Wednesday 19 December 2018
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abc - 1 month ago

Infierno en el Paraíso

Paradise. Este turístico pueblo ubicado en el condado de Butte al norte del Estado norteamericano de California ha tenido exactamente 170 años de existencia. Construido después del descubrimiento del oro en la cordillera de Sierra Nevada en 1848, el pasado 8 de noviembre quedó hecho cenizas, literalmente, por el mortal incendio denominado Camp Fire, el más grande y dañino que este popular Estado haya sufrido en toda su historia. Visitar el lugar es una experiencia desgarradora. Los caminos están bloqueados y solo el personal de emergencia y algunos reporteros puede entrar al municipio, de algo más de 26.000 habitantes. Una espesa capa de humo permanece inamovible en toda la precordillera. El olor a madera quemada está en todas partes, ni siquiera las máscaras pueden detener la pestilencia que no deja descansar a los pulmones. El centro comercial de la localidad tiene una apariencia fantasmal. La escena es devastadora. El pueblo ha quedado completamente destruido y todo tiene un solo color: negro. Según la información entregada por la oficina del Alguacil del condado de Butte, al cierre de esta edición, la cifra de muertos habría ascendido a 71 personas, incluidos siete cuerpos encontrados el pasado viernes en Paradise. El número de personas en paradero desconocido también ha subido por encima de las mil. Al norte de Sacramento, la capital de California, el Camp Fire se ha unido al incendio Wolsey, cerca de Los Ángeles, donde ya se informa de las primeras tres muertes. La fatalidad se ha cebado con Paradise (paraíso en su traducción al español). Los pájaros han dejado de volar en este lugar y el silencio es abrumador. Ahora, los únicos transeúntes en el pueblo son los trabajadores de la compañía de electricidad, el personal de emergencia y la policía, que realiza una intensa vigilancia por las calles para evitar saqueos. Al equipo de ABC lo han detenido distintas fuerzas policiales cuatro veces en menos de una hora. El pasado viernes, el incendio Camp, que ha arrasado más de 150.000 hectáreas, se encontraba contenido en un 50%, aunque más de 53.000 personas siguen desalojadas. Mientras, el otro gran fuego en California, el Woolsey, que casualmente comenzó el mismo día cerca de la ciudad de Los Ángeles, ha acabado con casi 100.000 hectáreas de bosques y se encuentra contenido en un 80%. Las órdenes de evacuación habrían alcanzado aquí a 200.000 personas. En la zona norte del Estado, el humo ha llegado ya hasta el área de la Bahía de San Francisco, un área ubicada a 265.54 kilómetros de distancia respecto de los incendios. Las autoridades han declarado emergencia ambiental y muchas escuelas han cancelado sus actividades. Jason Smith es un lugareño y voluntario de la Iglesia Bautistas de Pleasant Valle, uno de los centros de albergues dispuestos para los cientos de refugiados en el pueblo de Chico. «Hemos recibido más de 200 refugiados desde la semana pasada... Anoche dimos comida a 140 personas. Son momentos tremendos, muy duros», comenta Smith. Muestra un mural donde se dibujan varias fotos de personas desaparecidas, «la mayoría de ellos, ancianos», destaca Smith. «Yo nací en esta zona y ver tanta desgracia es muy fuerte. Pero también veo mucha esperanza». Alude a las decenas de voluntarios que, sin tregua, preparan tres comidas diarias. «En momentos de crisis las muestras de amor y solidaridad son cuantiosas», agrega este hombre. «Ha venido mucha gente ofreciendo todo tipo de ayuda... Un tipo vino la semana y ofreció una casa rodante de seis metros para prestársela a quien lo necesitara por el tiempo necesario. Para darle a alguna persona un lugar donde vivir temporalmente es una de las tantas manifestaciones solidarias que hemos vivido en esta comunidad», dice. De acuerdo con la información del departamento de Bomberos de California, el incendio Camp se ha tragado 336 edificios comerciales, casi 10.000 viviendas particulares y 144 edificios multifamiliares. Las autoridades también han anunciado que existe una recompensa de 10.000 dólares a quien denuncie con pruebas a las personas responsables de los incendios forestales. Porque de la pirómana intención nadie tiene dudas en este paraje. Rudy García se encontraba en casa con su madre cuando se declaró el fuego. «Mi casa se incendió completamente en el pueblo de Magalia. Quedamos en medio del fuego y tuvimos que salir y refugiarnos en un estacionamiento próximo», relata. García cuenta que el fuego fue demasiado rápido, y que no tuvo otra salida más que salvar su vida y la de su madre. «No me gusta estar en el refugio, pero no puedo hacer nada más. Además, aquí se aprecia la ayuda verdaderamente». Combate en chancletas Otra víctima, Michael, se lamenta de que las llamas consumieron por completo su casa. Lo ha perdido todo. «El fuego llego tan rápido que no tuve tiempo de cambiarme los zapatos. Luchamos contra las llamas seis seguidas. Y yo con mis chancletas puestas», afirma. «Todas mis pertenencias han volado con el fuego. Tuvimos que dejar atrás nuestras mascotas. No sabemos qué es de ellas». Michael se está hospedando en un hotel sufragado por su compañía de seguros. También está recibiendo una pequeña suma de dinero como indemnización. «Mi compañero de piso tenía un gato. No hay ningún humano aquí capaz de atraparlo o hacerle daño, así que probablemente ande por ahí todavía. Saldremos adelante. No te preocupes por eso», se despide, sonriendo entre cenizas.

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