Wednesday 29 January 2020
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abc - 2 month ago

Presidentes autonómicos rechazan ser comparsas en el diálogo con Torra y la Generalitat pide más

La estrategia por socializar y compartir con el resto el desgaste en el camino hacia la investidura se ha demostrado como poco sutil. La decisión de rehabilitar a Quim Torra como interlocutor camuflando en una ronda de llamadas a todos los presidentes autonómicos generó ayer malestar entre algunos de esos protagonistas. El presidente en funciones llamará a los presidentes regionales por orden de antigüedad en su acceso a la autonomía. Es decir, primero llamará al lendakari, Iñigo Urkullu, y posteriormente lo hará con el presidente de la Generalitat. «Le llamaré el segundo, después del lendakari del País Vasco, no creo que haya problemas», aseguró ayer Sánchez a su llegada a Bruselas cuando se le preguntó si iba a tener el «gesto» de llamar a Torra en primer término, como reclamaban los independentistas. Esta ronda no comenzará de manera inmediata: «Tendrá que ser la próxima semana», dijo ayer el líder del PSOE. Esas llamadas empezarían después de los encuentros que Sánchez mantendrá en el Congreso de los Diputados con Pablo Casado, a las 9.30 horas, y con Inés Arrimadas, a las 11 de la mañana. Fueron varios los gobiernos regionales que ayer expresaron su sorpresa y sus cautelas por esta ronda. El presidente de la Xunta de Galicia manifestó sus cautelas ante el inusual formato: «No creo que caiga en el error de que esto sea un paripé y una coartada para hablar con el señor Torra, espero que no utilice a los presidentes autonómicos para blanquear un acuerdo con los independentistas», advirtió Alberto Núñez Feijoó. La portavoz del Gobierno en la Región de Murcia, Ana Martínez Vidal, también denunció esta operación como un intento de «blanquear» su contacto con Torra. «Para contentar a los que quieren romper España que no cuenten con nosotros», aseguró. Denunciaron desde esta comunidad que en anteriores ocasiones consejeros autonómicos han solicitado reuniones con ministros que no han sido concedidas y que ahora pretende «justificar su intención de pactar con los independentistas». La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, criticó que desde que ocupa el cargo no ha tenido contacto con Sánchez, pese a sus peticiones, y cuestionó también la fórmula empleada ahora: «Llevo más de cuatro meses y no he tenido ninguna carta, solicitud, ni me ha llevado jamás a ninguna reunión. Yo lo que imagino es que lo hace para tapar una reunión con Quim Torra y de esa manera maquillarlo en la reunión con el resto», dijo la presidenta madrileña. Desde La Moncloa aseguraron ayer que se tratará de una ronda de llamadas, como se dijo inicialmente, y no de reuniones. Aunque unas declaraciones de la vicepresidenta Carmen Calvo inducieron al equívoco. El presidente de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, transmitió ayer que siempre estará dispuesto «al diálogo por el interés general de España», pero no a que Sánchez les «utilice como coartada para restituir la relación institucional con Torra». El anuncio de la llamada al presidente Quim Torra por parte de Pedro Sánchez cayó en Cataluña de manera ambivalente. Mientras que los impulsores de la misma, ERC, se vanagloriaron de haber forzado al aspirante a presidente a dar el paso, el aludido Torra y JpC, ahora mismo convidados de piedra o «carabinas» en el baile entre socialistas y republicanos, se hicieron los ofendidos, denunciando que lo que reclaman es «bilateralidad» y no una nueva ronda de «café para todos» junto al resto de comunidades autónomas El presidente del PP, Pablo Casado, consideró de «vergüenza ajena» que Sánchez pretenda «convertir a los presidentes autonómicos en atrezo» para recuperar la bilateralidad que le reclaman los independentistas. Desde Vox también anunciaron que no participarán en la ronda que iba a iniciar Adriana Lastra con todos los partidos del Congreso: «Vox no va a sentarse a hablar de la investidura mientras el PSOE la negocia con los enemigos de España. No vamos a contribuir al blanqueamiento de Bildu, ni del comunismo bolivariano ni del golpismo. Nos tendrán enfrente», anunció ayer Santiago Abascal. Que la llamada a Torra es un gesto hacia ERC y no tanto hacia el propio «president» lo confirmó la portavoz y secretaria general adjunta de los republicanos, Marta Vilalta: «Le pedimos al PSOE que se tenían que respetar las instituciones catalanas y de sus máximos dirigentes y que hacía falta una llamada al presidente como gesto», afirmó. En un baile que es en realidad una mascarada, Esquerra no quiere tanto rehabilitar a Torra –en realidad ya un cadáver político a la espera de su inhabilitación– como no aparecer ante el votante independentista como desleales al Govern. Como estrategia de fondo, también, tratar de implicar a Torra, y por extensión a JpC, en unas negociaciones de modo que los herederos de CDC ya no podrían acusar a los republicanos de entreguistas. Como se ve, y ante la perspectiva de un inminente adelanto electoral en Cataluña, el tira y afloja entre ERC y JpC se tensa y sofistica hasta niveles ya incomprensibles para el elector común. Vilalta lo trató de explicar como pudo: «Estamos pidiendo que se puedan reconocer las instituciones, los máximos responsables de estas instituciones, como es, obviamente, el presidente de la Generalitat, y que pueda liderar y encabezar, cuando sea necesario, los contactos para construir esta vía política». Los republicanos, pese a constatar un «cambio en la voluntad de enfocar» por parte del PSOE, insisten que aún se está lejos de encontrar el «formato» que deben dar a la mesa de negociación para «solucionar» el conflicto en Cataluña. No obstante, al otro lado de la línea no parecen estar por la labor, y precisamente el hecho de que el contacto con Torra se produzca junto al resto de presidentes es lo que molesta. Desde la Generalitat se señala que lo que debe haber es «respeto institucional» y «bilateralidad». En este sentido, la portavoz del Govern, Meritxell Budó, reiteró que la llamada en cuestión es insuficiente, pero que verían como «un gesto» que el presidente catalán fuera el primero. «El tema no se soluciona con una llamada dentro de la ronda a los 17 presidentes de las comunidades. Reclamamos respeto institucional y por tanto pedimos que se aborde el diálogo entre Gobiernos desde una bilateralidad, es decir, que se reconozca esta bilateralidad entre Cataluña y el resto del Estado», añadió Budó.


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