Monday 19 November 2018
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abc - 11 days ago

Una falsa revolución televisada

Ya desde la edición de «OT» del año pasado venimos aguantando las memeces de quienes intentan convencernos de que el programa, además de un suculento negocio para TVE, es una trinchera en primera línea de la guerra cultural en favor de la inclusión y la diversidad. Conmueve tanta ingenuidad en los espectadores, que no acaban de enterarse de que en «OT» la diversidad va siempre supeditada a la buena marcha del negocio. En «OT» son todos Operación triunfo iguales, pero unos son más iguales que otros. Hace unas semanas vimos cómo se agitaba una estéril polémica sobre dos triunfitos díscolos que se negaban a decir «mariconez» en una canción. Aunque al final se les obligó a cantar la letra original, «OT» exhibió con orgullo la sensibilidad y la conciencia crítica de sus jóvenes concursantes. Puro humo. La televisión no deja de ser un teatro un poco más sofisticado, y «OT» sabe cuándo conviene agitar al espectador y cuándo es mejor ocultarle algo que pueda desagradar. Despedir a una persona de la noche a la mañana porque «no ha conseguido los objetivos esperados en su área» es, sin duda, algo que puede desagradar. La dirección del programa, para evitarse un bochorno, informó en secreto a los concursantes de que Itziar Castro había sido despedida y luego escenificó un anuncio oficial ante las cámaras. Estos triunfitos, a quienes se les tiene por personas transparentes y espontáneas, ¿por qué se avinieron a fingir y hacerle creer a la audiencia algo que era falso? Tampoco vimos en ellos ni un indicio de esa rebeldía tan sobreactuada y que tanto gusta a la audiencia. Los concursantes de «OT» han quedado retratados como activistas de «lo guay» más que como jóvenes inconformistas y un poco impertinentes. Itziar Castro, una mujer oronda con los cuarenta ya cumplidos, fue sustituida por los espigados y jovencísimos Javis: un intercambio tan tentador que los dejó sin ganas para defender a su profesora. Hasta ahora «OT» había pretendido existir como una revolución televisada, pero el decorado empieza a oxidarse y la épica va perdiendo credibilidad.

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