Sunday 16 December 2018
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abc - 1 month ago

La mafia de las «prisiones-burdeles» de Delicias vigilaba a las mujeres con cámaras vía móvil

Uno de ellos llevaba décadas funcionando y fue tal su éxito, que abrió una sucursal al lado hace un lustro. Se trata de dos edificios enteros dedicados, íntegramente, a la prostitución situados en el paseo de las Delicias, a pocos metros de la estación de Atocha (Arganzuela). Los burdeles verticales, enclavados en los números 127 y 133, donde había mujeres en régimen de esclavitud, fueron el epicentro de una macrorredada policial contra la trata de seres humanos con fines de explotación sexual. En la operación realizada en Madrid capital, que seguía abierta al cierre de esta edición, se efectuaron más de una veintena de registros domiciliarios –la mayor parte en los edificios citados– y fueron detenidas catorce personas, entre ellas el cabecilla, de origen suramericano, pertenecientes a la red. Esta se dedicaba a reclutar, controlar y obligar a las mujeres a mantener relaciones sexuales. Entre los arrestados había varones y féminas, las apodadas «madames». Además, la Brigada de Extranjería liberó a más de veinte chicas. La mayoría de víctimas y verdugos eran latinos. Otras de las entradas y registros se llevaron a cabo en la localidad de Villaviciosa de Odón y La Coruña, supuestos domicilios vinculados a la banda. El control férreo al que eran sometidas estas mujeres llegaba al punto de que el líder de la trama conocía absolutamente todos sus movimientos y la actividad que realizaban en el interior de los prostíbulos. Todo ello debido a que tenían instaladas cámaras de videovigilancia que, a través de una aplicación -con «router» y wifi–, él y sus lugartenientes recibían en los teléfonos móviles. Así sabían cuántos servicios realizaban y cuántos clientes entraban, por lo que difícilmente podían engañarles. El despliegue de agentes fue enorme, dado el volumen de entradas y registros realizados en Delicias desde las 10 horas. En el 127 había 12 pisos y en el 133, seis. Los efectivos acordonaron la zona más de ocho horas y en este céntrico enclave llegó a haber una decena de furgones de la UIP, los «antidisturbios». «El cabecilla de la red, de origen latino, también fue detenido en Arganzuela» «Esto era un secreto a voces, pero en los últimos tiempos no se cortaban un pelo y eran descarados. ¡Una vergüenza! Se peleaban y la Policía y las ambulancias tenían que venir cada dos por tres», explicaban los vecinos. Uno de los burdeles, en el 133, estaba controlado por un «portero cachas», las 24 horas del día, indicaban en la zona. El 127, el bloque más viejo, contaba con otro últimamente, explicaba Félix. «En la calle, gente de la trama vigilaba y otros repartían flyers, aunque lo más usual era el boca a boca», precisaba Santiago. «Ven, entra a pasar un buen hay chicas nuevas». Esa era la invitación que le realizaban cuando salía de tomar café en uno de los bares cercanos: «En alguna ocasión vi a chicas con aspecto de estar bebidas o drogadas en esos establecimientos». Según explicaron los residentes, algunas mujeres no salían nunca de los pisos, al contrario que otras. «A veces se ponían en las ventanas como reclamo. Había de todo, la mayoría latinas, pero también rumanas. Y, en cuanto a clientes, igual, españoles incluidos», agregaba. El sexo de pago costaba entre los 15 y los 30 euros. «Una parte era para el chulo, y la otra para la chica. Las que vivían dentro pagaban más por la habitación», decía una transexual ecuatoriana. «Una amiga trabajó ahí de forma voluntaria», indicó. «Los clientes borrachos y babosos eran la tónica y los fines de semana resultaba patético ver a jóvenes entrar a acabar la juerga. Yo los observaba desde la parada del bus al ir a trabajar», decía María.

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