Wednesday 29 January 2020
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abc - 2 month ago

«Es el cuento de siempre: a mujer que decide salirse de las normas como hacen los hombres es castigada por ello»

No tenía María Adánez (Madrid, 1976) a Valle-Inclán entre sus objetivos inmediatos, pero el productor Celestino Aranda y el director José Carlos Plaza se conjuraron para convertirla en la Mari-Gaila de «Divinas palabras». Y ella pensó: «estupendo». «Es un personaje muy alejado de mí -despeja la actriz- por muchos motivos, pero sobre todo por algo que nos afecta a los actores actuales, y son los instintos. Nosotros lo filtramos todo a través de la cabeza, y Mari-Gaila y el resto de personajes son unos supervivientes. Cada escena de “Divinas palabras” es un ejercicio de supervivencia para ellos. Son unos personajes muy miserables, que están en un entorno muy pobre, económica y espiritualmente. Hay mucha necesidad... Y nosotros afortunadamente nos movemos en otro mundo. Y para acercarnos a ese mundo tenemos que hacer un gran esfuerzo». «Mari-Gaila -explica la actriz- es una mujer que saca dinero aprovechándose de las miserias de Baldadiño... No es una mujer empática, no tiene instinto maternal ni es cariñosa. Es egoísta y busca únicamente vivir y sobrevivir». No la condena, sin embargo. «Si hubiera una guerra y no tuviéramos pan para comer -y posiblemente algunas personas que vengan a ver la función tengan recuerdos de esa situación-, ¿cómo nos comportaríamos? Los personajes de “Divinas palabras” nos repugnan, pero los comprendemos. Seguramente haríamos lo mismo que ellos si estuviéramos en su situación». Asegura María Adánez que «Mari-Gaila es una mujer poderosa y, sobre todo, no es nada sumisa. Yo me imagino que es una mujer con luz en esta aldea tan oscura que pinta Valle-Inclán, y que, con cuarenta y pico años de aquel momento -que son distintos de los de ahora- se siente tiene ganas de amar, de sentirse viva y deseada, de gozar. El carretón que arrastra con Baldadiño encima, y por el que lucha a muerte contra su cuñada, Marica del Reino, no solo supone su sustento económico, sino que es también su libertad. El carretón significa salir de esa casa que, como dice José Carlos Plaza, que “huele mal” y comienza su sueño. Hay algo en Mari-Gaila de “Alicia en el país de las maravillas”; es como una niña que al salir por los caminos descubre un mundo que no conocía. Anda por las ferias, conoce gente, y en ese momento es feliz porque lo que quiere, básicamente, es ser libre». Personajes como Mari-Gaila, como Salomé, como la señorita Julia, son una enseñanza para la mujer tanto como para la actriz. En este caso, dice María Adánez, ve en su personaje la historia de siempre. «Al final, ¿qué pasa con ella cuando decide ser libre, a pesar de todo, y cuando quiere decidir su sexualidad, a pesar de todo? Ella, Salomé, Julia... Si hubieran sido hombres no habría conflicto. Pero lo hace Mari-Gaila, una mujer, y todo se vuelve contra ella. Decide irse con Miau, la encuentra la aldea y se vuelve contra ella. Hay una escena terrible en que no se sabe si la van a apedrear, a violar o a matar... Y lo más fuerte, para mí, de la función -escrito por Valle- es que Pedro Gailo, su marido, le mete un cirio ardiendo por sus partes. La castiga la Iglesia, la moral... Otra vez la honra de la mujer... Es el cuento de siempre. La mujer que decide ser libre y salirse de las normas como hacen los hombres, y es castigada por ello».


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