Saturday 13 December 2025
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eldiario - 1 month ago

El ocaso institucional de Puigdemont: Junts pierde poder en Catalunya y solo retiene un puñado de grandes alcaldías

La formación del expresident ha pasado en solo una década de controlar la mayoría de resortes del poder político catalán a un plano secundario desde el que solo puede influir en otrosJunts traslada a empresarios catalanes que quiere “cobrar” al Gobierno el apoyo prestado Cuentan que un veterano pol tico ligado durante d cadas a Converg ncia y que, pese a haberla acompa ado en el giro independentista, era muy cr tico con la ret rica movimentista de Junts y el desembarco de caras conocidas de otros mbitos, se quejaba tras el proc s diciendo: Cu ndo pas que los frikis asaltaron este partido? . La pregunta era un dardo obvio hacia la llamada generaci n 1-O , la que se incorpor a la pol tica despu s de 2017 de la mano de Carles Puigdemont, en parte barriendo a las anteriores. Pero tambi n refleja la preocupaci n de la vieja guardia nacionalista por lo que podr a ocurrir en un partido que prescindiese de aquellos que conoc an la importancia del poder y ten an experiencia en ejercerlo. Junts es hoy una formaci n claramente mermada en lo que a poder e influencia se refiere. Pese a que en los ltimos dos a os haya podido reinventarse como circunstancial ariete del empresariado catal n en el Congreso, ese papel siempre estuvo condicionado. Junts era deudor de una aritm tica parlamentaria concreta y, adem s, necesitaba mantener su ascendente sobre el Gobierno, tal como le han advertido a la formaci n desde los sectores econ micos en encuentros como el que desvel elDiario.es. A eso hay que sumarle que la formaci n de Carles Puigdemont vive un momento de clara mengua en su representaci n pol tica en contraste con pocas recientes. M s a n si se pone en comparaci n con el elevado peso institucional que lleg a tener Converg ncia en tiempos de m ximo esplendor. Al espacio pol tico del nacionalismo catal n de centroderecha le ha pasado en la ltima d cada casi de todo. El proc s, varias escisiones y mutaciones, luchas internas y una desenfrenada acci n judicial que le ha obligado a hacer relevos a marchas forzadas y a tener que mirar a Waterloo para tomar cada decisi n. Por si eso fuera poco, en los ltimos a os Junts tambi n ha padecido la irrupci n de una extrema derecha independentista. Pero el ocaso institucional de Junts no puede explicarse sin tener en cuenta, tambi n, la gesti n err tica de su propio espacio electoral, su incapacidad para encontrar l deres duraderos (lejos quedan Quim Torra, Laura Borr s o Jordi Puigner ) o su reiterada tendencia a aislarse hacia afuera y purgarse hacia adentro. La ruptura del pacto de investidura entre Junts y el PSOE es el ltimo cap tulo en el que los postconvergentes vuelven a demostrar poco instinto por la conservaci n del poder institucional. Antes salieron del Govern de Pere Aragon s y rechazaron (o no fueron capaces de alcanzar) pactos municipales que les hubieran garantizado puestos en ayuntamientos y diputaciones. Hay que se alar, no obstante, que por el momento ninguno de los cargos conseguidos por Junts para organismos y empresas p blicas del Estado ha anunciado su salida. En el a o 2014, Converg ncia era de largo el partido m s influyente de la pol tica catalana. Ten a la presidencia de la Generalitat, la del Parlament y la de las cuatro diputaciones, adem s de la gran alcald a de Barcelona. Tambi n controlaba buena parte de los grandes ayuntamientos, como Girona, Sant Cugat, Reus, Matar , Martorell, Manresa, Vic, Vilanova i la Geltr , Figueres. En el Congreso, la formaci n contaba con 16 asientos, cerca de su r cord de 1993. Las municipales de 2015, las que gan Ada Colau en Barcelona y que iniciaron la ola de las alcald as del cambio, fueron una tormenta dura para el poder de la antigua Converg ncia. Pero a n mantuvieron entonces buena parte de sus bastiones, impulsados sobre todo por la presidencia del Govern, que recay en manos de Puigdemont en enero de 2016 tras las tortuosas negociaciones que descabalgaron a Artur Mas. Visto con la perspectiva de una d cada, nada de lo que ocurri despu s en Catalunya, ni tampoco en el espacio pol tico de la antigua Converg ncia, ayud electoralmente al nacionalismo conservador. Despu s del 1-O, ERC experiment una pujanza extraordinaria, que hizo mella a Junts tanto en ayuntamientos como en el Parlament y Congreso. Quim Torra demostr que no era una propuesta ganadora para defender una plaza tan sensible como la presidencia de la Generalitat y quiz s Laura Borr s, tocada ya por un caso de corrupci n que la acabar a apartando, tampoco era la mejor apuesta para las elecciones generales. En 2021, Junts cedi por primera vez su liderazgo dentro del bloque independentista a ERC. Lo hizo cuando el PSC ya se hab a recompuesto de su larga crisis y estaba en disposici n de ser el primer partido de Catalunya , tal como proclamaba Miquel Iceta. El independentismo de centroderecha acept , no sin tiranteces, entrar en un gobierno presidido por ERC, que acab abandonando un a o despu s. El poder institucional de Junts mermaba. Pero en el partido el paso afuera se justificaba como una muestra de coherencia independentista que dar a sus frutos m s adelante. Algo que nunca pas . En las siguientes elecciones, municipales, generales o auton micas, Junts solo pudo esconder sus malos resultados en comparaci n con unos n meros nefastos para ERC. La situaci n actual del partido no es demasiado prometedora. En Parlament lidera la oposici n, un espacio que, seg n el an lisis que la propia Junts hace, les da poca visibilidad en el debate pol tico catal n. Puigdemont trat de remediar esa situaci n en el ltimo debate de pol tica general, cuando exigi que el PSC de Salvador Illa votara algunas de sus propuestas como muestra de buena voluntad para un posible acercamiento. En Junts hablaban incluso de la posibilidad de mirarse los presupuestos catalanes con otros ojos. Pero la oferta no cuaj . En el mundo municipal, Junts solo conserva ahora la alcald a de una ciudad de m s de 50.000 habitantes, Sant Cugat del Vall s, donde gobiernan con ERC. Tiene otros seis alcaldes en ciudades de m s de 25.000 habitantes, cuatro de ellas capitales de comarca, como son Figueres, Vic, Igualada y Olot. Cuentan tambi n con varios primeros ediles en ciudades medianas en la comarca del Maresme, adem s de la presidencia de la Diputaci n de Girona. Pocas m s l neas tiene la actual cuenta de resultados de un partido que lleg a parecer una dinast a pero que en los ltimos a os no ha parado de encoger hasta quedar en una posici n bastante menguada. No queda nada de aquella apuesta por convertirse en una especie de movimiento social con el Consell per la Rep blica como basti n. Tampoco es hoy relevante el espacio internacional abierto por el equipo de Puigdemont en el plano pol tico o judicial, en el que tantas esperanzas depositaron. Junts, sobre todo desde la llegada de Jordi Turull a la sala de m quinas, es ahora un partido de toda la vida, de los que valen tanto como representaci n consiguen. La paradoja es que el ocaso institucional de Junts es una realidad con la que Puigdemont debe lidiar mientras, a la vez, hace frente al crecimiento entre su electorado de una formaci n como Alian a, que act a como si enmendase la institucionalidad tradicional.


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