Monday 19 November 2018
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abc - 10 days ago

La investigadora Leyla Hamad, especialista en Yemen: «Es el patio trasero de Arabia Saudí»

Cuando el diario estadounidense The New York Times publicó la fotografía de la niña yemení malnutrida Amal Hussain, fallecida días más tarde, muchos descubrieron que la guerra que arrasa Yemen desde hace años se traduce en el sufrimiento real de seres humanos, y no en un mero compendio de números. Según datos de Naciones Unidas, de los 23 millones de habitantes de Yemen, al menos 18 sufren riesgo de ha 8,2 millones ignoran cuándo volverán a comer, y 16 no tienen acceso a la sanidad, escenario que permite que a la falta de alimentos se sume una epidemia de cólera. «Están llevando a la población al extremo. La guerra es el único medio de supervivencia», lamenta Leyla Hamad Zahonero (Madrid, 1979) , investigadora de la Universidad Autónoma de Madrid, coatura de «Yemen. La clave olvidada del mundo árabe» (Alianza, 2014) y especialista del país árabe, donde vivió cinco años y al que consagró su tesis doctoral. «La gente lucha para llevar un plato de comida a su familia», explica a ABC. Desconocido y complejo, Yemen se sitúa al sur de la Península Arábiga, y tiene una extensión similar a la de Francia. Hasta su unificación en 1990, estuvo dividido en dos: la República Árabe de Yemen, o Yemen del Norte, y la República Democrática Popular del Yemen, o Yemen del Sur. La trayectoria histórica previa de ambos territorios también fue muy diferente. Además, en Yemen conviven suníes y chiíes, las dos principales sectas del islam, y también un gran número de tribus. La primavera árabe de 2011 se saldó con el traspaso del poder del que fuera presidente durante tres décadas, Alí Abdulá Saleh, a un antiguo colaborador, Abdo Rabu Mansur Hadi. La guerra llegó poco después. «La guerra -denuncia Hamad- tiene aspectos lucrativos, porque hay gente que se enriquece dentro y fuera del país». Lo que viene a continuación es una larga entrevista con esta investigadora, donde repasamos el pasado y el presente de un país que se desangra entre la indiferencia. «La poesía tribal permitió la transmisión de la primavera árabe en Yemen» Usted llegó a Yemen antes de la primavera árabe. ¿Qué cambios hubo en el país durante ese proceso? ¿Qué lugares visitó? Visité casi todo Yemen. Llegué en 2004, cuando el país era muy diferente. Como el secuestro de extranjeros por parte de las tribus era muy frecuente, el Ministerio de Trabajo tenía que emitir unos permisos para poder viajar, pero yo tenía contactos allí, sobre todo en las tribus, porque vivía con un líder tribal y con su familia. Cuando quería moveme, me ponía la indumentaria yemení, me hacía pasar por una ciudadana más, y me pasaba los controles del Gobierno. Puede ir a todas las regiones salvo a Sadah, porque la guerra con los hutíes empezó en 2003, y ya no se podía ir con seguridad. ¿Cómo definiría las tribus? ¿Qué papel desempeñan exactamente? En Yemen, los hombres tribales representan solo el 25 o el 30 por ciento de la población, pero la afiliación tribal es muy importante tanto para los hombres tribales como para los no tribales. Su simbología está muy presente en la vida de los yemeníes, porque las normas de la tribu condicionan sus vidas. El presidente que estuvo en el poder durante 33 años, Alí Abdalá Saleh, atrajo a las élites de las tribus a los círculos de poder. Así ganaba su apoyo. Como consecuencia, las tribus estaban sobrerrepresentadas en las instituciones estatales. Además, agentes extranjeros, como Arabia Saudí, también pagaban a los líderes tribales para que gravitaran en su órbita. Había un cisma entre los miembros de la tribu que se quedaban en las aldeas y las élites que vivían en sus mansiones de Saná, pagadas por Riad y que eran parte del Consejo Consultivo. Con ese protagonismo de las tribus, ¿qué importancia tenían los partidos en la articulación de la vida política de Yemen? Los partidos políticos también tuvieron mucha relevancia en Yemen. En 1990, Yemen del Norte y Yemen del Sur se unificaron a través de la democracia. Los dos países eran antagónicos: Yemen del Norte era un país tribal e islámico, y Yemen del Sur, un país comunista. La democracia alcanzó un desarrollo muy interesante en el Yemen unificado gracias al reconocimiento de los partidos políticos. Por tanto, aunque las formaciones también tenían presencia tribal, había una tradición partidaria en el país. Lo que pasó es que luego, a partir de 1993, se tendió al unipolarismo político de Saleh, que se convirtió en un presidente cada vez más autoritario. Sin ser represor, sí creó un sistema de neoclientelismo, cooptando a los líderes políticos de las tribus y de los partidos. Controlaba el poder y a la oposición y seguía celebrando elecciones. Yo fui observadora internacional en unas y, aunque había pequeños fraudes, eran bastante transparentes para lo que hay en Oriente Medio. El problema es que la trampa autoritaria estaba hecha de antes, porque Saleh había comprado a las formaciones políticas. Los problemas que causaron la revolución de 2011 comenzaron entre 2008 y 2009. ¿Qué problemas? Hubo un bloqueo a raíz de una reforma de la ley electoral entre el partido de Saleh, que era el Congreso General del Pueblo, y una plataforma de oposición, el Encuentro Común. También hubo un conato de ley para que el hijo de Saleh fuera su heredero en el cargo. Se convocaron elecciones, se suspendieron, unos dijeron que las iban a boicotear... Empezó a surgir una resistencia social al poder de Saleh. Tras las revoluciones en Túnez y en Egipto, los muchachos salieron a la calle, y comenzaron las manifestaciones. Yo viví ese momento, que fue espectacular y rico. ¿Cómo se contagió Yemen de las primaveras árabes que habían estallado en otros países musulmanes, como Túnez, Egipto o Siria? Durante muchos meses, se dijo que las revueltas no iban a llegar a Yemen, porque era un país tribal, rural y que no tenía internet. Pero existían otras herramientas para la comunicación, como la poesía tribal. ¿La poesía tribal? Sí. En Yemen, todos son poetas. Las tribus tienen un respeto alucinante por la poesía. Les encanta. Como mecanismo de transmisión, está muy presente en la vida rural. Así que se escribieron poesías sobre la revolución. Por otro lado, Saleh, que tenía muchas cosas malas, no era un dictador a la usanza. No había censura. Recuerdo, muy bien además, que durante la revolución egipcia, cuando los manifestantes estaban en la plaza Tahrir, la televisión ponía bailes regionales. En Yemen, daban un debate en el que se hablaba de lo que estaba ocurriendo, y donde se veía a la gente joven acampada en la plaza del Cambio, pidiendo la caída del régimen. Es cierto que los invitados podían tener una tendencia, pero no se escondía lo que estaba sucediendo. Hubo muertos, aunque el régimen no fue excesivamente represor. La revolución de Yemen fue secuestrada por el antiguo «establishment». En Yemen, ¿cómo se pasó de la revolución a la guerra? En un principio, pareció que la revuelta había sido un éxito. Durante las manifestaciones, hubo un día que se llamó de la Dignidad, el 18 de marzo de 2011. Se produjo una matanza en la plaza del Cambio, donde murieron 54 personas. Algunos líderes del partido de Saleh y otros del Ejército se cambiaron de bando y protegieron a la gente. Así comenzó el enfrentamiento entre Saleh y sus antiguos partidarios. Cuando el presidente sufrió un atentado y resultó herido, se trasladó a Riad para recuperarse. Tanto Arabia Saudí como los demás países del Consejo de Cooperación del Golfo le forzaron a firmar una transferencia de poder pacífica, a cambio de inmunidad y de que no se tocasen sus cuentas. El poder pasó a Abdo Rabu Mansur Hadi, que ahora es el presidente legítimo. La situación se torció a partir de entonces. Sí. Se suponía que se tenía que llevar a cabo una conferencia de reconciliación nacional que aglutinara a todas las fuerzas políticas para llegar a un acuerdo y construir un nuevo Yemen. Pero fuerzas muy importantes, como los hutíes, tenían un pie dentro y otro fuera del proceso negociador. Los hutíes avanzaron y entraron en Saná, donde dieron un golpe de estado el 23 de septiembre de 2015. Hadi huyó a Adén, que proclamó la nueva capital de Yemen. Los hutíes, apoyados por el expresidente Saleh, se dirigieron hacia allí con la excusa de combatir a Al Qaeda, y lograron alcanzar la ciudad. En ese momento, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos decidieron intervenir. Hadi les pidió ayuda. «Yemen del Sur fue el único país árabe que tuvo un sistema comunista que combatió la religión» Antes de continuar con los estragos de la guerra, me gustaría profundizar en algunas cuestiones que ha mencionado. ¿Fueron los jóvenes los principales participantes en las protestas? Se suele decir que fue un movimiento de jóvenes, pero yo lo presencié y también hubo ancianos, hombres tribales... Se congregaron todas las fuerzas de oposición al régimen de Saleh, y se conocieron personas que venían de mundos distintos, creándose un debate interesantísimo en las plazas del Cambio. En Yemen, como en tantos otros países de Oriente Medio, conviven suníes con chiíes, las dos principales y enfrentadas sectas del islam. ¿Qué peso tienen las diferencias religiosas en el país? En Yemen, hay tribus que son suníes shafíes, y otras que son chiíes zaydíes, pero el conflicto sectario no ha sido muy relevante. De hecho, los zaydíes pertenecen a una rama del islam chií que está muy cerca del sunismo. El conflicto sectario en Yemen es reciente. Antes, la convivencia religiosa fue bastante pacífica, y eso que era difícil, con la cantidad de confesiones que hay: wahabíes, salafistas, suníes shafíes, zaydíes, ismaelíes. Tambíen judíos. Los hutíes son chiíes zaydíes apoyados por Irán, la gran potencia chiíta. ¿Hay afinidades religiosas? En concreto, ¿qué reinvidican los hutíes? Los zaydíes tienen diferencias doctrinales muy potentes y relevantes con los chiíes duodecimanos de Irán. El movimiento de los hutíes criticaba la gestión de Saleh, y más en concreto su política exterior, próxima a Estados Unidos. También le acusaban de corrupción y de estigmatizarles y marginarles. Pero empezamos con las paradojas: Saleh era zaydí. Además, Hussein al Huti, el creador del movimiento, fue colaborador de Saleh, y pertenecía a un partido político. En definitiva, el movimiento hutí nació como un movimiento de oposición. Algunos consideraron que los hutíes eran los únicos que se enfrentaban a Saleh de maner efectiva, y empezaron a tener simpatizantes no zaydíes. Otros les temían, porque decían que su propósito era volver al antiguo régimen del imanato. El imanato fue el sistema que gobernó durante mil años Yemen del Norte. ¿Cómo fue la trayectoria distinta, hasta la unificación, de Yemen del Sur? ¿Cómo fue la historia separada de los dos países? Sus caminos fueron diferentes desde el principio. En Yemen del Norte, primero hubo un estado zaydí o imanato, luego la ocupación otomana, de nuevo un estado zaydí y por último la revolución republicana de 1962. Allí, el peso del zaydismo es más elevado, como también el de las tribus. Sin embargo, en Yemen del Sur, el protectorado británico quiso modernizar el territorio. En Adén, los ingleses intentaron crear una ciudad cosmopolita. Más tarde, con la llegada del comunismo, el Partido Socialista Yemení intentó eliminar el fenómeno tribal y relegar la cuestión religiosa a segundo plano. Las diferencias afloran cuando rascas un poquito. La primera vez que estuve en Yemen, viví con una familia del sur, de Adén. Mantenían una postura altiva frente a los del norte. Se sentían diferentes, más refinados. Se sentían civilizados frente a los bárbaros, los tribales del norte. La rivalidad entre el norte y el sur ha existido siempre. Después de la unificación, en 1994, hubo una guerra civil entre esos territorios. La gente del sur siente que ha sido abandonada, y que no se le ha prestado atención. ¿Cómo definiría el comunismo en Yemen del Sur? Me imagino que tendría sus particularidades, al estar implantado en un país árabe. Yemen fue el único país árabe que estableció un sistema comunista, un régimen que tuvo conflictos con el estamento religioso, dado que quiso establecer una sociedad lo más laica posible, lo que es muy difícil en una sociedad musulmana. Además, los comunistas consideraban que lo tribal era acaico, contrario a la modernidad, por lo que había que erradicarlo. Por ejemplo, hicieron una legislación que prohibía la venganza, que es una de las bases del derecho tribal. Pero cuando hubo un conflicto, la filiación tribal de los líderes del Partido Socialista de Yemen afloró de nuevo. En enero de 1989, el llamado enero sangriendo, hubo un choque entre el secretario general del partido y el presidente. Entonces resurgió el elemento tribal, y la venganza. Recuerda a la descomposición de la Yugoslavia comunista, donde las naciones y las religiones resurgieron. Los comunistas trataron de erradicar las tribus y las religiones, pero formaban parte del ideario cultural. Siempre digo esto sobre Yemen: por mucho que intentes erradicar las tribus, en seguida están allí. Durante la unificación del año 90, ¿podemos decir que Yemen del Norte impuso su modelo sobre Yemen del Sur? Sí. Saleh era presidente de Yemen del Norte desde 1978. La unificación fue un proceso muy interesante. El gobierno de Yemen era paritario, con ministros del norte y del sur. Sin embargo, el norte concentra el 70 por ciento de la población, y el sur, que tiene muchas zonas desérticas, el 30 por ciento. Ahora, el drama de la guerra es que la mayoría de la población está en el norte, que es donde está el bloqueo, y por eso hay hambruna. «Hay que tener mecanismos para ver a quién se vende las armas y qué hacen con ellas» Volviendo a la guerra que sufre Yemen, ¿por qué han intervenido Arabia Saudí e Irán? ¿Cree, como se explica a menudo, que ambos países disputan su particular guerra fría por la hegemonía regional en territorio yemení? ¿O es una lucha de índole religiosa, de oposición entre suníes y chiíes? Es una cuestión difícil. Para mí, hay una lucha por la hegemonía regional, pero no tanto una lucha entre suníes y chiíes. Irán ha entregado misiles a los hutíes, pero no tiene tanto interés en Yemen como se suele creer. A Irán le interesa medirse con Arabia Saudí. Caundo Arabia Saudí entra en la guerra, provoca que Irán le siga. Otra paradoja: en 1962, cuando se derrocó al imanato y se estableció la república en Yemen del Norte, hubo una guerra civil, en la que Arabia Saudí también participó. En ese caso, Arabia Saudí apoyó a los zaydíes, los partidarios del imanato, y antecesores de los hutíes. Pesaron más las razones políticas que las religiosas. Arabia Saudí quería combatir a su rival regional, que era Egipto. Los republicanos de Yemen del Norte eran partidarios del republicanismo de Nasser. El factor sectario, por tanto, no era tan importante. Al final, no pesa tanto el miedio al chiísmo, sino mantener la hegemonía en la región. Lo cierto es que la relación de Arabia Saudí con Yemen es especial. Yemen es el patio trasero de Arabia Saudí, que siempre ha tenido mucho miedo de lo que sucediera en Yemen por las posibles repercusiones en su país. Por ejemplo, Arabia Saudí dijo que las compañías que operasen con petróleo yemení no podrían trabajar con empresas saudíes. Eso hundió en la miseria a Yemen. La lucha por la hegemonía regional también explica la intervención de Emiratos Árabes Unidos. ¿Cuál es el papel de Emiratos Árabes Unidos en la guerra de Yemen? Emiratos Árabes Unidos muestran su apoyo a Arabia Saudí, y que son sus socios, pero al mismo tiempo lleva un proyecto un poco divergente. Por ejemplo, Emiratos ha manifestado públicamente su preocupación sobre la capacidad de Hadi, el gran protegido de Riad, para gobernar Yemen. También está ayudando al movimiento secesionista del sur, lo que demuestra que en el bloque contrario a los hutíes también hay divergencias. ¿Qué fuentes de suministro alimencitio tiene Yemen? ¿Era el cólera un problema antes de la guerra? Hay cólera a partir de la guerra, y se ha cobrado muchas vidas. También hay difteria. Sobre el suministro de alimentos, Yemen tiene una agricultura buenísima, gracias a las terrazas en las montañas del norte. Lo que provoca la hambruna es el bloqueo. Para prevenir que Irán ayudase a los hutíes, se promovió el bloqueo, y la comida dejó de llegar. Una amiga que estuvo en Saná hace un año y medio me dijo que los supermercados están vacíos. El objetivo del bloqueo era que la población se revelara contra los hutíes, pero la gente, cuando tiene hambre, no puede revelarse contra nada. Además, los hutíes son muy represivos y cometen violaciones de los derechos humanos. Plantarles cara no es fácil. La portavoz del Gobierno, Isabel Celaá, dijo en una rueda de prensa que las armas que España vende a Arabia Saudí, y que Arabia Saudí emplea en Yemen, son de «alta precisión y no se van a equivocar matando yemeníes». Fue una declaración sorprendente, ya que las evidencias parecen probar lo contrario. ¿Qué opina usted? Es tremendo. Ahora tenemos a la población muy preparada para un cambio de nuestra política exterior con ciertos países. Es el momento de decir basta, porque no podemos ser amigos de gente que hace determinadas cosas. Ayer leía las declaraciones de una congresista de Estados Unidos diciendo barbaridades, contando que si se había tirado una bomba y había matado a escolares, que lo sentía, pero que la guerra era eso. El problema es que es una bomba de precisión, una bomba inteligente, lanzada a propósito contra un autobús con niños. Hay que tener herramientas para controlar a quién se venden. Última pregunta. ¿Qué imagen le quedó a usted de Yemen, y le gustaría transmitir a los demás? Soy una enamorada de Yemen, y de allí me quedo con la gente. Esto es lo trágico. No he visto pueblo más noble que el yemení, pero con la guerra, el hambre y la desconfianza entre unos y otros, se está generando una fractura que no sé cómo se va a resolver. Vamos para cuatro años de guerra, y da igual: hay indiferencia mundial. No puedo poner una nota alegre. Yo, como todos los que conocemos el país, siento un gran dolor.

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