Sunday 16 December 2018
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abc - 26 days ago

Psicólogos en los vestuarios del fútbol base, un proceso imparable

«Me he dado cuenta de que la cabeza hay que entrenarla. No solo es prepararse físicamente. Para soportar la presión, también hay que trabajar, aunque yo nunca había pensado en entrenar la cabeza, la verdad. Cuando un jugador escucha la palabra psicólogo, al principio te tira para atrás, pero me di cuenta de que necesitaba ayuda. Te viene bien hablar, soltar todo lo que llevas dentro y hacerlo especialmente con personas que están preparadas para eso». En una entrevista con ABC, el exmadridista Álvaro Morata, ahora en el Chelsea, ponía ante el espejo mediático la relevancia del psicólogo, pero también el recelo que siempre ha generado en el fútbol profesional una figura que cada vez está también más arraigada en las categorías inferiores y en las escuelas deportivas. «La figura del psicólogo está en mitad de ese proceso de integración plena en el fútbol y, seguramente, dentro de unos años esté tan normalizada como lo está hoy día, por ejemplo, la del analista táctico o la del preparador físico. Se ha avanzado mucho con la normalización de la presencia del psicólogo en el cuerpo técnico de equipos de alto rendimiento, como Joaquín Valdés en el Barcelona y en la selección española, y también con el testimonio de deportistas de fama mundial como Álvaro Morata, Carolina Marín, Ruth Beitia o Andrés Iniesta sobre su experiencia positiva al trabajar con ellos. Aunque algunas personas del mundo del fútbol puedan sentir cierto recelo respecto a nuestra figura, cada vez se toma con más naturalidad que haya un psicólogo dentro de un cuerpo técnico o en la estructura de un club, aunque queda camino por recorrer», explica a este periódico Juan Pedro Nonay, psicólogo de la AD Colmenar Viejo, conjunto madrileño de Tercera división. Camino por recorrer Para la plena integración de esta figura en el fútbol semiprofesional y amateur, sin embargo, quedan aún muchos pasos por dar, corrobora Juan Momparlet, psicólogo y coach del deporte acostumbrado a trabajar con equipos de categorías inferiores. «Los problemas físicos parecen siempre más importantes o más urgentes que los problemas mentales. Por ejemplo, un jugador de fútbol con un esguince no puede jugar, porque la lesión le imposibilita para jugar de forma correcta. Pero sí puede jugar con ansiedad, aunque esa ansiedad le supere y sea incapaz de dar un pase correcto. Ese jugador termina por dar un rendimiento muy por debajo de lo que se espera de él y acaba sustituido. Luego se dice que no está centrado, que se ponga las pilas, que debe cambiar de actitud, pero no se trabaja en ello», lamenta en su conversación con ABC. Pero la presencia de los psicólogos es un proceso imparable. «La sociedad ha tenido cierto estigma con la palabra psicólogo. Esto ha sido extrapolado al mundo del deporte en general, donde el trabajo ha radicado durante décadas en lo técnico, táctico y físico, siendo reacios a abrirse a otros campos como es el mental. Afortunadamente la psicología deportiva lleva años haciendo un gran trabajo tanto de investigación como de campo para dar a conocer la importancia del trabajo psicológico en los deportistas, por lo que poco a poco nos está llevando a la integración con deportistas a nivel individual, en clubes o federaciones», afirma José Luis Linera a ABC. Él vive el día a día y las preocupaciones de un club de Segunda división B porque es el psicólogo del Atlético Sanluqueño. «No existe realmente tanta diferencia en los aspectos que trabajamos en un club de Segunda B o en uno de mayor entidad. Durante la temporada solemos trabajar en factores como la cohesión de grupo y también centramos el trabajo en aspectos como la atención, concentración, comunicación, nivel de activación de los deportistas, entre otros. También es cierto que los deportistas, ante todo, son personas y pueden tener problemas de cualquier índole que le afecten en su rendimiento dep cuando esto ocurre trabajamos como canalizar esos sentimientos, pensamientos y emociones para poder asesorar u orientar al deportista en su búsqueda de soluciones y equilibrio personal». Habituados a manejar la preparación física, técnica e incluso psicológica de los vestuarios, los entrenadores también son cada vez más receptivos a la presencia de especialistas que les ayuden a fortalecer la mente de sus jugadores. «Para mí, en un equipo es tan importante la preparación física, como la técnica, la táctica y la psicológica, ya que el talento del jugador depende mucho de su propia confianza mental en hacer y sacar lo que lleva dentro», afirma Juan Arsenal, entrendor del Linares Deportivo, a ABC. Su equipo es el único de Tercera división, y de todo el fútbol español, que ha ganado esta temporada todos los partidos como local sin recibir ni un solo gol. «De nada sirve un jugador muy bien preparado si no se atreve a hacer lo que lleva dentro, yo intento trabajar mucho ese aspecto», añade. El factor económico Juan Arsenal, como muchos otros entrenadores, son víctimas de las limitaciones económicas que asfixian al fútbol modesto. En los equipos profesionales, la figura del psicólogo está ya plenamente integrada en los cuerpos técnicos, pero, en los clubes semiprofesionales y de categorías económicas, el presupuesto es muy ajustado y no siempre llega para poder contratar la ayuda de un especialista que trabaje la mente del futbolista. «Siempre he intentado meter en mi cuerpo técnico un profesional de la materia, pero a los clubes modestos les cuesta tener que afrontar este gasto extra», reconoce el preparador del conjunto andaluz. La presión no entiende de economía y es igual para todos los futbolistas. «En los equipos superprofesionalizados existe mucha presión, pero eso no supone que en el resto de clubes y categorías no la haya. Es una presión diferente en términos cuantitativos y cualitativos, pero no deja de influir en el contexto en que se mueven estas entidades. Por ejemplo, la diferencia de ingresos económicos directos o indirectos es radicalmente distinta si el primer equipo de un club está en Preferente, en Tercera División o en Segunda División B. Y como en líneas generales estamos hablando de clubes muy limitados económicamente, esto acaba suponiendo una fuente de presión para todos los estamentos, desde el presidente hasta los jugadores y técnicos, generalmente el eslabón más débil de la cadena», recuerda Juan Pedro Nonay. «Hablamos de contextos en los que se genera una presión psicológica y contar con un psicólogo deportivo, que ayude a los implicados a gestionar situaciones que pueden ser muy estresantes, es una ventaja». La visión sobre los condicionantes económicos para la entrada definitiva de los psicólogos en el fútbol es compartida por Juan Momparlet, que ha trabajado en Tercera división con el Olímpic de Xátiva. «En equipos de alto rendimiento y en escuelas deportivas la figura del psicólogo es imprescindible. En equipos amateurs o de categorías inferiores, no, porque el presupuesto del que disponen es muy limitado. No les llega para un psicólogo, pero tampoco para un fisioterapeuta o un médico», asegura. En Segunda B, muchos jugadores compaginan el fútbol con sus trabajos. «Los futbolistas de estas categorías, normalmente, toman el fútbol como su principal trabajo. Sin embargo, muchos de ellos lo compaginan con otro trabajo, pero el fútbol no les supone una presión añadida, todo lo contrario. Este aspecto también se trabaja a nivel mental buscando que el deportista sepa gestionar y separar ambas situaciones, dándole a cada momento su lugar e importancia», matiza Linera, el psicólogo del Atlético Sanluqueño. Uno de los clubes de Segunda B que cuenta en su organigrama con esta figura. Formación y valores Para Juan Momparlet, «en equipos de alto rendimiento, tener un psicólogo es lo que marca la diferencia hoy en día. No se trata sólo de trabajar en momentos de dificultades, también de desarrollar y entrenar a los jugadores en herramientas que les ayuden a mejorar en diversos aspectos que se relacionan directamente con su rendimiento, con su salud mental y con su sensación de bienestar. En escuelas deportivas es más importante si cabe, ya que estamos hablando de la educación de los más pequeños. El fútbol, como deporte, es una herramienta muy potente a la hora de formar personas e inculcar valores, los cuales les van a ser de gran utilidad a los niños tanto dentro como fuera del campo. Una buena educación es la base de una persona adulta autónoma y feliz». Juan Pedro Nonay explica a ABC las variables de la labor de un psicólogo en un equipo de fútbol. «El trabajo del psicólogo deportivo depende principalmente de dos variables. En primer lugar, de las funciones que tenga asignadas desde su club: no es igual el trabajo de un profesional cuya función sea la de apoyo para la gestión de la cantera (por ejemplo a través de su trabajo con los entrenadores o las familias de los jugadores) que el formar parte del cuerpo técnico de un equipo buscando optimizar, desde la perspectiva psicológica, el trabajo del entrenador y el rendimiento de los jugadores, de manera directa o indirecta», asegura el responsable de la AD Colmenar Viejo «Lógicamente, el segundo aspecto a tener en cuenta es que cada intervención tiene sus propias características y objetivos. Podemos encontrar jugadores o entrenadores desmotivados que solicitan la ayuda del psicólogo, o técnicos que quieren mejorar la cohesión de su equipo o su manera de dar charlas prepartido. También podemos ayudar a futbolistas que desean mejorar su rendimiento a través de herramientas como la práctica en imaginación (coloquialmente conocida como visualización), o a jugadores con problemas de concentración o de autocontrol. En los clubes formativos, los psicólogos también realizan talleres con padres para prevenir o paliar comportamientos conflictivos en la grada, o incluso facilitan la recuperación de jugadores lesionados». Pero la ayuda que prestan los psicólogos deportivos a los chavales va en ocasiones más allá del fútbol. «En ocasiones, las familias recurren al psicólogo del club al notar una bajada de rendimiento escolar o problemas de comportamiento. En casos así, el psicólogo también presta ayuda y asesora ante situaciones en las que el entorno del niño o niña pueden llegar a sentirse desorientados, e incluso derivarles a otro tipo de profesionales en caso necesario», concluye Juan Pedro Nonay.

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