Monday 19 November 2018
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abc - 11 days ago

Magnicidio de cine cubano

Muchos chistes se hicieron ayer tras anunciarse los peculiares detalles de los supuestos preparativos de un atentado contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Desde el bigote de Maduro en la cara avinagrada de Sánchez al viejo Franco con escopeta de caza posando como francotirador, eran ayer cientos las imágenes y los chascarrillos, y muchos, buenos e imaginativos. Ante las rocambolescas y oscuras informaciones, muchos han evocado los atentados falsos que «sufrieron» Hugo Chávez y Nicolás Maduro, el último el de los drones, atentados que siempre sirvieron para atacar aún más a la oposición, para perseguir y encarcelar a discrepantes y para crear leyes especiales que recortaran aún más las libertades bajo la criminal dictadura venezolana, siempre según la escuela dictada por los agentes cubanos. Se acumulan esas coincidencias con el perfecto manual de agitación y desinformación comunista que socios privilegiados de Sánchez como Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero, Íñigo Errejón y tantos otros comunistas de Podemos conocen tan bien por sus lucrativas estancias en Caracas. La cosa no tiene gracia. No porque tuviera posibilidad de hacer daño al doctor Sánchez este señor mayor más o menos desequilibrado, según su entorno, del que los Mozos dicen que es experto tirador y la gente del campo de tiro tachan de perfecto inútil. Las televisiones, todas frentepopulistas, presentan este caso como un «magnicidio» abortado in extremis. Resulta, como todo lo de este Gobierno, ridículo y a la vez amenazante y peligroso. Ridículo porque parece que Sánchez no quiere parecerse a John F. Kennedy solo por poses de fantoche dentro o fuera del Falcon. Amenazante porque se adivinan las intenciones de esta gran operación de intoxicación, muy acorde con la general deriva del Gobierno del PSOE en su vocación de criminalizar a la oposición de acuerdo con sus aliados chavistas. Ayer, Monedero ya pedía cárcel para periodistas y cualquiera que se resistiera al rodillo comunista. Los medios sumisos al Frente Popular, gran mayoría gracias a los gobiernos del PP, trabajan en la invención de un «terrorismo de ultraderecha». Que sirva para trivializar el terrorismo real de ETA, ya aliado objetivo del Gobierno, como para combatir con nuevas medidas a la «amenaza franquista», en la que incluirán a todo el que no se una o pliegue ante su discurso. Para saber lo realmente importante sobre este caso tan tóxico y tramposo, lo importante no es saber cómo empezó la ridícula peripecia del «francotirador que es hijo del último alcalde franquista de Rubí», sino las conclusiones que quieren sacar aquellos que lo pretenden convertir en la prueba de una conspiración masiva contra «el líder del progresismo». La primera información -cuando lleva un mes en prisión el acusado- la publica «Público», panfleto digital filogolpista, propiedad de Jaume Roures. Él es uno de los cerebros de la operación -con Iglesias y Junqueras- que transforma el golpe de Estado separatista en una amplia ofensiva contra la monarquía, la democracia y la unidad de España. Su gran éxito es el Frente Popular. En la película, muy del estilo de los servicios secretos cubanos ella, del francotirador ya han metido a Franco, aunque ni en el auto del TSJ de Cataluña ni en declaraciones del acusado se habla de Franco. Con el éxito añadido de tener mencionado al partido VOX. Termina «Público» su artículo novelado y tóxico: «Queda claro que a partir de ahora los servicios de inteligencia policiales deberán estar atentos a un nuevo y amenazador perfil: el de los franquistas frustrados, sin filiación ni historial violento, que de pronto están dispuestos a tomar las armas contra la Memoria Histórica». Ahí caben todos los constitucionalistas. Sigan los líderes de los partidos constitucionalistas peleándose, que cualquier día se despiertan, ven un miliciano junto a la cama y creerán estar en el peor Caribe.

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