Friday 18 September 2020
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eldiario - 1 month ago

Consejos para elegir la almohada que nos permita dormir y descansar mejor

Dormir bien es fundamental para la calidad de vida. Y dormir bien quiere decir no solo hacerlo durante la cantidad adecuada de horas (entre siete y ocho cada noche, las personas adultas) sino también gozar de un sueño de buena calidad, sin insomnio ni demasiados despertares nocturnos, y de un modo que resulte reparador. Para ello, son claves el lugar y las condiciones en que se duerme. La almohada es un factor de gran importancia en esa ecuación.Numerosos estudios se han centrado en esta cuestión, en busca –se podría decir– de la almohada perfecta . Algunos de esos trabajos afirman que diversos tipos de almohadas ergonómicas pueden mejorar la calidad del sueño. Por ejemplo, dos científicos de Taiwán publicaron en 2015 un artículo en el que proponen una almohada en forma de U, más baja en el centro y más alta en los extremos, para adaptarse a las diferentes posiciones –boca arriba o de lado– en que la persona que la use pueda dormir.Más allá de esos desarrollos todavía experimentales, conviene saber cuáles son los principales criterios que se deben tener en cuenta al momento de elegir una buena almohada. Un asunto que exige todo el tiempo y atención que sean necesarios, pues con pocas cosas mantenemos un contacto tan estrecho: un tercio de la vida lo pasamos con la cabeza literalmente pegada a las almohadas.Lo que está claro es que la almohada debe ser confortable. Una investigación realizada en Estados Unidos demostró que, para mejorar la calidad del sueño de los adolescentes, la mejor medida que se podía tomar era proporcionarles almohadas cómodas, un recurso que además de ser asequible fue el único que produjo una mejora en todos los casos analizados, sin importar las diferencias de edad, género y situación económica.¿Qué hace que una almohada sea confortable? Pues hasta cierto punto es cuestión de gustos. Algunas personas prefieren que sean más bien duras, de modo que al apoyar la cabeza no se hunda demasiado, mientras que otras duermen mejor con almohadas blandas y esponjosas. Eso no es lo más importante: lo que se debe observar, sobre todo, es la posición en la que quedará el cuerpo al dormir con esa almohada.El objetivo es que la almohada permita respetar las posiciones y curvas naturales del cuerpo. Es decir, si la persona duerme de lado, debe procurar que, con la cabeza apoyada en la almohada, su columna vertebral quede recta (si se observa desde atrás). Si la almohada es demasiado baja o demasiado alta, el cuello estará torcido y esto provocará dolores y posibles lesiones.Las medidas dependerán, por supuesto, de la talla de la persona en cuestión. Se estima que para adultos de estatura media y sin demasiado sobrepeso, una almohada de unos 15 centímetros de altura puede ser apropiada para dormir de lado. Así lo indica un artículo de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) sobre esta cuestión.Para quien duerme boca arriba, en cambio, la almohada debiera ser unos centímetros más baja. De ahí se desprende la idea ya citada de una almohada en forma de U. No obstante, hay que tener en cuenta que dormir boca arriba no es lo más recomendable: está asociado a un rendimiento intelectual más bajo, ronquidos, obesidad e incluso Alzheimer.Quienes duermen boca abajo, mientras tanto, deben usar unas almohadas muy bajas o directamente no usar ninguna. Esa es la mejor manera de lograr que las posturas del cuerpo al dormir –que se modifican entre 20 y 40 veces por noche– respeten sus curvas naturales.Además del tamaño, la otra gran cuestión en relación con las almohadas es el material con el que están confeccionadas. Los materiales más comunes de los que se componen las almohadas son los siguientes:A propósito de personas con alergias, también es importante tener en cuenta los tipos de lavado que permiten cada uno de los modelos de almohadas. Las almohadas de látex o de fibra en general se pueden lavar a mano. Las de viscoelástica y de plumas, por el contrario, se recomienda no lavar, pues hacerlo deteriora sus propiedades. Siempre conviene prestar atención a las recomendaciones del fabricante acerca del lavado de las almohadas.Lo que sí se aconseja lavar con frecuencia, obviamente, son las fundas. Hay que tener en cuenta que tanto las almohadas como el colchón y toda la ropa de cama son un espacio muy confortable no solo para las personas sino también para los ácaros. Una almohada puede ser el hogar de hasta 40.000 de estos microbios, según explica el divulgador científico estadounidense David Bodanis en su libro Los secretos de una casa: el mundo oculto del hogar.Si no te quieres perder ninguno de nuestros artículos, suscríbete a nuestros boletines


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