Wednesday 29 January 2020
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abc - 2 month ago

Lupita Peckinpah: «Odié a mi padre, pero en la balanza pesa más lo positivo»

Sam Peckinpah no vivió a cámara lenta, precisamente. Su final llegó antes de cumplir los 60, dejando atrás cinco hijos y tres esposas, no tantas como matrimonios. Con la segunda, la estrella mexicana Begoña Palacios, mantuvo la relación más tortuosa y se casó tres veces. Lupita Peckinpah pagó los platos rotos. 35 años después de la muerte de su padre y cuando se cumple medio siglo del estreno de «Grupo salvaje», aceptó embarcarse en un viaje a Livingston (Montana), donde el cineasta se refugió en sus últimos años. TCM la ha acompañado en un documental de producción propia que el canal estrena este sábado, a las 22.00. El título de «Peckinpah Suite» alude a la habitación más visitada del hotel Murray, donde Lupita y el director Pedro González Bermúdez encontraron más leyendas que certezas. Sus propietarios y trabajadores cuentan historias de balas en la pared, espejos rotos y unos barrotes en la claraboya del baño para evitar que lo robaran, cuando las drogas alimentaban su paranoia. Su hija no fue consciente del Peckinpah más violento: «Solo recuerdo que el 4 de julio sacaba la pistola y echaba balazos, pero nunca hubo violencia conmigo delante», relata a ABC. Esa faceta la descubrió después, «por sus amigos o por lo que escuchaba». Lo cierto y publicado es que más de una vez lo detuvieron por pelearse. En una partida de póker, llegó a comerse un billete de cien dólares para no perderlo también. Leyenda negra «Packinpah Suite» no ahonda en el lado oscuro del director y guionista, aunque tampoco lo esconde. Especialmente interesantes son los fragmentos de entrevistas, de las pocas que concedió y se conservan. «Tenía tanta personalidad que daba miedo. Sale un periodista de la BBC al que hemos visto mucho y dominaba la escena, pero con él estaba hacia atrás, manteniendo el tipo», describe González Bermúdez. Lo esencial de este trabajo es el viaje personal de la hija del artista, que realiza «un proceso muy personal, casi una terapia», para recrear el «rompecabezas de un padre ausente». Lupita Peckinpah asegura que gracias a esta aventura ha comprendido que la vida de su padre era el cine. «Sus películas eran sus hijos, pero nunca hubiese hecho lo que hizo sin entregarse así», añade la hija del cineasta, quien cree que aún peor que tener dos padres separados era que fueran artistas. P - ¿Hubo alguna fase en la que llegó a odiarlo? R - Sí, para qué te voy a mentir. Lo odié en esas épocas en las que eres joven y rebelde y no está tu papá. Pasé por esa fase, pero al final siempre lo he querido. A lo mejor he creado una imagen fantasiosa, pero le tenía mucho cariño. En la balanza ha pesado más lo positivo que lo negativo. P - Pese a todo, asegura que la obra de un genio compensa el sacrificio que hizo con su familia. R - La verdad es que sí compensa. No cambiaría nada. Era su vida. Fue feliz así y no estuvo con nosotros. Tal vez fue egoísta, pero hizo lo que para él fue correcto. P - ¿Le haría lo mismo a su hija a cambio de rodar obras maestras? R - No, yo no. El cine es muy sacrificado y para mí lo primero es mi hija. Por eso decidí no ser directora ni actriz. Como diseñadora de vestuario, puedo tomar proyectos con más flexibilidad, sin perder mi calidad de vida. P - ¿Conserva recuerdos de una casa llena de artistas? R - No tanto en México como cuando iba a visitar a a mi padre a Estados Unidos. Recuerdo un cumpleaños que me preparó con Kris Kristofferson inflando globos. Pero no era muy consciente, porque cuando mi papá falleció yo tenía 12. Me quedan momentos, situaciones, detalles... Yo era chiquita. P - En el documental no habla de la relación con su madre y sus hermanos. R - Ella fue una estrella muy famosa. Dejó su carrera por casarse e irse con él a Estados Unidos. No funcionó y decidió regresar a México, pero no fue una mamá ausente. Siempre fue cariñosa, entregada y sonriente. Ycon mis hermanos la relación es bastante buena. No nos vemos muy seguido porque viven en Estados Unidos. Es verdad que antes iba más a verlos. P - ¿Cuándo vio las películas de su padre por primera vez? No estaban dirigidas a los niños, precisamente. R - La primera que vi de él fue «Quiero la cabeza de Alfredo García» y no sabría decir qué sentí en ese momento, pero fue un shock para mí. Se me hizo muy fuerte. Ya después, obviamente… P - ¿Cuándo se produjo esa transición como espectadora? R - Siempre tuve acceso a sus películas. Una vez me quedé en casa de una de sus hermanas en vacaciones y me pasó las películas: «Grupo salvaje», «Perros de paja»... Era pequeña para verlas. La transición fue a partir de los 17 años, que empecé a ver su cine de otra manera y a entender mejor de qué trataba, qué mensajes quería transmitir con sus películas, qué reflexiones. Más grande entendí mucho más su cine y de hecho soy muy fan de sus películas más viejitas. Lo que no he visto nada de él es de televisión.


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