Sunday 17 November 2019
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abc - 8 days ago

Un muro que no termina de caer

Edificado por una dictadura comunista para confinar a millones de ciudadanos en un país-cárcel, el Muro de Berlín fue la materialización del mal. Lo que sucedió hace ahora treinta años fue precisamente el triunfo de la libertad, del bien, sobre una perversidad que tenía lugar ante nuestros ojos y que para muchos se había convertido en algo normalizado y aceptable. Lo que derribó el Muro fue la firmeza de aquellos que denunciaron la ideología comunista y sus múltiples declinaciones, y no la pasividad acomodaticia de quienes se empeñaban en pactar con unos carceleros que tenían encadenados a los ciudadanos de media Europa. La caída del Muro abrió una nueva era de libertad para millones de personas y cambió el paisaje político no solo de Alemania, sino de todo el continente europeo. Tres décadas después de aquella fecha, el arsenal ideológico y moral vencedor de la Guerra Fría aparece de nuevo acosado y debilitado por las tendencias nacional-populistas, incluso en aquellos países que se liberaron de la tiranía. Incluso en las regiones alemanas que sufrieron la dictadura de la RDA progresan tanto las fuerzas nostálgicas del comunismo como del fascismo. Estados Unidos, que jugó un papel esencial en la derrota de la Unión Soviética con presidentes tan oportunos como Ronald Reagan, ha dejado de mirar hacia sus entonces aliados europeos, que, por su lado, se preguntan si la OTAN sigue teniendo sentido en esta situación. Frente a esos ataques, solo cabe recordar que lo que era cierto hace treinta años -la superioridad moral de las democracias liberales sobre las ideologías totalitarias- sigue siendo cierto hoy, y que merece la pena defenderlo, sobre todo ante aquellos que utilizan las ventajas de la libertad para combatirla.


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