Friday 14 December 2018
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abc - 27 days ago

«Genocida» y «pedófilo»: Colón, enemigo público número uno del revisionismo

Una de las estrellas de la programación de comedia de este mes del superpoderoso Netflix en EE.UU. es «Latin History for Morons» (en español, «Historia latina para idiotas»). Es un espectáculo teatral escrito, dirigido y protagonizado por el actor John Leguizamo, que estuvo en las tablas de Broadway el invierno pasado y consiguió una nominación al Tony a la mejor obra del año. Una de estas actuaciones se grabó para un especial de la plataforma de vídeo digital. Leguizamo es neoyorquino de origen puertorriqueño y colombiano. Su obra, a pesar del humor innegable, es una vuelta de tuerca más al revisionismo, la descontextualización, el complejo y el buenismo del discurso dominante en parte de la sociedad estadounidense sobre la colonización española y los abusos sobre la población indígena. En el relato de Leguizamo, los españoles son «comemierdas, lameculos, hijueputas» que «saquearon y violaron» en el «mayor robo de la historia». El enemigo favorito de Leguizamo es Cristóbal Colón. No ahorra los epítetos para el navegante que conectó a Europa y América: «violador genocida pedófilo», responsable del «Holocausto caribeño» y «el Donald Trump del Nuevo Mundo». El Columbus Day El especial de Netflix se ha estrenado el mismo mes en el que Los Ángeles decidía quitar una estatua de Colón de uno de los parques de la ciudad. Todo, pocas semanas después de que muchas ciudades y condados de EE.UU. suprimieran Columbus Day, un festivo en todo el país desde principios del siglo XX en coincidencia con el 12 de octubre, y lo reemplazaran por el Día de los Pueblos Indígenas. En EE.UU., el revisionismo histórico es una tendencia en alza en organizaciones indigenistas, en el discurso de la corrección política del progresismo estadounidense y hasta en el mundo del entretenimiento. «Colón fue responsable de atrocidades y sus acciones pusieron en marcha el mayor genocidio de la historia conocida. Su imagen no debería celebrarse en ningún sitio», aseguró Mitch O’Farrell, el concejal de Los Ángeles que impulsó la eliminación de la estatua, con un discurso desmentido por buena parte de la historiografía. Buena parte de la universidad estadounidense está también dominada por este mensaje. Una fecha clave fue la publicación en 1980 de «Una historia del pueblo de EE.UU», de Howard Zinn –Leguizamo lo muestra al público desde el escenario como un texto revelado–, que reduce la colonización al exterminio de los indígenas. «Es un libro que saca relatos históricos fuera de contexto y que ha calado en nuestra universidad», critica James McCusker, presidente de la Asociación Nacional de Cristóbal Colón de EE.UU. «Ese discurso se ha propagado en los departamentos de historia y se ha trasmitido a los estudiantes y a quienes enseñan». Fray Junípero Serra Este mismo año, la universidad de Stanford, una de las más prestigiosas del país, decidió eliminar el nombre de Fray Junípero Serra, el franciscano que en el siglo XVIII articuló el sistema de misiones que dio lugar a la actual California, de calles y edificios del campus. Entre las razones que esgrimió la comisión nombrada por el rector para decidir sobre el asunto está «el dolor, el trauma, el daño emocional y el perjuicio a la salud mental» que los estudiantes y profesores nativos americanos –algunos tan alejados de California como Canadá o Hawaii– sufren al encontrarse con una calle dedicada a Serra, al que el Papa Francisco canonizó en 2015, entre otras razones, «por defender la dignidad de la comunidad nativa y protegerla de aquellos que la maltrataron y abusaron». [Lee aquí nuestro artículo de cómo la Historia desmonta las mentiras sobre Fray Junípero] Es imposible encontrar una única razón para explicar el porqué de esta corriente en EE.UU. «Los blancos, si son decentes y si admiten la realidad de la historia del país, sienten la culpa de la esclavitud de los negros y del exterminio de los nativos. Es lógico que intenten expresar y compensar esa vergüenza», asegura Felipe Fernández-Armesto, profesor en la Universidad de Notre Dame y una eminencia en la figura de Colón y en las contribuciones hispanas a la formación de EE.UU. En su opinión, Colón es un chivo expiatorio perfecto «por ser extranjero, por supuesto». Su figura buscó ser apropiada por todos: italianos, judíos y hasta escoceses, pero cada vez se le asocia menos con la formación de EE.UU. «Se puede purgar la culpa histórica de las injusticias imperiales regañando a Colón, sin el inconveniente de admitir los excesos de los compatriotas y familiares, que fueron los auténticos autores de genocidios y esclavitudes». «Se toman los valores de hoy en día y se trata de juzgar con su luz a los héroes del pasado», critica McCusker, que ve como principal problema «la falta de conocimiento histórico» cuando se juzga a personajes como Colón. «Es ante todo ignorancia», insiste en esa línea el periodista y profesor universitario Miguel Pérez, de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, de origen cubano y dedicado a enseñar el papel indiscutible de los hispanos en la creación y configuración de EE.UU. ¿Qué intereses hay detrás de este fenómeno, quién lo promueve? «Se trata más bien de la falta de voces en contra», responde Fernández-Armesto. «Stanford es una universidad sometida a valores comerciales: responde a la demanda del m los municipios que derrumban estatuas siguen otro tipo de negocio: el de acumular votos». «Pero también hay una intención de hacer desaparecer las contribuciones hispanas a ello», apunta Miguel Pérez sobre el revisionismo. Leguizamo lamenta en varios pasajes de su espectáculo la inexistencia de héroes latinos, su ausencia en los libros de texto que estudia su hijo, el borrado de un pueblo desde la caída del imperio azteca hasta nuestros días. En su particular cacao histórico, denigra a Hernán Cortés y Francisco Pizarro, y ensalza a Simón Bolí cita de pasada como héroe a Bernardo de Gálvez, una figura decisiva en la revolución estadounidense, pero no menciona que era el gobernador español en Luisiana. Para Pérez, Leguizamo y los hispanos que aplauden cuando se derriba una estatua no son conscientes de que su discurso solo contribuye a enterrar todavía más una identidad –la lengua compartida, la cultura, la gastronomía– y una historia –tan heroica y violenta como cualquier otra– todavía muy poco celebrada y reconocida en EE.UU. Estatua de Colón en La Paz (Bolivia) - EFE Tras Los Ángeles, ataque en La Paz El presidente de Bolivia, Evo Morales, se apresuró esta semana a celebrar la retirada de la estatua de Colón en Los Ángeles. «Saludamos al hermano concejal de Los Ángeles, Mitch O’Farrell, descendiente de la tribu Wyandotte de Oklahoma», dijo en un mensaje en Twitter. «Coincidimos con él en que el llamado Descubrimiento fue un genocidio y un saqueo de recursos naturales», añadió. Dos días después, la estatua de Colón en el Paseo del Prado, una de las arterias principales de la capital boliviana, fue víctima del vandalismo. El monumento apareció con manchas de pintura roja y negra y con carteles en los que se leía «Colón genocida», «Nos mataron», «Fue invasión» o «Saquen a Colón». La alcaldía de La Paz aseguró que se limpiaría el monumento, pero añadió que sufrió el ataque «por ser considerado el colonizador y opresor de los habitantes de América».

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