Saturday 15 August 2020
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abc - 1 month ago

Feijóo y Urkullu salen reforzados y lanzan un aviso a la política nacional

Ni crispación ni frentismo. Gallegos y vascos lanzaron ayer un claro aviso a los líderes nacionales al optar por la continuidad y la moderación para gestionar la peor crisis de la democracia. El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo (PP), y el lendakari, Iñigo Urkullu (PNV), salieron reforzados con sendas subidas de uno y tres escaños, respectivamente, lo que les permite revalidar sus gobiernos. Será el cuarto mandato para el líder gallego, de nuevo con mayoría absoluta. Y el tercero para el dirigente vasco quien si bien seguirá sin gobernar en solitario, no tendrá problemas para reeditar su alianza con el PSE y ahora sin necesitar a un tercer socio. Nacionalismos La otra cara de la moneda la protagonizó la izquierda, con un hundimiento de Unidas Podemos. La formación morada vivió una de las peores noches electorales de su historia. Antón Gómez-Reino, candidato a la Xunta del equipo del líder, Pablo Iglesias, se quedó fuera del Parlamento gallego perdiendo los 14 diputados que esta formación ostentaba allí desde 2016. Su derrota pone en cuestión, además, a la figura de la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, que se volcó en la campaña de estas elecciones. En el País Vasco, Unidas Podemos pierde casi la mitad de su representación y se queda en seis diputados desde los once anteriores. La formación morada ganó las elecciones generales de 2015 en esta comunidad. Y contrariamente a lo que venía sucediendo, los socialistas no solo no fueron capaces de capitalizar estas debacles de su socio sino que ni siquieran lograron beneficiarse del habitual «efecto Moncloa». En el País Vasco tan solo gana un escaño, hasta diez, mientras que en Galicia repitió marca con catorce y en ambas plazas se queda como tercera fuerza política. PSOE y Podemos han pagado así cara su estrategia de blanquear a los nacionalismos ya que quiénes resultaron beneficiados de su tropezón fueron el BNG en Galicia y Bildu en el País Vasco. El primero asciende a segunda fuerza política -el objetivo que tenían los socialistas- pasando de seis a 19 escaños mientras que el segundo gana cuatro diputados y se refuerza como líder de la oposición. Tanto el BNG como Bildu son socios del Gobierno en el Congreso y ambos optaron en estas elecciones autonómicas por un discurso identitario pero transversal y con un fuerte acento social. Su objetivo fueron los votantes desencantados con la gestión del Ejecutivo y los jóvenes. Dualidad en el PP   De este modo, Núñez Feijóo cosechó su cuarta mayoría absoluta -con los mismos 41 escaños- y podrá seguir gobernando en solitario durante otros cuatros años más, sus últimos, según aseveró recientemente. Solo el fundador de Alianza Popular, manuer Fraga había logrado una gesta similar. Con este resultado, el dirigente popular refuerza, además, su liderazgo moral dentro del PP. Más aún dado el resultado cosechado por este partido en el País Vasco, donde la estrategia del líder nacional, Pablo Casado, se reveló como un fracaso. El candidato a lendakari designado por Génova, Carlos Iturgaiz, y la coalición con Cs menguaron la representación de los populares casi a la mitad -de nueve diputados a cinco- y no lograron frenar a Vox que consiguió entrar en el Parlamento vasco con un simbólico escaño. Feijóo, en cambio, sin alianzas con Cs y con un discurso pactista -en plena campaña volvió a invitar a PP y PSOE a formar una gran coalición- revalida el gobierno y sube ligeramente. En cuanto al País Vasco, Urkullu podrá gobernar con mayor comodidad al avanzar tres diputados, reeditando su actual acuerdo con el PSE. Ambos sumarán 41 escaños (31 del PNV y 10 de los socialistas) que les situarán por encima de la mayoría absoluta, una marca que en la legisltura anterior no alcanzaban. No obstante, se abre una segunda aunque poco probable combinación. Se trata de la vía defendida por el líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, para sumar a Bildu, PSE y Podemos. Una ecuación que arroja 38 escaños pero que los socialistas rechazan. El jefe del Gobierno, Pedro Sánchez, siguió el escrutinio desde La Moncloa mientras el presidente del Partido Popular, Pablo Casado, lo hizo desde su despacho en la calle Génova tras estar en contacto con Núñez Feijóo e Iturgaiz durante todo el día. El líder de la oposición compartió la noche electoral con el secretario general del partido, Teodoro García Egea, y las dos vicesecretarias, Ana Beltrán y Cuca Gamarra, así como el vicesecretario Pablo Montesinos, la portavoz en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo, o el homólogo de ésta en el Senado, Javier Maroto. Quién sí se desplazó a Ferraz fue el secretario de Organización del PSOE y ministro de Fomento, José Luis Ábalos. Allí estuvo acompañado, entre otros, por el ministro de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes, o la exministra de Trabajo Magdalena Valerio. Tanto en Galicia como en el País Vasco la jornada electoral discurrió marcada por las medidas de seguridad decretadas por el coronavirus pero sin incidentes graves, según la Policía. No obstante, el portavoz del Comité de Acción Política de Vox, Jorge Buxadé, denunció que «la fiesta de la democracia ha sido violenta contra los apoderados de Vox».


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