Monday 28 September 2020
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abc - 2 month ago

El misterio de la boda cancelada del general Primo de Rivera que destapó ABC en plena dictadura

Aunque hoy este matrimonio fallido entre Miguel Primo de Rivera y una aristócrata del barrio de Salamanca, en plena dictadura del general, sea un episodio prácticamente desconocido en la historia de España, lo cierto es que durante un tiempo fue la comidilla de todo el país en una época en la que las noticias del corazón no tenían la audiencia de hoy. Pero aquella boda, destapada por ABC en 1928, era prácticamente una cuestión de Estado que había sido llevada en secreto por el entonces presidente del Consejo de Ministros durante los siete años que duró su noviazgo. Las razones de por qué Primo de Rivera canceló su boda y rompió su relación con Mercedes «Nini» Castellanos, tan solo dos meses antes de la ceremonia, sigue siendo un misterio. «En los círculos aristocráticos ha circulado con insistencia la noticia del próximo enlace del presidente del Consejo con la bella y distinguida señorita Niní Castellanos, hija de la difunta condesa de San Félix. La noticia es exacta. El fausto suceso tendrá lugar el 24 de Septiembre, día en que celebra su santo la prometida del jefe de Gobierno», anunciaba por primera vez este diario el 17 de abril de aquel año. No había ninguna razón aparente ni se dio explicación pública alguna de la ruptura. Una de las hipótesis barajadas fue la entrevista que nuestro premio Mariano de Cavia de 1932, el periodista César González-Ruano, consiguió arrancarle a la prometida en una visita por sorpresa en su casa, sin pactar, y que fue publicada sin permiso en la portada de «Estampa» pocos días después de la exclusiva de ABC. «Lo que nos dice de su próxima boda la prometida del presidente», decía el titular de la charla, que al dictador debió pillarle por sorpresa. «Ahora ha de ir a Palacio» «Venga el señor mañana, hacia las diez», le pidió el mayordomo a González-Ruano en su primer intento. El redactor estaba convencido de que sería imposible que la prometida del dictador le recibiera en su propia vivienda, un lujoso palacete de la calle Juan Bravo en el madrileño barrio de Salamanca. «Esto me anima. Hace tiempo que sé que vencer a un criado es ver a su amo. A las diez de la mañana, la señorita Mercedes Castellanos, naturalmente, no me recibe. El recado, todo hay que decirlo, es amable. Recado de gran dama: “Que si quiere el señor volver a las dos... Ahora ha de ir a Palacio”. Y vuelvo a las dos», añade el periodista, poco antes de ensalzar a la novia, con la zalamería de la época, por su «modernidad resuelta, su gracia fina y su gentil silueta». En su autobiografía, «Mi medio siglo se confiesa a medias» (reeditadas por Renacimiento en 2017), González-Ruano asegura que en aquellos meses no se hablaba de otra cosa en Madrid y que la entrevista supuso un gran impulso para su carrera: «La señorita Mercedes me dio el éxito periodístico de que por primera vez se hiciera público, dicho por ella, que iba a casarse con el general y que me hiciera el honor de explicarme incluso sus proyectos. La interviú pasó por la censura, pero esta vez don Celedonio de la Iglesia se limitó a preguntarle a ella si era verdad. Si se lo pregunta a don Miguel no se habría publicado y, tal vez, no se habrían roto aquellas relaciones a los pocos días, entre mil versiones que lanzaban al silencio el nombre de Nini Castellanos que se había hecho popular en los Madriles». Pero, ¿quién era ella? ¿Cómo se había ganado el corazón del hombre más poderoso de España? En el momento del anuncio de ABC, Nini tenía 49 años. Había nacido en Estocolmo en 1879, donde su padre, Lorenzo Castellanos, había sido enviado como diplomático un año antes. Ella no pisó España hasta los 12 años. Su padre murió después y su madre, Mercedes Mendeville, se casó en segundas nupcias con el coronel Manuel de Alvear, conde de San Félix. En 1928, ambos habían fallecido también y ella se convirtió en la heredera única, puesto que su único hermano muerto sin descendencia poco antes. No le faltaba, pues, ni dinero ni el estatus social. Cuenta la periodista María Jesús García Pérez en la revista «Madrid Histórico» que era recibida frecuentemente por la Reina María Victoria. «Sin embargo –puntualiza–, su nombre no hubiera pasado de ser uno más de entre los que aparecían habitualmente en las páginas de los ecos de sociedad, si no hubiera sido porque estuvo a punto de casarse con el mismísimo jefe de Gobierno». Veinte años viudo Primo de Rivera llevaba viudo veinte años. Su primera mujer, Casilda Sáenz de Heredia, falleció de sobreparto en 1908 tras seis años de matrimonio. Tuvo seis hijos con ella, uno por año. Entre ellos, el famoso fundador de Falange, José Antonio Primo de Rivera, y la fundadora de la Sección Femenina de Falange, Pilar Primo de Rivera, a la que años después se intentó casar con el mismísimo Hitler. Nini, por su parte, no se había casado nunca, pero era una devota religiosa que encajaba a la perfección con el el dictador. Y, además, tenía un perfil público perfecto, pues había pasado largas horas realizando labores humanitarias en la Primera Guerra Mundial y en la Guerra de Marruecos. La misma señorita Castellanos contaba en la entrevista con González-Ruano que había conocido a Primo de Rivera en 1921, mientras ejercía como enfermera voluntaria en el Hospital Militar de Carabanchel «Desde entonces tuvimos una amistad… ¿Cómo le diría? Una amistad que veíamos como algo más que amistad. Luego hubo sus alzas y sus bajas, sus insinuaciones… Hasta que el otro día me pidió [la mano]. Yo me azoro mucho, ¿sabe? Soy tímida, aunque no lo parezca, y él no se decidía tampoco». A continuación, el periodista le pregunta: «—¿Qué fue lo que más le enamoró del general? —Las mujeres necesitamos admirar a alguien y yo admiraba a Miguel. Cuanto más lo trato, descubro nuevos motivos de admiración. Miguel, sobre todas las cosas, es muy inteligente y muy culto. Se prepara pronto para las cosas. Ya ve usted que él no era político cuando [se produjo] el golpe de Estado. Pero no todo es viveza e intuición. El otro día fuimos juntos al Museo del Prado y yo estaba encantada de oírle. Que me hablara de Goya en estos días podía ser una cultura de pastiche: pero no había pintor del que Miguel no supiera datos de su vida, particularidades de su estilo, haciendo observaciones sutiles y acertadísimas ante sus cuadros. —¿Y qué piensa usted de ser la esposa de quien rige los destinos de España? —No se me oculta que es una gran boda. Un sueño para una simple señorita, como yo, ¿no? Sí, sí, no haga usted cumplidos, un sueño. Pero lo único que me importa es el cariño que tengo a Miguel. ¡Lo adoro! —¿Qué opinión tiene usted, en abstracto, de la dictadura? ¿Cuáles son sus ideas políticas? —Mire usted, yo no tenía ideas políticas hasta ahora. Y ahora ya se pueda imaginar...». «Voy necesitando la vida del hogar» En otra entrevista con el diario «Informaciones», Niní Castellanos confirmó que vivirían en el palacete de la calle Juan Bravo. El general dejó también sus pistas en el «Heraldo de Madrid»: «Voy necesitando la vida del hogar que en todo este tiempo no he disfrutado, pues a mi hijos solo los he visto los domingos». En una noticia que se titulaba: «El próximo enlace de Primo de Rivera no influirá en la marcha de la política española». En 1928, tanto la situación política de España como su salud no eran precisamente buenas, pero el dictador se dejaba ver con su prometida en exposiciones, iglesias, ferias y en algún que otro viaje a su Jerez natal, donde no faltaban los paparazzi. El 18 de abril de ese año, ABC publicaba una foto de ambos paseando juntos por el antiguo hipódromo de la Castellana. Y juntos asistieron también a los homenajes que les rindieron varias embajadas. Según cuenta García Pérez en su artículo, unas semanas después de la entrevista de «Estampa» se oficializa la boda y recibe el permiso del Rey Alfonso XIII, que incluso accede a ser padrino. También se publica en la «Gaceta de Madrid», el BOE de la época, el 14 de mayo. Pero el 8 de junio, el «Heraldo de Madrid» publica, por sorpresa, una breve nota que dice: «Autorizadamente podemos asegurar que han quedado rotas las relaciones que existían entre el general Primo de Rivera y la señorita Castellanos». Nada más. Ruano asegura que, cuando se produjo la inesperada ruptura, quiso entrevistar al dictador para saber las razones. Hizo, incluso, numerosos intentos a través del Ministerio de Guerra, pero solo recibió una carta al respecto: «Sintiéndolo mucho, y obligándome a ello mis ocupaciones y la creencia de que no es el momento oportuno para una interviú, le comunico que por ahora no me es posible recibir su visita». El reproche En julio de 1928, no obstante, el periodista acudió a una verbena de carácter benéfico que se celebró en el parque de El Retiro, a la que iba a asistir Primo de Rivera «con unos amigos y unas señoras». Así cuenta el encuentro en sus memorias: «Su campechana simpatía le tenía entre el público como uno más de aquel alegre maremágnum. Coincidimos en una rifa y nos miramos. Yo tuve la convicción de que me había reconocido, porque aquella fue una época para mí que podríamos llamar de máxima popularidad [...]. Y estábamos tan cerca que, para coger yo mis papeletas, tuve que pasar un brazo por delante de él: —Perdone, general— la conversación surgió en el acto, confirmando que no ignoraba quién era yo. —Le perdono eso… y otras cosas. ¿No es usted González-Ruano? —Sí, general. Lo que no comprendo es lo que tiene que perdonarme. Siempre que he querido escribir algo que remotísimamente pudiera ser poco grato, se ha quedado la censura con ello. —La censura no lee entre líneas y uno no puede estar en todo— Habla el general con voz oscura, voz que yo no había oído jamás así de cerca, vis a vis, y que me provocó una profunda impresión—. Ha puesto usted en ridículo a la señorita Castellanos. —¿Yo? —Lo sabe usted mejor que yo. —He sido casi un taquígrafo, mi general. —Entonces se ha puesto en ridículo ella. En fin, lo comprendo y no le digo nada. Yo también me tengo por periodista. Se me quedó mirando fijamente. Tenía una gran dureza de mirada, una mirada que tenía mucho de insolencia y descaro. Pero, claro, en descaro podíamos reñir. Y añadió: —Ya sé que ustedes se ríen de las redacciones de mis notas oficiales. Sin embargo, sepa usted que ellas me sirven para ponerme en contacto con el pueblo». ¿Pudo ser, como insinúa Ruano, que su entrevista fuera determinante en la ruptura? Nunca se dio ninguna explicación oficial del asunto, pero según la prensa inglesa, francesa y hasta la revista «Time» estadounidense, la razón fue que el dictador se enteró de que su prometida había sido vista en la Bolsa haciendo una serie de movimientos financieros en compañía del conde de Almodóvar y del conde de Cimera. Una conducta que calificó de «imprudente e inexplicable», según la palabras recogidas en la revista «Madrid Histórico». Aún así, se sabe que, cuando el dictador murió dos años después en su exilio de París, Nini Castellanos acudió al hotel donde se veló su cuerpo y quiso presenciar cómo lo colocaban en el féretro.


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