Tuesday 11 December 2018
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abc - 24 days ago

El Reino Desunido

No se lleven a engaño. Vamos a tener un Brexit duro, sin acuerdo, porque los euroescépticos radicales del Partido Conservador británico siguen en posiciones maximalistas que son inviables. Es por ello que Theresa May, que no ha logrado convencer a su propio Gabinete, tampoco logrará el respaldo de su grupo parlamentario, que ni siquiera tiene una mayoría absoluta. Y sus aliados unionistas del Ulster, con los que alcanza esa mayoría de 320 diputados, también están en contra del acuerdo. Es lo que los anglosajones llaman una loose/loose situation. El perfecto pierde pierde. Los conservadores británicos se metieron ellos solos en esta situación. Aunque ya nadie se acuerde, fue el Gobierno conservador de Edward Heath el que metió al Reino Unido en la Comunidad Económica Europea en un tiempo en que el escepticismo estaba en las filas laboristas. De entonces aquí el disparate ha sido absoluto y David Cameron convocó el referendo sobre la UE sólo por su propia incapacidad para controlar su partido. A la vista está el éxito de la gestión: el Partido Conservador está el Gobierno al que sustenta, también; el Reino Unido está casi fuera de la Unión Europea y, beneficiándose de todo ello, el jefe de la oposición más radical que ha tenido el Reino Unido en su historia: Jeremy Corbyn. Un hombre que ha conseguido que el europeísmo de su propio partido sea acallado como fórmula para derribar el Gobierno conservador. Porque como es propio de estos populistas de extrema izquierda, cualquier medio para alcanzar el poder está justificado. Lo que permite atisbar el nigérrimo futuro que tiene el Reino Unido ante sí. Algunos creen que un nuevo referendo todavía es posible y con ello dar la vuelta a la tortilla. Yo, sinceramente, creo que no por dos razones: primero porque la realidad es que después del resultado del Brexit, el partido más europeísta del Reino Unido, el liberaldemócrata de Nick Clegg, intentó capitalizar ese 48 por ciento de los votos que en la consulta optaron por Europa. El resultado fue catastrófico y quedaron reducidos a doce escaños. Y segundo porque políticamente es imposible ignorar el mandato de las urnas. Y aunque todavía muchos eurófilos británicos crean que pueden emplear estratagemas varias para garantizar su permanencia, la realidad es que hoy en el resto de Europa la mayoría ya no quiere seguir teniendo que contar con la pesadilla de unos británicos que no paran de incordiar y poner zancadillas a un proyecto común. El sentimiento más extendido es que hay que pasar página. Y si ellos no saben cómo, la falta de acuerdo será más costosa para quien provocó la ruptura. En este escenario resulta especialmente inverosímil la actitud del Gobierno español. Desde Guatemala el doctor Sánchez se declaraba «satisfecho» con el acuerdo, como si hubiera tal cosa. Pero lo cierto es que el Gobierno, en lugar de aprovechar la debilidad evidente del Gabinete de Theresa May, ha dejado pasar la ocasión de reforzar nuestra posición en Gibraltar. El Gobierno Rajoy consiguió de la UE el compromiso de que todo lo acordado sobre la Roca tendría que ser aprobado unilateralmente por España. ¿En qué se ha traducido eso? En que sólo ahora dice nuestro Ministerio de Exteriores que se va a abordar la soberanía de Gibraltar. Cuando supuestamente ya hay un acuerdo satisfactorio. Si el acuerdo es satisfactorio ¿qué pretenden negociar? Seguir buscando ahora el diálogo con los llanitos es una demostración de que hemos perdido nuestra oportunidad de beneficiarnos de nuestra posición de fuerza.

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