Tuesday 20 April 2021
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abc - 2 month ago

Peldaño 57: «Muchos regalos no son para satisfacer al que los recibe, sino al que los da»

Cuando te den un elogio, no tienes que agacharte a atarte los zapatos, no tienes que emitir una risa nerviosa, no tienes que buscar cambiar de tema, no tienes que devolver compulsivamente el piropo, no tienes que hacer una broma, no tienes que buscar una forma creativa de rechazarlo, y no tienes que decir «no es cierto». Sólo debes hacer dos cosas: sonreír y decir gracias. ¿Y cuando alguien quiera hacer algo por ti que sabes que surge de un deseo auténtico por regalarte su ayuda? Exactamente igual. Pero por algún extraño motivo, a la mayoría nos cuesta mucho recibir. De hecho, nos resulta más fácil dar que recibir. En realidad lo de «extraño» es retórico, ya que de extraño no tiene nada. Te explicaré el motivo formulándote la siguiente pregunta... ¿Te quieres lo suficiente? Si no tienes ningún problema en recibir, la respuesta puede ser sí. Como casi todos tenemos áreas en las que todavía nos cuesta, la respuesta es no. Cuando algo te impide recibir con libertad, es porque existe un bloqueo. Ese bloqueo es una creencia que en el fondo te hace sentir no merecedor de ese regalo que la vida te está dando en forma de ayuda o cumplido. Pero sentirse no merecedor es no amarse del todo. ¡Por supuesto que eres merecedor! Y reconocerlo es ganarle otra pequeña batalla al ego, ya que el ego es el único que se beneficia de que tú te digas lo contrario. Por tanto, aprender a recibir es aprender a amarse un poquito más. Sin embargo, éste es sólo uno de los dos beneficios. Es el que te afecta de forma directa a ti. Pero existe el segundo, que es el que afecta de forma directa al otro. Cada regalo que alguien te da surge de un cariño que ese alguien te tiene. Cada vez que no lo aceptas con los brazos abiertos, estás rechazando el regalo. El ladrillazo está en entender que rechazar el regalo es rechazar el cariño. Que lo dicho sea percibido como un regalo o como una tontería depende no de cómo el otro lo dé, sino de cómo tú lo recibas. ¿Por qué? Porque el grado de disfrute de él es proporcional al grado de disfrute tuyo. Y esto requiere no sólo que tú lo disfrutes, sino también que él lo sepa. Éstas son las palabras que pasarán por su mente sin que él llegue a saberlo (conscientemente). Cuando perciba que lo recibes bien, dirá: «Dar ese elogio ha sido una buena idea, y por tanto me siento bien». Cuando no, dirá justo lo contrario. Siempre pensamos que teníamos que trabajar nuestra capacidad de dar, sin darnos cuenta de que nuestra asignatura pendiente era nuestra capacidad de recibir Cuando alguien quiera hacer algo por ti, concédele el placer de dar. ¿Cómo? Concediéndote a ti el placer de recibir. #88PeldañosGenteFeliz «Muchos regalos no son para satisfacer al que los recibe, sino al que los da, y su importancia es aún mayor» @Anxo


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