de Espa a, quienes tambi n se hicieron con el 65% de los ingresos derivados de intereses, dividendos y otros productos financieros. Por el contrario, el 60% m s pobre de los hogares Espa a no captura ni el 30% de los ingresos de alquiler y ni el 20% de las rentas del capital. Estos datos son coherentes con los de la Encuesta Financiera de las Familias analizados en el informe de Fedea, que demuestran una much simo mayor presencia de activos financieros entre las familias m s ricas.
Concentración de ingresos rentistas por nivel de renta
% del total ingresos de alquileres y del capital en cada quintil de renta de hogar (del 20% más pobre al 20% más rico)
Fuente: elaboración propia con datos de la Encuesta de Condiciones de Vida (INE). Ponderación para el conjunto de hogares
Por otro lado, cuando pasamos a observar la distribuci n de los ingresos rentistas por edad o clase social tenemos que hacer el an lisis a nivel individual y no de hogares. En este caso no tiene sentido medir la concentraci n, porque cada grupo est formado por un n mero distinto de personas (por ejemplo, hay muchos m s jubilados y trabajadores no manuales). Sin embargo, podemos medir la prevalencia, es decir, el porcentaje de personas dentro de cada grupo que dispone de ingresos rentistas (por alquiler o por rentas del capital). El gr fico resultante es coherente con el an lisis hasta ahora:
Porcentaje de hogares con ingresos rentistas por edad y clase social
% de hogares en cada clase social y grupo de edad con ingresos de alquiler o del capital
Fuente: elaboración propia con datos de la Encuesta de Condiciones de Vida (INE)
Como se puede observar, son las clases altas (profesionales y directivos) los que disponen en mayor medida de ingresos rentistas, mucho m s que los trabajadores no cualificados o trabajadores manuales. Y desde luego, la desigualdad entre clases es mucho m s pronunciada que entre grupos de edad, donde tambi n esper bamos encontrar una mayor proporci n de ingresos rentistas entre los grupos mayores (porque debido al ciclo vital son capaces de acumular m s activos desde los que extraer ingresos rentistas).
Mi an lisis termina aqu , aunque podr a haber continuado seleccionando muchas m s variables con las que sostener mi tesis. Lo que se deduce de estos datos no es s lo que Espa a es crecientemente m s desigual, sino que adem s existe un mecanismo que se retroalimenta: quienes ya tienen m s recursos pueden invertir y obtener rentas adicionales de tipo rentista, mientras que quienes parten con menos recursos apenas logran ahorrar. Por si fuera poco, las rentas rentistas de unos (los m s ricos) provienen de las punciones que se ejercen sobre las rentas de otros (los m s pobres), lo que es meridanamente claro en el caso de los ingresos por alquiler pero que tambi n opera, mediante formas m s sofisticadas, en las rentas financieras. La consecuencia es que con el paso del tiempo la desigualdad se ampl a, porque se trata de un mecanismo end geno, es decir, propio de la din mica del s y sin una intervenci n m s decidida y precisa del Estado, Espa a ser cada a o m s desigual.
Por otra parte, culpar a los boomers es una coartada elegante para no tocar los cimientos del problema. Sirve para alimentar resentimientos, pero no para redistribuir poder. Mientras discutimos si los jubilados cobran demasiado , los verdaderos rentistas los del capital financiero e inmobiliario siguen acumulando beneficios sin levantar un dedo. Esa es la trampa: convertir una fractura de clase en una pelea entre edades. Porque la aut ntica brecha no separa a j venes y mayores, sino a quienes dependen de su trabajo y a quienes viven del trabajo ajeno. Y esa brecha es cada vez mayor por la propia din mica del mecanismo de creaci n de desigualdad. Y mientras no se entienda eso, el capitalismo patrimonial o rentista seguir ganando la partida sin apenas resistencia. Espero que este an lisis pueda ayudar a contrarrestar ese tsunami medi tico que se ala a los boomers y a las pensiones, pero apenas es capaz de articular una cr tica ante la desigualdad de clase y el mucho m s peligroso rentismo financiero e inmobiliario.
Saturday 13 December 2025
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