Sunday 16 December 2018
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abc - 1 month ago

Sonia Martínez: «Todo el mundo sabe de dónde sale La casa de papel... menos los americanos»

Pocos secretos se le escapan. Por lo menos en lo que a ficción se refiere. Es una de las personas que más sabe de series en España, manejando los hilos de las producciones nacionales en la sombra, dando directrices, moldeando los proyectos. La calidad de sus ficciones traspasa fronteras, y sus productos perduran más allá de la televisión generalista. Ninguna apuesta es segura, pero ella se lanza al vacío con la convicción de tener los deberes bien hechos, de ser un referente al que el mundo presta atención. Y los resultados no defraudan. En las manos de Sonia Martínez, directora de Ficción de Atresmedia Televisión y directora editorial de Atresmedia Studios, se molderon los bocetos de «La casa de papel» o «Fariña», dos series españolas que ahora triunfan en todo el mundo gracias a una segunda vida en las plataformas. Premio Iris de la Crítica 2018 por «por impulsar la producción propia nacional con series actuales y arriesgadas y lanzarlas al éxito internacional», no le duele que otros se lleven el mérito porque «todo el mundo sabe de dónde salen... menos los americanos». P - -¿De qué depende que una serie triunfe, en el mercado nacional e internacional? R - Todos nuestros proyectos tienen vocación internacional pero siempre nacen con un primer objetivo que es el público en España y en nuestra cadena. Lo que venga después es por añadido. Pero es que, además, yo creo que los proyectos que podemos abordar en España son internacionales per se porque antes eran mucho más locales y dirigidos a un público que no estaba acostumbrado a imputs exteriores y ahora el público ha cambiado muchísimo, dentro y fuera. Ahora, los espectadores españoles sí están acostumbrados a recibir imputs de otros países, canales y plataformas, así que nosotros generamos proyectos que son universales pero que a la vez nos vienen a la medida. R - Lo bueno que tenemos es que esos movimientos que hacemos para subir el listón o estar en un nivel mucho más clásico se nos aceptan porque hemos acostumbrado al público, para bien y para mal, y este se vuelve más exigente con nosotros. Tenemos esa permisibilidad con el público de estar arriesgando porque somos una cadena innovadora. P - Antes que nadie, supieron ver el valor de series como «La casa de papel» o «Fariña». ¿Qué les convenció para apostar por estas ficciones? R - El caso de «La casa de papel» tampoco me parece un hecho tan heroico. Siempre hemos estado dando un pasito más y con un equipo creativo con el que llevábamos trabajando muchísimo tiempo... era un riesgo absolutamente controlado. Sabíamos perfectamente que el producto final iba a ser de una calidad inmejorable, con lo cual era más el concepto, y el espectador de Antena 3 está acostumbrado a que hagamos este tipo de salto. El éxito internacional que ha tenido probablemente llame más la atención a posteriori pero no era tan complicado. R - «Fariña», sí. En todo me parece más arriesgado «Fariña», porque era una historia que en principio era muy local y a la que había que dar una magnitud mucho más grande, abarcar más, llevarla hacia lo general, para sentir que era un proyecto que podía tocar a todos los públicos. Creo que conceptualmente era más arriesgada «Fariña» porque con «La casa de papel» al final tienes toda una iconografía, un background de películas… la gente siente el mundo atracos como cercano, la diferencia era que en vez de ser una hora y media era por capítulos, que era muy difícil, doy fe, pero entrabas en claves que estaban en el universo colectivo. En «Fariña», al ser tan local, no sabíamos qué recorrido tendría y eso era un riesgo mayor. P - ¿Molesta que se asocien estas series a otras plataformas que las distribuyen internacionalmente? R - A mí no me duele nada, porque yo sé dónde estamos. Hace mucho tiempo que uno cuando está en una cadena renuncia a las autorías, porque si no probablemente estaría endiablada todo el día. Son recorridos que lleva… y me alegro muchsímo de la vida que tienen las series, porque al final es algo que, en tapado –porque Netflix ponga Netflix originals– o en abierto, todo el mundo sabe de dónde sale, menos los americanos. P - -El salto a las plataformas y por ende al resto del mundo ha multiplicado la popularidad de los actores de estas series. ¿Se ha convertido España, además de en exportador de calidad, en trampolín de estrellas mundiales? R - Creo que el público se siente mucho más afín cuando descubre contigo porque se es partícipe, no un añadido más, es el que participa en el descubrimiento y ese es el valor añadido de tener caras nuevas en un reparto. P - -Las plataformas han modificado el mercado, diluyendo las fronteras y acercando productos nacionales a todo el mundo, dándoles visibilidad. ¿Cree que es sostenible este modelo de negocio o estallará la burbuja en algún momento? R - Creo que la que hay que ver es hasta dónde somos capaces de llegar con los contenidos. El power está en los contenidos, quien los tenga es el que maneja. Y los contenidos no es que sean finitos, pero hay que alimentarlos. Ahora mismo no es tanto hasta qué punto este modelo puede estallar sino qué vamos a ser capaces de generar para esa industria, en la que surjan talentos y formas nuevas… Vamos a convivir con eso, llevan mucho tiempo con ese modelo en EE.UU., por supuesto hay que reconvertirse, estar en otro mundo. P - ¿Cómo ha evolucionado la ficción española, una referencia a nivel mundial en la actualidad? R - Yo creo que la ficción española ha vivido un viaje. No es tanto lo local como lo pequeño. Vivíamos en un mundo en el que la ficción tenía que ver con mi familia, mi colegio, mi ayuntamiento, mi farmacia… era todo pequeñito. «Fariña», por ejemplo, es una serie grande en el sentido de que cuenta cosas universales, independientemente de que esté en Noia, Galicia o donde sea, porque va sobre gente muy humilde que de repente se vio con algo entre manos que les superó y que se convirtieron en algo para lo que habían nacido pero que convirtieron en algo doméstico. Y eso lo puedes trasladar a Nueva York o Guinea Papúa. Un colegio es un colegio, una familia es una familia, al final no tiene tanto que ver con los sentimientos, que son universales, que es lo que tiene «Fariña» y es lo que mueve a la gente como con los entornos, como que antes éramos mucho más pequeños en la ambición de contar cosas y nos quedábamos en cosas más reconocibles. R - También es que era una fase de la ficción, que hemos tenido que pasar por ella para llegar hasta aquí. Cambia cuando empiezas a ver que hay cosas que empiezan a funcionar. En estos últimos años que somos tan trend y tan cool todo el mundo que al final tienes una forma de construir los personajes y las emociones que cala, entonces hay un momento en el que a fuerza de ser pequeñitos hemos trabajado una forma de contruir los personaje que nos ha hecho crecer emocionalmente, y yo creo que ahí es dónde damos el salto. No es en ninguna serie, es el proceso en el que hemos intervenido todos, todas las cadenas generalistas de este país, hemos ido construyendo un proceso que yo creo que ha ido calando en el tejido industrial de la ficción y al final nos hemos convertido en referentes en construir lo que parece que otros mercados no son capaces de transmitir tan bien, que son personajes y emociones. P - Parece que existe una tendencia de volver a recuperar series de ciencia ficción y terror, sin embargo, a nivel nacional estos género brillan por su ausencia. ¿A qué se debe? R - Es tal la demanda de contenidos que cabe todo. Para una televisión como Antena 3 es más complicado porque somos generalista, que conste que hemos hecho nuestros pinitos en ciencia ficción... pero al final todo el mundo quiere tener buenos proyectos y diversos. P - Sucede algo similar con la oleada de series históricas. No deja de ser curioso que mientras el mercado se moderniza y diversifica el espectador demanda un contenido más nostálgico. R - Hubo un momento que las series históricas calaban mucho en la gente. Son temáticas que funcionan bien, tienen reclamos en el espectador porque tienen su parte de nostalgia, su parte de enseñanza, de aprendizaje... pero igual que cualquier otra cosa. Al final en la diversidad está el gusto. Yo no voy a hacer una serie histórica per se, después de Hispania, Imperium y Toledo no more, porque no se me ocurre ahora mismo... he cumplido mi cupo.

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