Tuesday 19 February 2019
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abc - 6 days ago

El espectáculo del hombre vampiro para conquistar a su pareja

First dates «First Dates», con Carlos Sobera al frente, sigue empeñándose en su tarea de erradicar la soltería en España. Tarea difícil la suya, pero no es esa razón para claudicar, y menos a dos días de San Valentín. Por el plató de Cuatro han pasado los personajes más excéntricos que uno pueda imaginarse, y no pocos de ellos se han ido del programa acompañados. Ninguna misión es imposible. Rompió el hielo Khalid, un músico de 47 años que vive en Barcelona y que dice venir «de una familia de artistas: actores, humoristas...». Llegó en una silla de ruedas y se lamentó de que «es un poco difícil encontrar pareja porque mi situación está limitada». Para cenar con él llegó Ytioko, una cantante africana de 35 años que vive en Madrid, que en su presentación contó que «siempre brillo por donde voy y llamo mucho la atención: por mi sonrisa, por mi humor». La mujer reconoció ser «romántica e ilusionada con el amor. Yo de mayor me veo casada, con hijos y viviendo en un casoplón». Khalid quedó prendida de ella al instante: «Es completamente bella, perfecta». Una vez sentados en la mesa prontó salió a relucir su pasión por la música y se tiraron un buen rato hablando sobre sus carreras y proyectos artísticos. Luego, inevitablemente, él le contó sobre el accidente que le había dejado en una silla de ruedas: «Me caí estando con mi hermana y me quedé así...Pero fue un regalo, sin el accidente no sería el Khalid de hoy». A Ytioko le encantó esa actitud y le gustó mucho que fuese «un hombre muy positivo». Casi al final de la cena ella se atrevió a salir a cantar en el comedor. Cuando llegó el momento de la decisión final él quiso tener una segunda cita, pero ella dijo que «aunque me pareces atractivo, el hecho de que tengas tres hijos me hace sentirme desconectada contigo». Para la segunda cita de la noche llegó a «First Dates» Juan, un valenciano de 58 años que apareció vestido con una capa y con un bajo. «Lo de la carpa es un adorno estético», explicó Juan, «aunque parezca una extravagancia, entretiene al que me mira». En su presentación contó que había pertenecido «a la movida valenciana, y por eos la música es vital en mi vida. Me hace recordar mi juventud y me acompaña en mi soledad». En el amor aseguró «no saber qué debe tener una mujer para que me enamore de ella». Su pareja era Carmen, una enfermera tres años menor que él y que también vive en Valencia. Se presentó como una mujer abierta «a la que le gusta conocer gente y hacer amigos. Quiero a un hombre que me haga reír». Cuando conoció a Juan lo primero que le llamó la atención es que era más bajo que ella, y se rió. Se sentaron a cenar y tuvieron una cita distendida y agradable en la que ambos se rieron mucho. Juan le contó que «hace cuatro años sufrí una experiencia traumática, que fue un infarto, y cambió mi filosofía de vida. Antes vivía en un vértifo, iba lanzado y sin pensar y ahora paladeo más la vida». A la mitad de la cita él se levantó de la mesa y volvió al cabo de unos segundos con su capa de Drácula y tocando su bajo. Le cantó una canción a Carmen y consiguió que todo el restaurante aplaudiese su número. Para terminar su espectáculo se acercó por detrás a Carmen, la cubrió con su capa y le mordió el cuello, como un vampiro. A ella le gustó mucho comprobar que Juan era un hombre divertido: «Me he quedado muerta de amor». Como era de esperar, se marcharon juntos con la promesa de una segunda cita.

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