Friday 14 December 2018
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abc - 1 month ago

Kazimir Malévich o el trascendental «cero»

Sobre buena parte de las piezas de Malévich (1879-1935) que componen esta exposición recae la consideración de obras maestras o iconos. Esto la convierte en una extraordinaria oportunidad. Pero lo es también porque permite «cartografiar» toda su carrera, ya que asistimos al bautismo de Malévich en la modernidad y a su tránsito por episodios como el Divisionismo, Sintetismo, Simbolismo, Fauvismo, Cubismo y Primitivismo, en los que sintetiza la tradición vernácula con el conocimiento de Seurat, Bernard, Gauguin, Matisse o Picasso. Ese itinerario desemboca en sus pinturas «alógicas», umbral del capital paso que daría a partir de 1913 hacia el Suprematismo. La intención de Malévich de convertir la obra de arte en un «desierto» en el que sólo reinara el sentimiento, así como la certeza de haberse «transfigurado en el cero de las formas» y de haber «ido más allá del cero hacia la creación, es decir, hacia el Suprematismo» revelan la radicalidad de su proyecto y un afán por aspirar al silencio. Ello concuerda con la resta, la negación, el vacío y la inefabilidad como compromisos y ansiados «destinos» de algunos lances vanguardísticos. Ante nosotros se despliegan obras suprematistas como Cuadrado negro, Cruz negra, Círculo negro y Cuadrado rojo, que es montado rememorando la solución que empleara en 0,10. La última exposición futurista de pintura, de 1915. En alto y a modo de chaflán, esta obra nos somete justamente al recogimiento y a ese silencio deseado por él, acentuando cierto valor cultual que le otorgamos. Modelo a seguir Los ejemplos de Suprematismo espacial, con una de sus maquetas arquitectónicas, y Suprematismo dinámico no sólo son valiosos per se como ejemplificación de la amplitud y variedad del Suprem también porque ilustran cuán fundamentales se convirtieron para El Lissitzky para desarrollar su lenguaje y las experimentaciones con los espacios PROUN. Otro de los aspectos que recorre buena parte de su producción, que aquí asoma sin necesidad de acudir a la literalidad y a lo panfletario, es su compromiso social o, cuanto menos, su capacidad de conformar la pintura como testigo de un tiempo y de unas circunstancias sociopolíticas. Nunca practicó la evasión. Favorece a una más rica comprensión de este aspecto la coincidencia de la muestra con la anual de esta institución, Radiante porvenir. El arte del realismo socialista. Frente a las heroicas granjeras colectivistas que buscaban trasladar desde el arte el modelo de lo que era un buen y abnegado ciudadano/súbdito, los campesinos que realiza Malévich desde finales de los veinte, antes de la imposición del realismo socialista en 1934 y una vez atemperada la radicalidad suprematista, transmiten desarraigo, quizás por hallarse desposeídos de sus tierras, colectivizadas forzosamente. Malévich consigue trasla- darnos, mediante un repertorio geométrico y vivamente colorido como adaptación del Suprematismo, una cruda sensación de derrota en personajes que son estrictos maniquíes. Frente a los sacrificados deportistas que el realismo socialista difundió como otro modelo de buen ciudadano, rozando la consideración de héroes clásicos, los de Malévich no apelan a la entrega ni a su instrumentalización patriótica, sino que testimonian una costumbre de la sociedad moderna. Son, también, ejemplo de cómo desde el Constructivismo/Productivismo, como hiciera Varvara Stepanova, se diseñaron las primeras prendas deportivas. Origen de «Cuadrado» Y, con anterioridad a todo esto, no podemos olvidar el alegato contra la tradición que supone su participación (vestuario y escenografía) en Victoria sobre el sol (1913), ópera bufa de impactante calado futurista, episodio precoz y transgresor de integración de palabra, música, acción y plástica. En ella «nació» Cuadrado negro, de la cual se muestran aquí reproducciones del vestuario que evidencian cuán precoz es esta experiencia frente a otros episodios performativos y escénicos de las vanguardias. Los personajes que diseñara Malévich portaban más- caras antigás, con lo que, además de ser una oda al maquinismo y al progreso, se convertían en profética imagen de la Primera Guerra Mundial. Se opuso al uso del arte por el poder, lo que lo convirtió en temprano descreído de la Revolución Malévich se opuso a la instrumentalización del arte por el poder, lo que lo convirtió en un temprano descreído de la revolución. Su postura no sólo se articula a través de la creación plástica: también mediante escritos, lo cual le supondría su silenciamiento a partir de 1933. Para esas fechas, y como trayecto final de esta expo, en un ejercicio de nomadismo lingüístico, alterna sus campesinos-maniquíes y paisajes geométricos a bandas –son el metafórico «cero» del que nace parte de la abstracción de los cincuenta– con una figuración de raigambre quattrocentista, su personal «retorno al orden». Kazimir Malévich Colección del Museo Ruso. Edificio de Tabacalera. Málaga. Avenida Sor Teresa Prat, 15. Comisarios: Yevguenia Petrova y Joseph Kiblitsky. Hasta el 2 febrero de 2019

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