Friday 26 February 2021
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abc - 3 days ago

El límite del precio estrangula la oferta de viviendas en alquiler en Berlín

El influencer alemán Fynn Kliemann, de 32 años y con más de un millón de seguidores en redes, acaba de comprarse la casa más pequeña del país, siete metros cuadrados en Bremen. No ha publicado el precio, pero la agencia inmobiliaria suiza Kensington la ofrecía por 77.777 euros de salida y Kliemann ha tenido que competir con otros 150 aspirantes a compradores. Este episodio en las redes ofrece un icono de cómo están las cosas en el mercado inmobiliario alemán un año después de que Berlín legislase el límite a los precios del alquiler. Los alquileres han quedado congelados pero la oferta de vivienda ha sido estrangulada. El número de viviendas en alquiler ha caído en Berlín un 25% entre julio de 2019 y julio de este año, según ImmoScout24. Entre las viviendas construidas antes de 2014, la oferta ha caído hasta un 47,4%. En coincidencia con el aniversario, la canciller Merkel ha convocado una cumbre de la vivienda para hacer balance de las medidas con las que el gobierno de Alemania ha intentado contrarrestar los desequilibrios, un evento virtual en el que ha confirmado la construcción de 115.000 de viviendas sociales en un año y ha calificado de positivo el efecto de las rebajas fiscales a la construcción de viviendas de alquiler y subsidio de vivienda por número de hijos, así como la movilización de terrenos edificables. En esta legislatura, el gobierno alemán subsidia la vivienda social con 5.000 millones de euros y alcanzará la construcción de 1,5 millones de viviendas sociales. Pero mientras esta política controla a duras penas los precios en el resto del territorio, Berlín se ha convertido en un mercado caótico del que los inversores huyen. «Este es su nuevo precio de alquiler», dice la carta que han ido recibiendo este año todos los inquilinos de la capital alemana. Pero el texto continúa: «procure reservar la cantidad de dinero de diferencia con el precio anterior porque hemos recurrido el tope de alquiler ante los tribunales y es posible que tenga que devolvérnoslo». El Tribunal Constitucional alemán, en efecto, está estudiando varias demandas, entre las que hay algunas tan poco esperables como la presentada por las cooperativas de vivienda de Berlín. «Nos han hecho un flaco favor», dice Dirk Enzesberger, director de la cooperativa de Charlottenburg y portavoz de una asociación de 27 empresas con más de 95.000 apartamentos y alrededor de 160.000 miembros (inquilinos), que disfrutaban de una renta media de 5,66 euros por metro cuadrado, la forma más barata de vivir en Berlín. Ahora no pueden operar a causa de la escasez de viviendas. «La nueva norma nos impide garantizar una oferta de vivienda sostenible y socialmente equilibrada», dice Enzesberger, que no cuestiona el objetivo político de la medida pero advierte que «una ley que interfiere de manera tan masiva con los derechos fundamentales y los contratos existentes, provoca lo contrario de lo que pretende». Su demanda ante el Constitucional la firman también la cooperativa de construcción y vivienda de Berlín von 1892 eG, la Charlottenburger Baugenossenschaft eG, la primera cooperativa de vivienda Berlin-Pankow eG y la cooperativa de vivienda Marzahner Tor eG. En este año, han dejado de construir unos 4.000 apartamentos cooperativos que ya estaban proyectados, disminuyendo la oferta de vivienda barata y contribuyendo a la nueva realidad: encontrar piso en Berlín se ha vuelto misión imposible. Una pareja recién casada ha entrado a vivir en enero en un piso de 49 metros cuadrados, un bajo en Charlottenburg, por 550 euros mensuales. Pero no encontraron el piso en un anuncio o en un portal inmobiliario sino gracias al boca a boca. El piso pertenece a una compañera de trabajo que se lo ofreció personalmente al saber que buscaban vivienda. «El mercado está tan congelado como los precios», dice el experto en el sector Michael Voigtländer, que señala que los pisos que se mueven no salen al mercado y se recurre de forma generalizada al realquiler, hasta el punto que los tribunales han debido establecer en recientísimas sentencias que si un subarrendatario no desocupa su parte del apartamento después de la muerte del inquilino principal, el propietario puede exigir una compensación por el monto del alquiler perdido por todo el apartamento. La competición por los pisos de alquiler se ha convertido, además, en una guerra sin cuartel. El número promedio de solicitudes por vivienda en alquiler es de 137, mientras que en Hamburgo y Munich es de 53 y respectivamente. Una vez aceptadas las solicitudes, se permite a los aspirantes visitar el piso, generalmente todos a la vez, y el propietario elige entre los que confirman. La escasez de oferta afecta especialmente a quienes ni pueden plantearse la compra de una vivienda. IG Bauen-Agrar-Umwelt (IG BAU) advierte sobre la falta de vivienda para los jóvenes profesionales y pide casas asequibles para los aprendices. «Mientras están en prácticas es imposible que encuentren casa», se queja el jefe de IG-BAU, Robert Feiger, que propone un programa federal para la «vida en prácticas», para evitar que esta situación conduzca «a una escasez intensificada de trabajadores cualificados».


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