Monday 19 April 2021
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abc - 2 month ago

Los tres acuerdos infringidos por Gran Bretaña por los que ya tendría que haber devuelto Gibraltar a España

Hace solo un mes, el exministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, José Manuel García Margallo, escribía La Tercera de ABC sobre la oportunidad histórica que ha perdido el presidente Pedro Sánchez para recuperar la soberanía de Gibraltar con el Brexit: «Lo único cierto por ahora es que España será el único de los 193 países de Naciones Unidas que no controlará sus fronteras», apuntaba. «El Gobierno español ha desaprovechado esta oportunidad —continuaba—, mientras que el Reino Unido y Gibraltar han conseguido todos los objetivos que se habían propuesto. Londres conserva la soberanía, la jurisdicción y la base militar. Gibraltar seguirá siendo británico y seguirá sin exigir el impuesto sobre el valor añadido, los impuestos sobre alcoholes, tabaco y petróleo y sin gravar los beneficios que las sociedades establecidas en el Peñón obtengan fuera». Con este principio de acuerdo al que España y Reino Unido llegaron a principios de año para evitar un Brexit duro en Gibraltar, hemos vivido el último episodio de un herida que lleva abierta más de 300 años. En concreto, desde la firma del Tratado de Utrecht en 1713. Tres siglos en los que todas las repúblicas, dictaduras, monarquías o gobiernos del PSOE y el PP han intentado recuperar este enclave estratégico de 6,8 kilómetros cuadrados y 31.000 habitantes... sin éxito. Tal y como apuntan muchos expertos en política internacional, en enero España perdió la oportunidad histórica de exigir, al menos, la cosoberanía de la colonia británica, a cambio de que sus habitantes sigan teniendo ventajas propias de ciudadanos de la UE. Pero lo cierto es que si atenemos a lo establecido en Utrecht, se puede establecer que Gran Bretaña lleva 300 años vulnerando descaradamente algunos de los puntos que se establecieron en el tratado. Y, por lo tantio, hace 300 años que Gibraltar debería ser española, según el derecho político y la legislación internacional. «Siempre estaremos a vuestro lado» De hecho, en 1720 el Rey Jorge I de Gran Bretaña ya había enviado una primera carta a España en la que prometía devolverle el peñón «con rapidez», pero nunca ocurrió. Entonces vinieron las guerras y pasaron los años, y una y otra vez los ingleses incumplieron los puntos establecidos en aquel acuerdo que todavía hoy está vigente. Estas vulneraciones, sin embargo, nunca han sido utilizadas por el Gobierno español como argumento para exigir la recuperación de la soberanía cedida por el Rey Felipe V. Y eso que, en los últimos tiempos, no han dejado de producirse las apariciones públicas de Sánchez con las promesas más variadas. En 2017, el presidente del Gobierno aseguraba que había llegado a un acuerdo con la primera ministra británica, Theresa May, según el cuál esta se comprometía a abordar la cuestión. Y prometía que si se produce la retirada del Reino Unido de la Unión Europea con el Brexit, «la relación política, jurídica e incluso geográfica de Gibraltar pasarán por España». En noviembre de 2018, sin embargo, ABC accedía en exclusiva a una carta del Gobierno de May en la que desmentía tales afirmaciones. «El gobierno español lo pidió en repetidas ocasiones, pero no lo ha conseguido», explicaba después la primera ministra en relación a la modificación del artículo 184 del Tratado, añadiendo un mensaje a los ciudadanos del peñón: «Siempre estaremos a vuestro lado, estamos orgullosos de que Gibraltar sea británica. Nuestra posición en torno a su soberanía no ha cambiado y no cambiará». El artículo X Uno de los artículos de 1713 vulnerados por Gran bretaña es el X: «Felipe V cede por este Tratado a la Corona de la Gran Bretaña la plena y entera propiedad de la ciudad y castillos de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas, dando la dicha propiedad absolutamente para que la tenga y goce con entero derecho y para siempre, sin excepción ni impedimento alguno». Sin embargo, hoy en día la definición de este territorio es objeto de disputa en lo que se refiere a la tierra, al espacio aéreo y al mar, precisamente porque el tratado establece que la propiedad se cedía «sin jurisdicción territorial y sin comunicación abierta con el país circunvecino por tierra». Esto quiere decir que, aunque el Reino Unido tiene un título válido de soberanía, habría que resolver el problema de su alcance territorial, pues en el mencionado artículo no se establecía una línea fronteriza y tampoco se realizó una demarcación. El acuerdo habla de la ciudad, el castillo y las edificaciones agregadas en 1704, pero ¿qué ocurre con las ampliaciones del terreno que se llevaron a cabo en años posteriores? España ya mostró su oposición a la presencia británica en la lengua de tierra y objetó la construcción del aeropuerto en 1938, pues se encontraban fuera de la demarcación establecida en Utrecht en 1713. «En tiempos de grandes angustias» El tratado también fija que «la comunicación por mar con la costa de España no puede estar abierta y segura en todos los tiempos». El objetivo, decía, era «evitar abusos y fraudes en la introducción de las mercancías». Esto aislaba por tierra a Gibraltar, a la que dejaba abastecerse del mar para su propia subsistencia, pero nunca comerciar con lo obtenido. Mientras que «en tiempos de grandes angustias» permitía a sus habitantes comprar alimentos en territorio español, pero únicamente para su consumo propio. Según esta disposición, Gibraltar se mantuvo aislado hasta 1985, cuando, en el contexto de la incorporación de España a la OTAN, esta intentó atraer a los gibraltareños a posiciones más favorables a su causa y favorecer el desarrollo del conjunto de la región. Sin embargo, estos pasos para facilitar los intercambios no han producido avances significativos hacia el objetivo de recuperar el territorio. Más bien al contrario, ya que Gran Bretaña, además de haber consolidado su estatuto político autónomo, ha ido reforzando la economía de la colonia y sigue trabajando para convertir el peñón a medio plazo en un centro de negocios, en contra de lo pactado en Utrecht. En los últimos tiempos, la gran obsesión del Gobierno británico ha sido consagrar que las aguas que rodean el peñón son de soberanía inglesa, algo que España no acepta, por la sencilla razón de que en el tratado solo se cedieron las aguas del puerto de Gibraltar. Aún así, el pasado Gobierno de David Cameron, por ejemplo, no perdió ocasión para denunciar las supuestas violaciones de esas aguas por parte de embarcaciones españolas, pero según lo pactado, tales violaciones no se han producido. El fin de la cesión El tercer pacto establecido en 1713 es el más importante, ya que aludía a que España tiene prioridad para dar por terminada la cesión si Gran Bretaña intentara «dar, vender o enajenar de cualquier modo la propiedad de Gibraltar». En este sentido, el Gobierno británico ya ha decidido «enajenar» su colonia. Obviamente, no a una potencia extranjera, sino a la población del peñón mediante ambiguas concesiones. Por un lado, la Constitución gibraltareña de 1969 y, por otro, las reformas adheridas en 2006, en las que se introducía el derecho de autodeterminación de sus vecinos aunque condicionara «los tratados existentes», tal y como exigía España. Si hiciéramos caso al Derecho Internacional e interpretáramos correctamente el artículo X del Tratado de Utrecht, la cesión de España habría terminado ya y tendría que recuperar los derechos sobre el pañón. No hay que olvidar que el susodicho artículo considera a este pedazo de tierra como un punto de apoyo estratégico sin dimensión demográfica, por lo que en él nada se dice de su población. De ahí que dispusiera la reversión a España si Gran Bretaña lo abandonaba. Esto no solo impidiría la transferencia a un tercer país, sino también a los ciudadanos ingleses empadronados en Gibraltar, como ya avalaron las Naciones Unidas en su resolución 2253 de 1967. Es lo que el historiador Federico Sánchez Aguilar calificó como la «herida abierta» de España en su relación con Gran Bretaña. El cuento de nunca acabar, a pesar de que, según lo pactado, ya se le tendría que haber puesto fin. Pero ahí seguimos. En 2009, el entonces ministro de Exteriores socialista, Miguel Ángel Moratinos, aseguraba que la reclamación de la soberanía del peñón era «irrenunciable». Y en 2013, su sucesor, José Manuel García Margallo, autor de la mencionada Tercera de ABC, respondía que «se ha acabado el recreo de la época de Moratinos en los referente a Gibraltar». Pero ahí seguimos...


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