Thursday 25 April 2019
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abc - 1 month ago

Un sargento, sobre el 20-S: «No eran caras normales, eran de rabia descontrolada»

Insultos, amenazas de muerte, golpes, forcejeos, lanzamiento de objetos, zarandeo de vehículos policiales, rotura de cristales, gente agarrada al parabrisas, tumbada en el capó, e incluso intentos de llevarse a un detenido... El relato del sargento que se encargó del arresto y registro del responsable de Exteriores de la Generalitat Xavier Puig i Ferrer ha dejado corto hoy al que hasta ahora había trascendido de la concentración ante la Consejería de Economía ese mismo 20 de septiembre de 2017, cuando la letrada judicial fue evacuada por la azotea. «En mis 25 años de ejercicio profesional, en Antidroga y crimen organizado, he vivido centenares de registros y situaciones de violencia. Pero de esto me sorprendió la cara de las personas en los cristales (del vehículo). No eran caras normales, eran caras de mucha rabia. Una rabia descontrolada», ha relatado hoy el sargento. Tanto, que, una vez en el coche policial, el propio detenido imploró a los agentes que le sacaran de allí y la secretaria judicial acabó llorando y sufrió «un estado de nervios tremendo». El testimonio de este agente ha sido uno de los cuatro que han escuchado hoy en el Alto Tribunal por parte de quienes intervinieron en los arrestos y detenciones del 20-S y en otras diligencias relacionadas con el referéndum ilegal. Todos ellos han puesto de manifiesto las argucias de los altos cargos de la Generalitat y los obstáculos de los manifestantes para entorpecer el trabajo de la Policía Judicial, que ese día, en una operación conjunta, realizaba 40 registros en Cataluña. En una intervención corta, pero intensa y muy descriptiva, el sargento encargado del registro de Exteriores ha explicado cómo fue creciendo la tensión a las puertas de la Consejería de Exteriores en apenas tres horas. «Pensé realmente que iban a asaltar, que iban a entrar», ha confesado el testigo, que ha relatado cómo, tras evacuar a la letrada judicial y después al detenido, presenció algo insólito: la multitud se agolpaba de tal manera en torno a los ocho agentes que trasladaban a Puig i Ferrer «que querían sustraerlo de la cápsula de seguridad», querían llevárselo. Y eso que no era una cara conocida, como la de Forcadell, que esa misma mañana, a su paso por Vía Laetana, alentó con la mano a los manifestantes para que prosiguieran sus protestas. No fue el único punto en el que se produjeron incidentes violentos, pues hubo llamamientos a concentrarse en todos los lugares en los que había registros. Sucedió también con la detención, en su propio domicilio, de Josep Maria Jove, mano derecha de Oriol Junqueras. Terminada la diligencia en su domicilio a las 12.15 horas, la Guardia Civil tuvo que permanecer en la vivienda hasta las tres de la tarde porque entre 200 y 300 personas se agolpaban en la puerta. El teniente al frente de la comitiva ha revelado hoy que no pudieron trasladar a Jove desde su casa hasta su despacho en la Consejería de Economía porque, en una conversación telefónica, un compañero de la Guardia Civil allí desplegado le dijo que Jordi Sànchez le avisó de que «no iba a permitir» que entrase ningun vehículo. También hubo episodios violentos el 1 de octubre según el testimonio de otro de los guardias civiles que han declarado hoy. El jefe de la Policía Judicial de la provincia de Barcelona ha detallado acciones como «golpes en la cabeza, un intento de atropello con moto y otro de sustracción de arma» a un agente, actuaciones que situó en un centro de votación del pueblo de Sant Esteve Sesrovires. Auque no estuvo en los colegios, también aludió a lanzamientos de sillas y barricadas con «alpacas de paja». Y ha asegurado que en el registro de la sede de Unipost, la empresa de correo postal, una diligencia que él dirigió, los agentes fueron «increpados y grabados» por la gente. «Tírala al patio» Otro agente ha desvelado el intento de un arrestado en el polémico 20 de septiembre por ocultar la documentación vinculada al referéndum ilegal. «Entra en el despacho, coge la pila de papeles que hay en la mesa de reuniones y tírala al patio», le ordenó Lluís Salvadó, el antiguo secretario de Hacienda de la Generalitat, a su secretaria. Esta conversación se produjo a primera hora de la mañana, mientras los guardias civiles esperaban que Salvadó abriese la puerta de su domicilio. El antiguo alto cargo tardó en salir porque estaba al teléfono con su secretaria. Lo que no sabía es que su móvil estaba intervenido y que esa conversación fue luego escuchada por los investigadores. Así lo ha revelado hoy el jefe del dispositivo policial del arresto de Salvadó, que ha relatado cómo en plena práctica de la diligencia aparició Oriol Junqueras y se acercó al arrestado pese a que le advirtieron de que no podía hacerlo. Aun así, el registro en la sede de Hacienda se produjo sin sobresaltos, según el propio agente, que ha calificado de «asedio» lo sucedido ante la sede de Economía. El relato de otro agente ha resuelto el misterio que rodeaba al «tal Toni», el hombre de la Generalitat que encargó servicios preparatorios del 1-O y que ningún proveedor quiso identificar. En el domicilio de Antonio Molons, el exsecretario de difusión de la Generalitat, los investigadores encontraron la tarjeta prepago asociada al número de teléfono desde el que se ordenaron los trabajos, escondida en «una jarra».


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