Friday 14 December 2018
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abc - 23 days ago

Más del 70% de los casos de maltrato pasan inadvertidos en las consultas

«Sólo se ve lo que se mira y sólo se mira lo que se está preparado para ver». Quien habla es Rosana Izquierdo, coordinadora del grupo de trabajo sobre violencia machista de la Asociación Galega de Medicina Familiar e Comunitaria (Agamfec) y miembro del equipo constituido este miércoles por el Servizo Galego de Saúde (Sergas) para trabajar en torno a la definición de pautas y actuaciones que permitan alinear al sistema sanitario en favor de una detección temprana de los casos de violencia de género que circulan en silencio por sus consultas. El grupo, conformado por personal médico y de enfermería de Atención Primaria y por trabajadores sociales del Sergas, empezará a funcionar de inmediato con el cometido, explicó la organización sanitaria, de actualizar el conocimiento y la experiencia y definir protocolos homogéneos de prevención, actuación, diagnóstico y seguimiento del estado de salud de las afectadas. La cuestión, admite Rosana Izquierdo, no es nueva. Distintos estudios sobre el tema realizados en el ámbito de la Atención Primaria estiman que el 70% —«incluso más», afirma— de los casos de mujeres sometidas a violencia machista pasan desapercibidos en las consultas por falta de entrenamiento de los profesionales para detectar los signos de alerta. Y ello, afirma, cuando los servicios sanitarios de primera línea desempeñan un escenario clave para asistir de forma ágil a estas mujeres. «Las víctimas no están en los juzgados pero sí están en nuestros centros de salud», expone Rosana Izquierdo, partidaria de reforzar la formación y la sensibilización del personal de la red sanitaria en este campo. «El sector salud tiene que responder ante esta forma de violación de los derechos humanos y debe contribuir a disminuir las consecuencias de un problema de salud pública que afecta a todas las latitudes y niveles sociales», sostiene la especialista. Y es que la evidencia muestra que las mujeres víctimas de malos tratos presentan mayores índices de frecuentación de los servicios sanitarios. Un estudio realizado hace años en la sanidad andaluza encontró que el 32% de la población femenina que utiliza los centros de salud —una da cada tres— es víctima de algún tipo de violencia, cuando en términos de población general la ratio se reduce a una de cada diez. Una desproporción que no es casual, expone Rosana Izquierdo, sino que obedece a una realidad contundente, la de que la violencia machista, además de matar, enferma. «Ese abuso continuado y mantenido a lo largo del tiempo tiene unas consecuencias en la salud de la mujer, y es un factor de riesgo para una mala salud. Por eso decimos que la mujer maltratada está en los centros sanitarios, y que hay que detectarla para ayudarla. Porque aparte de los golpes, que son las formas de violencia más fácil de detectar, hay consecuencias en la salud física, psíquica, psicológica, sexual y social de las víctimas, también de los hijos e hijas. Hay aumento de problemas crónicos, de problemas funcionales, dolor crónico... síntomas que están ahí, pero que tenemos que estar preparados para ver, porque si detectamos de forma precoz disminuimos las consecuencias para la mujer», señala Izquierdo. Señales de sospecha En 2009, dentro del plan de atención a la salud de la mujer, la sanidad pública gallega publicó una primera «guía técnica del proceso de atención a las mujeres en situación de violencia de género», con el objetivo principal de mejorar la detección de casos de malos tratos, acercando a los profesionales información práctica sobre indicadores de sospecha en la historia clínica de sus pacientes, recomendaciones para abordar el tema con las usuarias o modelos de remisión de casos al juzgado. El documento, que ahora será actualizado por el nuevo grupo de trabajo, enumera como indicadores de sospecha en el historial de las pacientes el presentar lesiones frecuentes, el abuso del alcohol u otras drogas o el consumo elevado de medicamentos tipo psicofármacos. También toda una serie de factores relativos a la salud sexual y reproductiva de la mujer, como muchos embarazos o embarazos no deseados, lesiones en genitales o mamas, historia de abortos repetidos o hijos nacidos con bajo peso. La guía identifica también síntomas psicológicos que deben encender la alerta del profesional de un posible caso de maltrato como insomnio, depresión, ansiedad, baja autoestima, trastornos de la conducta alimentaria o intentos de suicidio. Entre los indicadores físicos que pueden tener detrás una relación de violencia se detalla el dolor de cabeza o cervicales, el dolor crónico en general, las molestias gastrointestinales o las dificultades respiratorias. Como pautas básicas en las entrevistas iniciales el documento insta a hablar a solas, garantizando la confidencialidad, a mostrar empatía para facilitar la expresión de sentimientos y a dejar claro que la violencia no tiene justificación.

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