Wednesday 29 January 2020
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abc - 2 month ago

Relatando (y desmontando) el «procés»

El mejor periodismo brota de la tragedia, o al menos del conflicto, y de la necesidad de comprender, o tal vez de explicar. El mejor periodismo se alimenta de la obligación, no siempre alcanzada, de derribar mitos concienzudamente construidos. Durante demasiado tiempo, el desafío soberanista catalán se ha alimentado de tópicos de diseño, propagandas del victimismo, impulsadas hasta el exhibicionismo con el dinero de todos los catalanes. El periodismo, primera víctima en toda guerra, acude ahora a las librerías para cumplir con su misión: nutrir al lector de la información necesaria para forjar libremente una opinión. Los libros acuden, como a una cámara de segunda lectura, a esta ineludible cita con el «procés». Desde Barcelona y desde Madrid, en la librería conviven ya el analista, el columnista, el reportero y, por supuesto, el cronista. También la hemeroteca ha comparecido. Falta, quizá aún sea pronto, un buen libro de entrevistas a los protagonistas. Una buena inmersión periodística ha de comenzar por los hechos, y aquí irrumpe «El naufragio» (Península, 2018). La crónica de Lola García, subdirectora de «La Vanguardia», discurre desde que Artur Mas se baja del helicóptero en el parque de la Ciutadella, el 17 de junio de 2011 -mientras a algunas de sus consejeras les pintan el abrigo con aerosol-, hasta que las furgonetas de la Guardia Civil salen de la Audiencia Nacional con buena parte del destituido Gobierno catalán en sus tripas, el 2 de noviembre de 2017. Esta crónica de 250 páginas aborda un sexenio seudorevolucionario que concluye «sin república y sin autonomía». Narración épica El buen periodismo vive en los detalles y estos están en las fuentes directas. La autora, que arriesga al apostar por la épica de la narración en presente, ha hablado con muchos protagonistas, más y mejores en Barcelona que en Madrid, y ha construido un relato rico, plagado de confesiones y de claves para que el lector entienda el último acto de este endiablado proceso político (y judicial), especialmente a la hora de levantar las alfombras del independentismo. La política, en fin, la hacen las personas, y en ellas anidan las pasiones. Muchas de ellas son desveladas en este libro, como el pánico de los miembros del Gobierno catalán ante el temor a ser arrestados tras la aprobación del o el sentimiento de culpa de Francesc Homs, uno de los impulsores del «procés» cuando ve a sus sucesores en prisión; o las lágrimas de la popular Dolors Montserrat cuando revela en Consejo de Ministros que va a ser declarada persona no grata en su pueblo. Gusta Lola García de citar a Gaziel, seudónimo del periodista catalán Agustí Calvet, y esto nos obliga a referir otro libro, no dedicado específicamente a Cataluña pero que recoge artículos de los años 30, convulsos en España, convulsos en Cataluña. En «Un país en crisis. Crónicas españolas de los años 30» el colaborador de ABC Sergi Doria nos brinda los antecedentes periodísticos en el golpismo separatista en Cataluña del 6 de octubre de 1934: «Apuntes de una noche inolvidable, para los catalanes del mañana» es la prueba de que el buen periodismo no solo no caduca, sino que mejora con el tiempo: «La Generalidad -escribió Gaziel hace 85 años- declara la guerra, esto es, fuerza a la violencia al Gobierno de Madrid, cuando jamás el Gobierno de Madrid se atrevió ni se habría atrevido a hacer lo mismo con ella». Companys acababa de salir al balcón. «Estoy bañado en sudor, realmente aterrado», escribía Gaziel. La hemeroteca también ha comparecido en nuestra particular librería del «procés». Interesados en profundizar a fondo en la Historia, y más allá del periodismo, en el 6 de octubre de 1934, lean «La rebelión militar de la Generalidad de Cataluña contra la República» (Marcial Pons, 2014), del intelectual Alejandro Nieto. Rafa Latorre y Cristian Campos sorprenden en su debut en el ensayo político. Son libres Con un pie aún en la crónica, y el otro ya en el ensayo, nos sorprende Rafa Latorre en su debut editorial. «Habrá que jurar que todo esto ha ocurrido» (La Esfera, 2018) es el título perfecto para un relato que no se limita el citado sexenio, sino que bebe de sus orígenes en el pujolismo. Es un libro brillante, escrito con muñeca de columnista, de adjetivo certero y juicio valiente, afilado en sus análisis, y atroz. Atroz no el libro, sino la realidad que refleja: «La construcción de una realidad paralela en la que se instalaron gozosos millones de catalanes, a los que su gobierno, una insólita alianza transversal de plutócratas y antisistema, invitó a un autosacrificio en el altar de la patria». Un libro que enlaza con el mejor Arcadi Espada, por su pulcritud en la expresión, por su independencia, por esa fina contundencia. Por cierto, que Espada ha reeditado su célebre «Contra Catalunya» (Ariel, 2018), al igual que Federico Jiménez Losantos ha recuperado «Barcelona, la ciudad que fue» (La Esfera de los Libros , 2019 ) Patio de columnas Una columna sin datos no es periodismo. Es literatura, y si es buena nos encanta, pero no es periodismo. En los periódicos caben ambas fórmulas, pero no son lo mismo. Cristian Campos ejerce como periodista en «El Español», y escribe columnas, entre otras cosas. Generalmente brillantes y siempre creativas y contundentes. Una de sus especialidades es la política sobre Cataluña -que no es lo mismo que la política catalana- en parte porque es su casa, en parte porque el contexto en el que vive se lo impone, y en parte porque tiene un talento natural para escribir con una moderna y entretenida brevedad que le permite llegar a todos los lectores, también a los de los 280 caracteres. En la selva de Twitter sus mensajes son agua fresca. Ahora, Campos se ha atado la columna a la cabeza y se ha lanzado al formato libro. El título lo dice todo: «La anomalía catalana» (Deusto, 2019). Le ha salido un magnífico relato, fresco, documentado y categórico. Es una sucesión de columnas hilvanadas con agilidad para demostrar que lo que está sucediendo en Cataluña es una anomalía en España, en Europa y en el mundo civilizado y también en el siglo XXI. Con una naturalidad pasmosa Campos se dedica a desmontar mitos y consignas clasistas/xenófobas, muchas de ellas apoyadas en la consideración del catalán como la lengua propia de Cataluña, que es tanto como afirmar que el español es un idioma impropio (de Cataluña). Es un ensayo bien escrito, desde la propia experiencia, y nutre al lector de multitud de datos y argumentos. Como el buen periodismo. Ese mismo afán desmitificador lo hallamos en «Diccionario de lugares comunes sobre Cataluña» (Deusto, 2018), un breviario implacable en el que el diplomático y articulista Juan Claudio de Ramón desmonta una por una las frases hechas del independentismo: «El origen de la crisis está en la sentencia del Estatuto», «La inmersión lingüística es un modelo de éxito», «Cataluña tiene derecho a decidir» y la madre de todos los eslóganes falsarios del «procés»: «España nos roba». De Ramón considera que «la auténtica fábrica de independentistas es darles la razón» (cuando mienten, claro está, que es a menudo). Crucial en este empeño fue en 2015 «Las cuentas y los cuentos del independentismo» (Catarata, 2015), con el que Josep Borrell y Joan Llorach tuvieron el don de la oportunidad, el acierto de confrontar aquellas mentiras con los datos. Borrell contaba entonces con una triple autoridad para llevar la contraria al pensamiento único «indepe» antes siquiera de abrir la boca: era catalán, no de M era socialista, no de de y había ocupado primerísimos cargos en la Unión Europea. Su sola existencia incomodaba al independentismo, como luego demostró en un debate cara a cara con un Oriol Junqueras que acabó noqueado en la lona, víctima de sus propias mentiras: a fuer de repetirlo mucha gente creyó que era posible una Cataluña independiente dentro de la UE. Borrell fue uno de los que ocupó ese espacio hasta entonces vacío y que después cristalizó en la manifestación constitucionalista del 8 de octubre en Barcelona. El día de la marmota Nada peor que escuchar a un locutor de radio o a un presentador de televisión dando paso a la información sobre el «procés» lamentando tener que informar sobre el «procés». Esto pasa casi cada día en los medios españoles -«el día de la marmota», proclaman perezosos- y pasa porque el desafío soberanista, en su delirio, todo lo copa, satura y, por encima de todo, confunde: la confusión es parte de su esencia. Pero hay un periodismo que ha decidido denunciar, desde Madrid y desde Barcelona, lo que el filólogo Jordi Amat acertó -a pesar de esa equidistancia que revela escaso respeto por la Ley-a describir así: en Cataluña, la gente no se fue a dormir autonomista y se despertó soberanista. Para empezar a construir el futuro es necesario deconstruir la propaganda falsaria del «procés». En las librerías hoy conviven autores capaces de mostrar la verdad desde posiciones ideológicas diversas pero críticas con el proceso político que llevó a Cataluña a perder su capacidad de autogobierno, y a asumirlo con la naturalidad del niño que recibe una reprimenda del padre tras hacer una trastada. Como dijo JFK: «A menudo el gran enemigo de la verdad no es la mentira -planeada, inventada, falsa- sino el mito, asentado, convincente e irreal». Los libros del juicio, a juicio A la espera de que alguna intrépida editorial reúna en un librito las crónicas que cada día durante el juicio del «procés» Pedro García Cuartango ha publicado en ABC «Desde la sala» del Tribunal Supremo, las librerías empiezan a recibir obras sobre el juicio político del siglo (XXI en España). La auténtica crónica libresca del juicio lleva la firma de Carlota Guindal y un título que es toda una declaración de lo que nos vamos a encontrar: «Ni vencedores ni vencidos» (Península) es un concienzudo y sólido repaso de los hechos y un canto al diálogo y a la política como solución. Morbo tiene otro libro recién publicado, «El Encargo» (Ariel), escrito por el abogado Javier Melero, un no nacionalista que defendió a los independentistas. No tiene el ritmo periodístico del primero, pero sí la fuerza de un testimonio de parte. La tercera perspectiva, la de un juez, la ofrece José Antonio Vázquez Taín en «Pulso al Estado» (Espasa). Por J.F-M


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