Thursday 15 April 2021
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abc - 2 month ago

Valencia se reencuentra con sus bares cuarenta días después

Valencia se ha despertado este 1 marzo con el ruido del arrastre de sillas y mesas. Hasta hace pocos minutos, seguían apiladas en el interior de bares, restaurantes y cafeterías. Será el único sonido que se escuche al unísono en toda la ciudad. Hoy, cuando el reloj de la plaza del Ayuntamiento marque las dos de la tarde, no habrá truenos. Tampoco multitudes esperando a que la pólvora haga temblar el centro de la capital del Turia. Aunque no hace precisamente un «día de Fallas», en términos meteorológicos, la anunciada lluvia todavía no ha hecho acto de presencia en esta primera jornada con restricciones mucho más duras que cuando los hosteleros bajaron la persiana en enero por el coronavirus. Hace, exactamente, treinta y nueve días. De momento, solo pueden habilitar la terraza al 75% de su aforo, con mesas de máximo cuatro personas, hasta las seis de la tarde. «Más vale eso que nada», piensan muchos resignados detrás de las barras. No se puede consumir en ellas, pero vuelven a ejercer como escaparate del producto que se sirve. Los mismos locales que cerraron a mediados de marzo de 2020 con las despensas y las neveras llenas en los días previos a la mejor semana del año en facturación, coinciden hoy en que otro cierre, el tercero de la pandemia en la región, sería insoportable sin más ayudas. Imagen del ambiente este lunes en la terraza de un bar del centro de Valencia - MIKEL PONCE Desde la Federación Empresarial de Hostelería de Valencia estiman una reapertura del 40 por ciento de forma progresiva y especialmente de cara al fin de semana. Del resto de establecimientos, más de la mitad han decidido no abrir al no resultarles viable económicamente. Por ello, seguirán insistiendo para que la Generalitat permita hacer uso del interior de los locales y amplíe su horario. Una postura que comparte la Coordinadora de la Hostelería de los Barrios de Valencia, que advierte de que 2.000 locales sin terraza podrían desaparecer para siempre si no se relajan más las medidas en vigor hasta el 14 de marzo. Mañana martes, de hecho, harán un acto de protesta en varios puntos de toda la ciudad. A primera hora, una mujer disfruta tomando un café sorbo a sorbo. «Solo quería esto y más un lunes», nos dice con sorna. «Bueno, ahora todos los días parecen lunes», corrige. En otra mesa, un camarero todavía tiene que recordar a un hombre que mientras no se consume es obligatorio llevar puesta la mascarilla. Un cartel se lo recuerda y la mujer que lo acompaña también lo hace, bastante irritada: «Te lo estoy diciendo». A mediodía, el color grisáceo del cielo es el mismo, pero la ocupación de las terrazas es mucho mayor. Una estampa que se repite en muchos puntos del centro, teniendo en cuenta que es un día laborable como otro cualquiera. Pero en realidad no lo es, al menos para los amigos que se han reencontrado alrededor de una mesa llena de botellines de cerveza o la pareja que ha aprovechado para romper su rutina y comer fuera de casa. Imagen de una pareja en la terraza de un bar junto al Mercado Central de Valencia - MIKEL PONCE «En el bote se ha notado. Se toman un cortado y te dejan propina», comenta entre risas y sin parar de atender las comandas Nacho Ciges, uno de los responsables del bar La Lonja. Este negocio familiar ha podido rescatar a uno de sus cocineros para la reapertura, pero otras tres personas siguen en un ERTE, a la espera de ver cómo evoluciona la situación. «En marzo del año pasado teníamos previsto ser once trabajando durante los días fuertes de Fallas, ahora somos cuatro. Afrontamos la reapertura con mucho miedo. Ya estamos perdiendo, imagínate si nos vuelven a cerrar. ¿Aguntaríamos? De algún lado lo sacaríamos, pero sería insostenible», cuenta mientras la terraza del local, situado a pocos metros del Mercado Central, se llena por momento. «Los ahorros los agotamos en el confinamiento de la primera ola. Hemos tenido que pedir tres préstamos al ICO para pagar los impuestos. Es un poco contradictorio», señala. Imagen de un grupo de chicas en una terraza del centro de Valencia - MIKEL PONCE Justo enfrente, David Martínez, propietario del bar Boatella, sirve tapas con una agilidad que solo da la experiencia. La mitad de una plantilla de dieciocho personas han podido reincorporarse al día a día del negocio hostelero. La otra mitad, de momento, lo tiene «complicado hasta que podamos hacer cenas». David vive con «ansiedad, y nervios, pero con mucha paciencia», una situación que «entendemos» pero que esperan que «sea la definitiva». «Nosotros vamos tirando pero todo el mundo no tiene tanta suerte», explica. «A principios de marzo del año pasado ya había un tufillo raro, pero no tiene nada que ver. Ahora mismo estaría llenándose la plaza por la mascletà. De eso ya ni nos acordamos, pero se nota que la gente hoy tenía ganas». De hecho, en las calles que rodean la plaza del Ayuntamiento hacía mes y medio que no se respiraba un ambiente similar. «Necesitamos un respiro, con responsabilidad y prudencia, pero algo que nos haga desconectar de esta situación», apunta una clienta. «Estamos al aire libre, con mascarillas, y esta gente también tiene que comer», añade otra parroquiana, en referencia al camarero que le acaba de dejar sobre la mesa un plato de bravas y a los que el teletrabajo les ha quitado muchos menús del día. Los comercios, que también amplían su horario hasta las ocho de la tarde, agradecen que haya más vida social en una zona eminentemente turística, que desde que empezó la pandemia ha sido conquistada de nuevo por los locales. No obstante, muchas persianas siguen bajadas. Los carteles de inmobiliarias que cuelgan de algunas de ellas auguran que no volverán a abrir. Imagen de dos jóvenes en una terraza del centro de Valencia - MIKEL PONCE Alberto, uno de los dos hermanos que regentan la Taberna de Antonio Manuel desde hace diez años, se muestra esperanzado con hacer algo de caja de cara al fin de semana. Ellos sí que han seguido sirviendo pedidos para llevar y a domicilio para mitigar el estrés económico provocado por las restricciones. «Ha sido un parche para no cerrar y que la cabeza no nos diera tantas vueltas», relata. Once de sus empleados siguen en un ERTE y solo han podido rescatar a uno de ellos para que les ayude en la cocina. De momento, en este primer día, están «muy contentos, porque no hemos parado. El tiempo nos está respetando y la gente tiene ganas. El ambiente es diferente. Eso te da vida y ánimo para seguir adelante». El reloj del Ayuntamiento de Valencia marca las dos y sigue sin llover, pero ninguna fallera pide desde el balcón a los pirotécnicos que disparen la primera mascletà. Los magos de la pólvora se han manifestado unas horas antes en ese mismo punto, precisamente, para reinvindicar un oficio en vías de extinción. Son malos tiempos para las fiestas y las relaciones sociales. Hay poco que celebrar en medio de una pandemia que sigue sesgando muchas vidas cada día. Pero como sentenció Juan Tallón en Mientras haya bares (Círculo de Tiza, 2016), «mientras haya infierno y bares cerca, hay esperanza». Imagen de la protesta del sector pirotécnico en la plaza del Ayuntamiento de Valencia - ROBER SOLSONA Imagen de la protesta del sector pirotécnico en la plaza del Ayuntamiento de Valencia - ROBER SOLSONA


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